Este texto forma parte de Nada es basura, una serie sobre cómo es, qué pasa y quiénes están en el ecosistema del reciclaje en América Latina. ¿Qué posibilidades existen para personas, gobiernos, empresas y organizaciones en la basura? Distintas Latitudes te lo cuenta en este especial quincenal.


Texto: Tania Chacón
Ilustraciones: Alma Ríos

El instante crucial ocurrió cuando Gabriela Baeza tuvo la comisión en su trabajo de calcular las emisiones que generan las diferentes tecnologías existentes para gestión de residuos. Tenía como objetivo encontrar la manera más sustentable de producir energía a partir de la basura y evitar las emisiones de los rellenos sanitarios. Con ayuda de una compañera puso manos a la obra y midieron, por ejemplo, las emisiones de las incineradoras de basura, de diferentes tipos de digestores y otros desarrollos innovadores. La conclusión fue: para propiciar un impacto real en el planeta y no tener emisiones en la atmósfera lo más efectivo es no generar basura. Lo realmente sustentable no es generar energía a partir de los residuos, sino evitar producir cualquier tipo de desecho, ya sea orgánico, inorgánico, o reciclable.

Gabriela se dijo a sí misma “claro, estamos viéndolo mal. Y es algo que ya notaron también países como Suecia o Finlandia, quienes ya tienen esta experiencia de haber intentado sacar energía de los residuos pero se dieron cuenta que al final lo más óptimo es evitar el desperdicio desde un inicio”.

A partir de ese momento, Gabriela decidió que no quería generar más basura en su vida. Buscó información y se dio cuenta de que en todo el mundo ya había muchas personas que intentaban no generar basura. “Me enamoré tanto de la idea que dije voy a documentar el proceso para ver si se logra y a ver qué pasa”. El registro audiovisual que realizó se transformó en el documental El Reto.

En El Reto se muestra que Gabriela no realizó el proceso sola, también incluyó a sus padres y su hermano. Lograr que su familia no generara basura no ha sido tan sencillo. “Yo realmente le expliqué a mi papá y como que aún así no le cayó el veinte que no tenía que traer las bolsas de plástico”. Gabriela aún pelea constantemente con su familia por el tema. Cuando El Reto se difundió por YouTube el video se viralizó e incluso fue retomado por varios medios de comunicación. Entonces Gabriela se volvió más estricta con su familia en cuanto a sus residuos, pues sintió que ahora, ellos en su conjunto, eran el ejemplo a seguir de quienes tras ver el video quisieran dejar de generar basura. Ella misma reconoce que le costó trabajo comprender el proceso para no generar tantos residuos.

***

Gabriela Estudió Ciencias Ambientales en la Universidad Nacional Autónoma de México e hizo una maestría en Desarrollo Sustentable en la Universidad de Leipzig porque desde niña le interesaban los temas ambientales. Sin embargo la gestión de residuos no estuvo siempre en su radar.

La compañera con quien realizó las mediciones de emisiones llevaba antes que ella un estilo de vida con poca basura. “Pero yo no entendía. De hecho hasta me molestaba, me acuerdo que decía ¡ay, es una exagerada! Pero hasta que me cayó el veinte fue cuando dije claro, es que ella estaba haciendo todo esto por una razón”.  

Y Gabriela también encontró una forma de mostrar el cambio en su vida. Bajo el nombre Proyecto Cero Basura tiene un blog y un canal de YouTube donde habla sobre reducción de basura, da consejos al respecto, e intenta motivar al cambio. Ha notado que algunas personas entienden sus motivos fácilmente y otras no tanto. “Yo creo que hasta que pase el tiempo y les vayan cayendo veintes, yo me imagino. Yo creo que primero, si quieres involucrar a alguien en el estilo de vida cero basura tienes que hacer que entienda el concepto”.

  • Facebook
  • Twitter
  • Google+

Imagen: Proyecto Cero Basura

Pero, ¿de qué trata el estilo de vida cero basura? La creadora es Bea Johnson, una mujer francesa que notó todas las cosas innecesarias que tenía cuando se mudó a un departamento pequeño. En esa sintonía, notó la basura que podía evitar producir y desde hace 10 años, ella y su familia hacen todo lo posible por no generar basura. Las ideas de Bea Johnson se expandieron y ahora muchas personas alrededor del mundo lo llevan a cabo. El estilo de vida se basa en las ya conocidas cinco erres: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y reincorporar. La erre más importante es la primera, rechazar, decir no a todo aquello que podría terminar en la basura.

Uno de los motivos principales por el cual las personas deciden sumarse es el ambiental. Por ejemplo, para la propia Gabriela “al trabajar estos temas me di cuenta de que es un problema muy fuerte, tanto un problema por las especies como un problema por una cuestión de injusticia social, todo lo relacionado a los recicladores, a los pepenadores, la contaminación, en fin”.

De acuerdo con la Fundación Ellen McArthur, para el año 2050 en los océanos va a haber más plástico que peces. Según la World Wildlife Fund la mitad de las tortugas del mundo y el 90% de las aves costeras han ingerido basura plástica, e incluso a finales de octubre 2018 científicos austriacos encontraron plástico en heces humanas, pues gracias al consumo humano de pescado el plástico se ha vuelto parte de las cadenas alimenticias, lo cual representa una amenaza para la salud.

La razón de Gabriela para continuar sin generar basura en su vida va más allá. “Vamos a dejar algo como individuos y qué va a ser lo que le vamos a dejar a las generaciones venideras, qué vamos a dejar de nuestra vida diaria, ¿va a ser montañas de basura o algo que trascienda? Y creo que esta es la principal motivación de este estilo de vida, dejar algo de mucho más valor”.

Para comenzar a disminuir la basura que generas Gabriela opina que lo principal es estudiar tu rutina personal para identificar el tipo de residuos que sueles producir y planificar cómo rechazarla o evitarla. “Yo por ejemplo en mi oficina tengo recipientes de plástico. Cuando salgo a comer ya agarro mi recipiente, o tengo mi termo y si voy por café pues ya me llevo el termo. Luego voy a Starbucks y pido que me lo den en la taza de vidrio. Y te lo dan, los restaurantes generalmente te hacen caso. Y también otra cosa que a mí me ha funcionado mucho es mantener siempre cerca de la puerta de salida las cosas que voy a necesitar cuando voy a ir de compras, las bolsas de tela, los contenedores, los frasquitos, así ya nunca se te olvidan”.

  • Facebook
  • Twitter
  • Google+

Foto: Gabriela Baeza

Sin embargo, Gabriela sabe que para tener un impacto real en el planeta, el estilo de vida cero basura no puede quedarse simplemente en los pequeños cambios que están en uno mismo. “Todos le tienen que entrar a este tren, nosotros como individuos, los emprendedores y el gobierno también”.

***

Hasta hace unas semanas [octubre de 2018], Gabriela trabajaba en la cooperación alemana al desarrollo GiZ, gracias a lo cual conoció las experiencias de gestión de residuos europeas. En Europa se envió la basura a incineradoras durante un tiempo, pero eso impactaba negativamente al ambiente. Después buscaron generar energía a partir de los residuos, pero finalmente, tal como le ocurrió a Gabriela, descubrieron que lo mejor era no generar basura en primer lugar. “Yo creo que lo que podemos hacer es aprender de esa experiencia que tuvieron, saltarnos e irnos a una gestión de residuos basada en una experiencia de no desperdicios, basada en políticas que promuevan la prevención de residuos, promuevan el reciclaje, promuevan la economía local, tiendas sin residuos, menor empaque, y responsabilidad extendida del productor”.

Por ejemplo, en Alemania las empresas refresqueras tienen máquinas recicladoras. Cuando compras un refresco pagas un importe por el envase, una vez que lo consumiste lo regresas a la máquina para que sea reciclado y te devuelven el dinero. “Al final no es como un costo extra que le pones a una empresa, sino incluso a ellos les conviene porque al aplicar una estrategia de economía circular dentro de sus procesos de producción disminuyen sus costos, porque al final que produzcas un empaque que termine en la basura es un costo para ti, entonces si de alguna manera logras cerrar tus círculos de producción tienes mayor impacto”.

Un ejercicio muy común dentro del estilo de vida cero basura es juntar la basura que generas dentro de un frasco de vidrio. El objetivo de esto es poder reflexionar y buscar las maneras de ya no generar los residuos que quedan en el frasco. “La basura que guardamos en la lata es justamente lo que las empresas no deberían de producir, debería estar prohibido producir porque si no se puede reciclar, no se puede reutilizar, no puedes hacer nada con él, pues que no la produzcan. Ese justamente es el mensaje de guardar tu basura en una latita”. Gabriela no tiene un frasco de vidrio sino una caja de residuos con los cuales aún no sabe qué hacer. Está en la búsqueda de centros de reciclaje que puedan darle otra vida a los residuos de su caja.

  • Facebook
  • Twitter
  • Google+

Foto: Gabriela Baeza

El ejercicio se ha realizado no sólo a nivel personal. En el pueblo de Capanori, en Italia, un profesor de educación ambiental comenzó a coordinar esfuerzos para que el pueblo redujera sus residuos. El problema le preocupaba porque en el pueblo tenían la intención de instalar una incineradora. Este profesor logró que se unieran los habitantes de Capanori, los empresarios y el gobierno local. Comenzaron por hacer la producción de vino en botellas retornables y con materiales biodegradables. En conjunto lograron disminuir la basura del pueblo en un 82%.

Además, a manera de imitación del frasco de vidrio abrieron un centro de investigación de residuos, donde estudiaron cuáles de los residuos del pueblo se podían reciclar y a dónde podían enviarlos para que efectivamente fueran reciclados. Poco a poco se quedaron únicamente con los residuos que no podían reciclar. Uno de esos residuos eran las cápsulas de café de Nesspresso. El pueblo se organizó y escribió a Nesspresso una carta donde exigieron una solución. La empresa les hizo caso y desde entonces sus cápsulas son de materiales degradables, simplemente deben entregarse en los puntos de recolección de la empresa.

“Eso justo se debería hacer pero a nivel nacional, a nivel ciudades, una estrategia de basura cero. Pero como es tan complicado de explicar como que la gente no lo cacha”. Ejemplo de esto que dice Gabriela fue la estrategia de Basura Cero que intentó implementar el gobierno de la Ciudad de México. “Como nadie sabía qué era Basura Cero, nadie entendía nada y yo siento que ese fue el fracaso de ese programa. Yo creo que todas estas estrategias tienen que ir de la mano con una sensibilización a todos los actores, tanto políticos, como empresarios, como la sociedad civil en general. Porque si no, no cachan y siguen en su misma forma de ver los residuos, lineal”.

***

Cherán K’eri es un municipio mexicano que desde 2011 declaró su autonomía, se autogobierna bajo la figura legal de Usos y Costumbres y es representado ante el gobierno mexicano por un Concejo Mayor. Para Gabriela la gestión de residuos de Cherán K’eri es un modelo a seguir en América Latina. La organización comunitaria logró la creación del Programa Cero Basura desde 2016. Tras sólo un mes de su implementación, ya se habían sumado el 90% de los 50 mil habitantes del municipio y hasta la fecha logran reciclar entre el 90% y el 95% de los residuos que generan.

En Cherán hay sólo tres camiones que recolectan los residuos de todos los habitantes. Un camión recolecta los residuos orgánicos para transformarlos en biofertilizantes; otro camión recoge los materiales inorgánicos reciclables como vidrio, cartón, papel y metal, para convertirlos en materia prima; y el tercer camión se lleva los desechos sanitarios y otros que necesiten manejo especial, como pilas alcalinas. Cada uno de estos camiones opera diferentes días de la semana. A la fecha y salvo por los desechos sanitarios los habitantes ya no consideran nada de lo que producen como basura.

“De hecho sé que intentaron llevar el modelo a Morelia y a otros lugares del mismo Michoacán [el estado mexicano donde se ubica Cherán] pero ha habido justamente reticencia a este modelo. Pero es el futuro. Debemos ir hacia allá, no hay otra”.

En este estilo de vida Gabriela ha obtenido varios beneficios. “Beneficios para el mundo. Apoyas a la economía local, apoyas al pequeño productor, la economía artesanal, la economía circular. Y también ahorras muchísimas emisiones porque estás comiendo localmente, proteges al planeta y a todos los seres vivos, proteges a las generaciones venideras. Te ahorras muchísimo dinero, evitas el gasto hormiga, inviertes en reusables, mejora tu salud, tienes más energía, cuidas tu figura. Sobre todo cambia muchísimo tu exposición a los tóxicos, sobre todo de la limpieza”. Gabriela lo dice porque para hacer la limpieza sin generar basura comenzó a utilizar aceites esenciales y vinagre. “Y sobre todo te da muchísima felicidad porque te enfocas en ser en lugar de tener. Para mí fue una reconciliación espiritual”.

  • Facebook
  • Twitter
  • Google+

Foto: Gabriela Baeza

Gabriela también se enamoró de este estilo de vida porque para ella es la respuesta a muchos problemas del mundo. “Por ejemplo, a nivel empresa te ahorras muchísimos recursos, te vuelves una empresa realmente socialmente responsable, si adoptas políticas de cero basura en tus procesos de producción”.

Y si se aplica a nivel comunitario como en el caso de Cherán, “el beneficio que tiene sobre todo en la comunidad, es el surgimiento sobre todo de la activación de la economía local. De alguna manera apoyas a esos pequeños empresarios, pequeñas y medianas empresas que se le ponen al tú por tú a los grandes comercios, a las grandes cadenas. Son pequeños empresarios que ponen una tienda, que evitan los empaques. Y te evitas todas esas importaciones de lugares súper lejanos que emiten un montón de carbono. Resuelves un problema de empleos locales, generas inversión para el pequeño productor y sí, todos ganan. Yo creo que tiene beneficios en todos los aspectos”.

****

Gabriela quiere continuar con su trabajo para lograr un mundo que genere menos basura, especialmente en su país, pero no tiene una idea muy clara de cuál es el siguiente paso que debería dar. “Un plan es hacer una ONG, que creo que es lo que a mí me gustaría más, como para darle más visibilidad política”.

También le encantaría asesorar a algún municipio de México para tener modelos de Basura Cero como en Cherán. “Me hace falta un equipo multidisciplinario que me ayude para saber exactamente a quién iría dirigida una ley que pidiera una estrategia para una gestión de basura de cero residuos del país”. Gabriela quiere lograr que el tema se ponga sobre la mesa, “que no sea nada más como unos loquitos que no producen basura, sino que vaya más allá, hacia lo que realmente están haciendo ya países más como San Francisco, Italia […] Eso es lo que a mí me gustaría, tener impacto en las políticas públicas”.