Gustavo Campos desde pequeño escribió en centenas de cuadernos durante toda su adolescencia, hasta que un día los metió en una bolsa y los botó a la basura, con el objetivo de despojarse de todo aquel recuerdo ligado a su infancia y pubertad: así sin más. Sin embargo la lectura y la escritura siguieron corriendo por las venas de este escritor hondureño que forma parte de los 23 autores de toda América Latina y el Caribe, que participan del Proyecto Arraigo/Desarraigo, una red digital de escritores latinoamericanos.

– Gustavo, cuéntame sobre tu acercamiento a la literatura.

– Mi padre trabajó en la librería de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, antes Escuela del Profesorado, y al renunciar comenzó una vida de comerciante de libros: traía autores de El Salvador, Guatemala, y era quien los distribuía en Honduras. Entonces me daba para que leyera; recuerdo que me decía: “Tome, niño, lea”, y de esa manera me acerqué muchísimo a la poesía de Sabines, Neruda, Girondo, Baudelaire… También consumía novelas latinoamericanas, pero reconozco haberlas dejado inconclusas.

– ¿Qué lees actualmente?, ¿qué autores recomiendas?

– Últimamente estoy abocado a releer la literatura de mi país y luego la promociono a través de ensayos que publico en revistas literarias y culturales de Centroamérica: en otras palabras, hago justicia en la literatura local cual superhéroe.

– Si fueras un personaje literario, ¿cuál sería tu nudo y desenlace?

Siempre me apasionaron dos personajes de Beckett: Nagg y Nell, una sociedad desaparecida, tras una hecatombe, y los residuos de amor, bondad, esperanza que sobreviven en estos personajes que viven en botes de basura. El desenlace no puedo siquiera imaginarlo, es más, quisiera vivirlo ya. Me encuentro en un nudo del que no saldrían airosos ni Houdini o Copperfield o Bolaño o Vila-Matas o el mismo Cervantes.

– Cuéntame acerca del proceso creativo de tus textos…

– De momento creo haber perdido ese “proceso creativo”.

– De todos modos, ¿existe algo en particular que te inspire?

– Las sombrillas… adoro las sombrillas o paraguas.

– Interesante… ¿Qué hay detrás de una sombrilla o paraguas?

– No sé, sólo me inspiran…

– Poesía, narrativa y ensayo, ¿qué te enamora de estos géneros?

– La poesía me dejó ir y venir al cementerio literario a buscar curas para mis heridas, me dejó un pasaporte para viajar ida y regreso a la locura, como dijera Sabato. La narrativa fue el otro camino, la ardua lucha, otra balsa que aparecía cuando desaparecía la balsa de la poesía; y el ensayo nace en mí como respuesta ante las dudas que tengo y tendré sobre la época en que vivo, así entro y salgo del pensamiento, comprendo mi generación y a mi época, a los contemporáneos; pero todo viene con trampa: los riesgos en el ensayo no son menores que en la poesía y la narrativa.

– ¿En qué trabajas actualmente, Gustavo?

– Elaboro ensayos, releo literatura centroamericana y procuro publicar una novela.