Nurit Kasztelan creó en la zona centro de Buenos Aires, Argentina,  Mi Casa, una librería dentro de su propio hogar, hace más de 10 años. ¿Cómo fue ese salto? De eso y más, conversamos con Nurit, quien también es economista y poeta.


Cuando tenía 17 años y estaba a punto de anotarse en la universidad, Nurit Kasztelan decidió hacer un test vocacional para descubrir qué carrera debería seguir, con qué futuro sería más feliz. 

En la mitad del test, la orientadora vocacional la frenó y, tras un ejercicio específico, le dijo que su inteligencia era el lenguaje. Que tenía que hacer algo relacionado con el lenguaje. 

Finalmente el resultado le dio tres opciones: licenciatura en letras, docencia superior o artes dramáticas. Entonces, Nurit miró a la orientadora y preguntó: 

—¿Y economía?

—Te va a ir bien, vas a aprobar, pero no vas a ser feliz.—escuchó de respuesta.

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Nurit Kastezlan —tez clara, pelo descontrolado y azabache, estilo simple y descontracturado— es economista, poeta y librera. Desde hace 10 años es dueña de la librería Mi Casa —un espacio a puertas cerradas que funciona, justamente, dentro de su hogar, ubicado en Villa Crespo, en la zona centro de Buenos Aires—. 

A Nurit le gusta ser como una mamushka: mil personas en una. 

1 . Nurit, lectora

En casa de Nurit, a diferencia de otras de las casas que ella visitaba cuando era chica, siempre había libros y, por tanto, Nurit, de chica, leía. En los aeropuertos, en el tiempo muerto entre espera y espera en los viajes que realizaba con sus papás, siempre tenía un libro en la mano para pasar el momento. Recuerda cómo su mamá se quejaba (en tono simpático) de lo rápido que leía su hija “porque siempre había que estar comprando un libro nuevo”.

En su casa familiar se escondía, no para ver una novela prohibida, sino para ojear los libros que sus papás dejaban lejos de su alcance y hoy en día lee en simultáneo, en inglés y castellano y hasta trae libros para su biblioteca después de cada viaje que realiza.

En el aeropuerto de Cuba, a sus 22 años, la retuvieron porque tenía más de cincuenta libros dentro de una mochila de mochilera; de sus viajes suele volver con una valija extra (exclusivamente con libros) y ahora, dueña de una biblioteca monumental (además de su propia librería), Nurit sabe que su amor por la lectura la acercó también a la escritura. 

Pero también sabe que ese no fue un camino fácil.

2 . Nurit, economista

De chica, además de devorar libros prohibidos en la casa familiar, Nurit disfrutaba estudiar. Pasaba tiempo con amigas, como cualquier joven, pero también pasaba horas de sus días participando en olimpíadas de matemática y descifrando incógnitas numéricas aquí y allá y a los 17 años, si bien los tests vocacionales le decían que debía inclinarse por el mundo de las letras, Nurit decidió anotarse en Economía “porque necesitaba una estructura”.

Con el objetivo de vivir sola en un futuro cercano y lograr independencia económica rápido, se anotó en “la más humana de las ciencias matemáticas”, según sus propias palabras, y comenzó una carrera en un mundo “estructurado” que la llevó a cumplir rápido el objetivo de la independencia económica y la hizo conseguir un buen trabajo en el área estatal.

Los primeros años en su trabajo como economista consiguió un puesto en el que coordinaba las comisiones de Economía y Producción y Ciencia y Tecnología de la Región Centro en el Consejo Federal de Inversiones, pero después las demandas empezaron a bajar y empezó a ir a la oficina “sólo para cumplir horario”.

Se pintaba las uñas mientras miraba el reloj, leía tres libros por semana en horario laboral y empezó a ocuparse con otras cosas para tener algo para hacer hasta que, finalmente, decidió renunciar. Era septiembre de 2009.

—Fue difícil porque es difícil dejar un buen sueldo pero yo tenía posibilidades para “saltar”. Tenía una casa propia, no tenía hijos así que bueno, renuncié y empecé una maestría de estudios interdisciplinarios de la subjetividad. Eso me estructuró un año de transición.

3 . Nurit, librera

Nurit jamás dijo que sería librera. No planeó, tras su renuncia al puesto que tenía como economista, tener un emprendimiento propio, ser la primera en un rubro (la librería a puertas cerradas de Nurit fue la primera de unas cuantas que luego se abrieron en Capital Federal) ni aprender a cargar formularios que dijeran qué libros tenía y cuáles no pero, sin querer, terminó abriendo una librería en su espacio personal. 

Todo empezó de casualidad, a raíz de una demanda de ella misma y terminó convirtiéndose en un lugar que Nurit maneja hace ya más de diez años.

Cuando renunció a su trabajo lo único que pensó fue que se quería levantar tarde, tener tiempo para cocinar, cuidar las plantas, estar cómoda, tener tiempo para leer y, de a poco, le cerró la idea de vender libros en su propia casa. 

Si bien sus primeras ventas fueron con una bolsa, Nurit se dio cuenta que era buena recomendando libros (siempre sabe qué debe leer cada persona y en qué momento lo tiene que hacer) y decidió abrir un pequeño emprendimiento entre sus paredes, salir de la bolsa, abrir una página web con los libros que conseguía y vender “a puertas cerradas”.

Con el tiempo el proyecto se fue institucionalizando, como cualquier trabajo y la librería a puertas cerradas que maneja funciona hace ya 10 años en Villa Crespo, aunque Nurit no sabe cuánto más seguirá.

Le ofrecieron expandirlo, alquilar un espacio puertas a la calle, volverla una librería “como las demás” pero ella se negó. Lo que pasa, explica, es que “quiere ser un arbusto enano”.

—Yo nunca quise pagar el costo de crecer. Si crecés mucho en un área, hay otras que se te achican y a mí, la verdad, me gusta esto de ser como soy. Me gusta ser un poco librera, un poco poeta, un poco editora, un poco actriz. A veces me pregunto si no es un costo o una pérdida no ser muy buena en algo pero… me sale. Soy así: un poco de todo.

Nurit en su faceta actual es librera pero el año que viene no sabe qué será. Quizás sea momento de desarmar, nuevamente, a la mamushka. Y ver qué pieza sale a la luz.

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Fotografía de portada: Alejandra Bonaccini
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Flavia Fiorio

Argentina, 1993. Le gusta contar historias en 20 mil caracteres, no en 180. Trabajó en Política Argentina, El Destape y colaboró en medios como Cosecha Roja. Es fanática de los perfiles. Disfruta ir por la vida buscando personajes curiosos, particulares, a los que ella llama “esos que parecen salidos de un cuento de García Márquez”.

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