Nota del editor: El 18 de diciembre de 2017, miles de argentinos salieron a las calles a protestar contra el gobierno federal y el Congreso por una serie de reformas económicas propuestas por el presidente Mauricio Macri. La más polémica del paquete era la reforma al sistema de jubilaciones y pensiones, que recorta beneficios sociales a uno de los grupos poblacionales más vulnerables: los viejos. Ese día, el 18, hubo una serie de enfrentamientos entre manifestantes y policía frente al Senado en Buenos Aires, que se saldó con numerosos heridos y detenidos. Bruno Grappa, fotógrafo de Distintas Latitudes e integrante de la 2da generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas, estuvo ahí y capturó cientos de escenas, que se publicaron en la nota «Cacerolas, reclamo y represión. Un fantasma que reaparece en Argentina«. Cuando publicamos la nota, hubo un par de imágenes que nos llamaron poderosamente la atención. Son las de un viejo con muletas, sin una pierna y con dos impactos de balas de goma en la cara, que avanza entre la multitud hasta quedar frente a los policías, que disparan contra los manifestantes. Tiene tal sangre fría que se detiene y prende un cigarrillo. Es una escena impactante. Por ello, le pedimos a Bruno que hiciera una narración más personal de lo que él vio en ese momento, y es lo que presentamos a continuación, acompañado de seis imágenes. Finalmente, queda la duda genuina. ¿Quién es el viejo de las muletas? Nos gustaría saberlo. 

Texto e imágenes: Bruno Grappa (Argentina, 1996)

 

Él surgió de la multitud, se impuso con la misma fuerza con la que se lanzaban las piedras. A paso lento por su discapacidad, avanzó hasta quedar en el punto medio entre la acción y la reacción. De un lado, la policía de la Ciudad de Buenos Aires descargaba todo su arsenal de balas de goma y gases de hostigamiento; del otro, miles de personas querían frenar una reforma gravísima para las garantías de los más vulnerables.

Cuando lo vi por primera vez ya tenía dos impactos de bala de goma en el costado derecho de su cara. Salió de la muchedumbre, cruzó la primera línea de manifestantes y siguió avanzando. Algunos intentaron frenarlo, sin éxito. A sus costados, manifestantes tiraban una piedra y retrocedían para volver a mezclarse entre la gente.

Mientras, él seguía avanzando.

Todo pasaba sobre su cabeza. Y de pronto se detuvo.

No sé si realmente vi la cara de un uniformado sintiéndose intimidado ante su presencia o me lo imaginé; a mí me hubiera intimidado.

El viejo de las muletas no arrojó nada a los policías. Ni siquiera vociferó un insulto. En cambio, encendió un cigarrillo, se puso sus antiparras para evitar el ardor en la vista y se quedó ahí, mirando cómo las fuerzas policiacas no cesaban de descargar contra los manifestantes. Ni hacía falta hablar. Sus ojos gritaban.

 

De repente, una granada de gas me dejó ciego y me obligó a huir del lugar. Sé por colegas que él no se movió hasta que la policía avanzó sobre los manifestantes y lo obligaron a irse de ese sitio. Aquí quedaron estas imágenes. El viejo de la muletas. El hombre que surgió de la multitud.

 

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