Numerosos medios latinoamericanos siguen narrando los feminicidios como crímenes pasionales, exhiben los cuerpos de las mujeres asesinadas, recrean cómo fueron cometidos los crímenes y reproducen estereotipos de género. ¿Qué hacer al respecto?

 


 

Texto: Asunción Collante y Norma Flores Allende (Paraguay)

El feminicidio de Ingrid Escamilla, una joven de 25 años de Ciudad México brutalmente asesinada por su pareja, estremeció a la región. Además del asesinato, dos medios de crónica roja reprodujeron las macabras fotos de su cadáver y trataron el feminicidio como crimen pasional, en un país donde aumentaron los casos de feminicidios 111 % en apenas 4 años.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), América Latina es la región más peligrosa para las mujeres en el mundo, países como El Salvador, Honduras, Bolivia Guatemala y República Dominicana poseen elevadas tasas de feminicidios por cada 100.000 mujeres. El 2019 fue un año en donde varios países de la región registraron el más alto índice de feminicidios. En Perú,168 casos de feminicidios; en Argentina se llegó a asesinar a una mujer cada 12 horas, cerrando el año con 327 mujeres asesinadas. En Brasil, el país latinoamericano con mayor cantidad de feminicidios, los crímenes misóginos han aumentado exponencialmente en pocos años. Ante esta grave situación y entendiendo que los medios de comunicación inciden poderosamente en cómo percibimos la realidad, es importante analizar cómo éstos narran y cubren los feminicidios.

medios feminicidios portada

Los relatos de muchos medios latinoamericanos son estremecedores y reproducen desigualdad de género

El caso de Ingrid Escamilla, si bien impactante, no es un caso aislado en la región. Diferentes medios de comunicación latinoamericanos reproducen fotografías de los cuerpos, detallan cómo fueron cometidos los feminicidios y siguen nombrándolos como “crímenes pasionales”. En muchas ocasiones, la prensa suele exponer la vida privada de las mujeres y las reducen a estereotipos o simples estadísticas. 

Es necesaria una acotación: en general, los medios no reconocen los feminicidios como un problema social o de salud pública, sino que los presentan como crímenes limitados al ámbito privado y, por lo tanto, espectacularizados. Por ejemplo, durante el 2019 en Paraguay un medio relató un feminicidio haciendo hincapié en que la mujer se negó a pasarle más cerveza a su pareja. Por otro lado, un portal argentino informó sobre el caso de una adolescente asesinada detallando cómo fue atacada por el hombre, que según sus familiares, la acosaba constantemente.  

En otra oportunidad, un importante diario paraguayo utilizó un lenguaje de crónica roja para detallar los pormenores de un feminicidio. Otro portal del mismo país calificó un feminicidio como un simple homicidio. Por otro lado, el mayor periódico del Perú describió meticulosamente cómo una mujer fue atacada por su expareja en diciembre del año pasado. 

En un estudio sobre cómo los medios de comunicación retratan la violencia contra la mujer en América Latina y el Caribe en el 2016 se puede notar que uno de los resultados  más relevantes es que la mayoría de las noticias “oscilan considerablemente entre la banalización y la sensacionalización de la violencia y fracasan a la hora de humanizar el tema”.  Hoy, en medio de una epidemia de feminicidios a nivel global existen aún periódicos nacionales y regionales que evidencian lo que ya ese informe del 2016 comprobaba: los feminicidios se siguen mostrando como espectáculos en los medios de comunicación, con lenguaje policial y mirada estigmatizante hacia las mujeres.

Causa preocupación el lenguaje de portales paraguayos que presentan los feminicidios como hallazgos, como por ejemplo, en el contexto de un feminicidio: “hallan muerta a una mujer en un camino vecinal”. Es importante resaltar que, incluso ante el aumento de casos de feminicidios en la región, para los medios sigue habiendo mujeres “fallecidas” o “muertas” y no asesinadas.  El empleo de eufemismos impide reconocer el feminicidio como un problema social de desigualdad de género y presenta estos crímenes misóginos como hechos aislados e individualizados, restando así importancia al hombre agresor y feminicida. Es importante repetirlo: en América Latina las mujeres no aparecemos muertas o simplemente morimos. Somos asesinadas. 

También es alarmante la justificación de los crímenes. El caso de Mabel Blanca, nombrada por los medios del país sudamericano con el apelativo de “la niñera”, demostró que los medios utilizan los perfiles de “mala víctima” para culpar a las mujeres de sus propios asesinatos, como una forma de disciplinamiento ante la sociedad.  

Es urgente incluir la perspectiva de género en las redacciones

Muchos medios importantes en Paraguay ya emplean la palabra feminicidio gracias al activismo de periodistas y comunicadoras feministas; sin embargo, todavía siguen presentando los feminicidios como crímenes limitados al ámbito privado. En palabras de Noelia Díaz Esquivel, exsecretaria general del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP) y periodista de Unicanal esto acontece porque: “los y también algunas periodistas siguen sin comprender que la violencia contra las mujeres y las niñas es consecuencia de una sociedad machista que coloca al cuerpo de las mujeres como un objeto, como una propiedad”.

La violencia de género ejercida por los medios del país sudamericano todavía pasa desapercibida. Noelia Díaz Esquivel explica:

“Desafortunadamente los medios de comunicación son aliados de la violencia machista puesto que refuerzan las desigualdades y los estereotipos de género a través del contenido de noticias, programas de ficción o de entretenimiento. El reto es que quienes dirigen estas empresas comprendan que con ese contenido solo refuerzan todos los tipos de violencia, incluso entre hombres”.

Noelia indica que una gran conquista sería la presencia de editoras de género en medios paraguayos, pues “Los medios no deben seguir ignorando las demandas de contenidos con perspectiva de género ni las reivindicaciones de las profesionales exigiendo mayor presencia y menos estereotipos. La idea de contar con editoras de género, no implica sólo estar a cargo de una sección de temas feministas, sino contar con una profesional especializada y que sea escuchada para garantizar que enfoques de género y buenas prácticas se extiendan a todas y todos los redactores de todas las secciones y las pongan en marcha en su trabajo”.

En América Latina aún son escasos los medios generalistas que cuentan con esta figura. Sólo en  Argentina se encuentran Clarín, Infobae, Perfil, y  Brasil con la Folha de S. Paulo posee una editora de diversidad que también incluye género. 

Los medios son también cómplices de la violencia machista en América Latina

Diferentes trabajos de investigación en países latinoamericanos como Argentina, Chile, México, entre otros, documentan cómo muchos medios regionales forman parte de una “cultura femicida”, concepto esgrimido por la socióloga venezolana Esther Pineda que alude a cómo diferentes instituciones, entre ellas los medios de comunicación, naturalizan, promueven y justifican estos crímenes misóginos. 

Al respecto, la antropóloga argentina Rita Segato afirma que “los feminicidios se repiten porque se muestran como espectáculo”, y afirma que existe un efecto contagio similar al de los suicidios: una narrativa irresponsable y espectacularizada puede provocar réplicas.

Diferentes convenciones internacionales como la Convención de Beijing y la Convención de Belem do Para comprenden a los medios de comunicación como agentes “simbólicos” fundamentales tanto para reproducir como para prevenir la violencia machista. La prensa incide poderosamente en estas conductas a largo plazo, por lo que resulta necesario que los mismos entiendan cómo pueden moderar o modificar la reproducción de esos estereotipos en sus relatos.

A las mujeres latinoamericanas no solo nos matan sino que la prensa nos remata. La incorporación de la perspectiva de género es urgente ante la ola de feminicidios que estamos viviendo. Los medios no pueden seguir formando parte de la violencia machista.

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Ilustración de portada e infografía: Marijó Kalíxien

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