Actualmente, la vacunación ante el coronavirus ya es un hecho. Varios países han empezado a desarrollar sus propias estrategias para inmunizar. La importancia de dirigir los planes de vacunación hacia una perspectiva de género permite proteger mejor a la población, ya que se sabrá cómo aplicar mejor la vacuna, a quiénes aplicar y cómo hacer más efectiva su distribución. En este texto te explicamos. 



Texto:
  Zoila Antonio Benito (Perú), María Cristina Muñoz (Puerto Rico), Leyre Reyes Bravo (Ecuador)

Con información de: Joana Oliveira (Brasil)

Fotos: Leyre Reyes Bravo (Ecuador)

 

Entre mascarillas, traje de bioseguridad, guantes, visor, ropa descartable y un equipo de protección, Marta Chucaralao, de 31 años, se abre paso entre los pacientes de covid-19 que cuida en la Unidad de Cuidados Intensivos, del Hospital del Río en Cuenca, Ecuador. Con turnos de ocho horas que se intensificaron a 12, en los que trabajan dos enfermeras, una auxiliar de enfermería y el médico tratante, cada uno tiene su rol específico. Marta se encarga de la medicación, revisar signos vitales, chequear monitores, asear al paciente, verificar el ventilador, entre otras actividades más.

Sin embargo, ¿quién cuida a Marta? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las mujeres constituyen el 70% del personal sanitario mundial y están representadas en las primeras líneas de la respuesta. Ella corre un alto riesgo de exposición al covid-19 debido a su trabajo directo.  

Actualmente, la vacunación ante el coronavirus ya es un hecho. Varios países han empezado a desarrollar sus propias estrategias para inmunizar, en primer lugar, a las personas que se encuentran en primera línea, como Marta. Pero, hay un aspecto que pocos de ellos han tomado en cuenta: la importancia de ver reflejadas a las mujeres y población LGBTIQ+ en los planes de vacunación en Latinoamérica y su visibilidad en la preparación y logística de la vacuna. 

No estamos hablando de una competencia. No se trata de que las mujeres y disidencias tengan más derechos que los hombres. Al no tener las mismas oportunidades y accesibilidad al sistema de salud que ellos, diferencias acentuadas sobre todo durante la pandemia, ellas necesitan acceder a un plan, con perspectiva de género, que sea acorde con sus realidades dentro de la región. La vacunación no inmuniza por igual a todas. 

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No tener las mismas oportunidades y accesibilidad al sistema de salud 

La importancia de dirigir los planes de vacunación hacia una perspectiva de género permite proteger mejor a la población, ya que se sabrá cómo aplicar mejor la vacuna, a quiénes aplicar y cómo hacer más efectiva su distribución, como lo cuenta Madeleine Penman, representante de Amnistía Internacional.

“El marco de derechos humanos nos ayuda a cómo contar a las personas, cómo escucharlas y cómo proceder conforme evidencia, información y derechos. La perspectiva de género es clave en esos puntos”, asegura Penman. 

Entonces, ¿de qué manera se distribuirán las vacunas en la región? Por orden de prioridad, en el mayor de los casos, dependiendo del oficio que las personas ocupen, en tanto, de empleo remunerativo formal.

“Es complicado porque a menos de que no se hagan medidas de quiénes son los sujetos que necesitan la vacuna, puede que haya un atraso de muchas mujeres que deberían ser prioritarias. Cuando se haga el monitoreo de trabajadores en primera línea, van a priorizar a médicos o enfermeras, etc, pero eso puede descuidar a gente que está en el rubro de trabajo esencial”, asegura Rogelio Scott, antropólogo médico. 

Dentro de este trabajo esencial durante la pandemia, las mujeres ocupan puestos que no están contemplados en la primera línea, pero que necesitan de especial atención, como profesoras, cuidadoras, trabajo doméstico, nanas y el personal de limpieza en centros médicos. Los planes de vacunación de Argentina y México, desagregaron la fuerza laboral sanitaria en cuanto a género. Chile, República Dominicana y Paraguay también bordean la medida pero con menor impacto. Sin embargo, no se acercan totalmente hacia la perspectiva de género. 

En cuanto al sector salud, el personal de limpieza es un eslabón importante al momento de atender a los pacientes de covid-19, pero corren el riesgo de ser olvidados por el conteo oficial. 

“Las personas que necesitan más equipo de protección en un hospital no son doctores y enfermeros, sino los que limpian. Están expuestos a muchísimo riesgo. En muchas ocasiones son mujeres, adultos mayores o no tienen contrato formal. Eso es dimensión de género”, precisa Penman. 

Asimismo, la economía juega un papel crucial para acceder a un sistema de salud que pueda brindar protección a mujeres y disidencias, sobre todo, si queremos trazar un plan de vacunación pensado en ellas. Según el informe titulado Las Repercusiones del COVID-19 en las mujeres del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las mujeres de 25 a 34 años tienen un 25 % más de probabilidades que los hombres del mismo rango de edad de vivir en la pobreza extrema. 

“Si un estado tiene una economía y modelo productivo insertado en unas estructuras patriarcales y basadas en la desigualdad de género, no habrá una manera viable de que se pueda revertir en la pandemia. (Además), la economía informal está mayoritariamente compuesta por mujeres, con situaciones de vulnerabilidad laboral, económica, de derecho, pero también de exposición física. De ahí que las medidas que tomen los gobiernos, pero no desde un enfoque de género, afectan más a las mujeres”, enfatiza la experta en Relaciones Internacionales, racismo y género Melody Fonseca.

Si la salud se precariza, como ocurre con las mujeres y disidencias con trabajos informales, y el plan de vacunación regional no lo contempla. ¿Qué pasará con aquellas que tengan dificultad para acceder a las vacunas por aspectos geográficos y sociales? 

 

Condiciones sociales que atravesamos como mujeres y que disminuyen el acceso a la vacunación

Es necesario abrir la mirada a que no todas las mujeres son iguales al momento de vacunarse. A la situación actual de desigualdades en el aspecto laboral y económico, se suman condiciones interseccionales de clase, etnia, discapacidad, edad, ubicación geográfica, orientación sexual, lugar de procedencia, entre otras, que no son reconocidas y complican el acceso. Esto podría ser más evidente si se elabora un plan de vacunación con perspectiva de género. 

El caso de la ruralidad debería estar contemplado en los planes de vacunación. Para Rogelio Scott, en los países con zonas geográficas inaccesibles, que una familia vaya a vacunarse significa una jornada de trabajo perdido. Si una mujer es cabeza de familia, tiene la carga práctica y doméstica de velar por sus hijos y llevarlos, además, a vacunarlos. 

“Este escenario ya precarizado va a precarizar aún más. Los equipos de vacunación no van a las localidades, la gente tiene que ir al centro de vacunación, al sitio central. Que la gente se demore y crea que con la primera dosis, que es difícil acceder, ya no necesite la segunda, se deberá por la dificultad que representa”, asegura el antropólogo médico.

Asimismo, debemos de tener en cuenta las barreras de idiomas en mujeres y disidencias, así como de las que se encuentran en las comunidades indígenas y amazónicas. Si queremos fomentar un plan de vacunación con enfoque de género de manera efectiva, el camino es la comunicación pública, comunitaria, cívica y gubernamental. 

“Hemos observado en Ecuador. No había materiales en lenguas indígenas al inicio de la pandemia. A estas alturas no podemos estar así. Si los gobiernos no llevan tiempo no incluyendo a grupos importantes, como pueblos indígenas, en sus planes de vacunación, no se reflejará un servicio cabal. Estas conversaciones tuvieron que haberse hecho desde hace meses. En este sentido, la dimensión de género es fundamental en cualquier respuesta”,  enfatizó Madeleine Penman.  

Por otro lado, las condiciones sociales que atraviesa la población LGBTIQ+ se vuelven más visibles, sobre todo de las mujeres transgénero, en un contexto donde se encuentran en vulnerabilidad, con un sistema laboral y de salud que sólo reconoce sus derechos en una mínima expresión.

Manuel Forno, presidente de Dignidades Derecho y Educación en Sexualidad para el Desarrollo, insiste en que la pandemia colocó a la población LGBTIQ+ en una situación de alta vulnerabilidad y pobreza debido a la falta de empleo estable. Esto podría verse empeorado ante la posibilidad de adquirir la covid-19 y que la persona cuente ya con el diagnóstico de alguna condición preexistente, como sería el Virus de la Inmunodeficiencia Humana  (VIH) o desórdenes de alimentación. 

“Estar al margen de una sociedad con una estructura conversadora y heteronormativa, nos coloca en una situación de alto riesgo y alta situación de vulnerabilidad. ¿Y qué va a pasar? Nosotros no vamos a estar en la posibilidad de acceder a las vacunas como el resto de las personas”, añade Forno.

También, en el informe del PNUD se da cuenta de que estas estructuras que menciona Forno, sumado a los estereotipos de género y estigmas, en medio de una crisis sanitaria generalizada, limitan las posibilidades de que las mujeres accedan a los servicios de salud y, por ende, a la vacuna contra la covid-19.

La visibilidad de estas mujeres y las restricciones que, debido a la falta de perspectiva de género, no se visualizan en los planes de vacunación de Latinoamérica, también impactan en el rol y reconocimiento de aquellas dedicadas a la búsqueda de la inmunización o que lideran las estrategias frente a la llegada de la vacuna a su país. 

Tener mujeres en altos cargos de decisión política, sanitaria y científica,  ¿favorece a la perspectiva de género?

Si bien es cierto que se necesita un enfoque de género en los planes de vacunación de la región, que reflejen aspectos en salud y dinámicas sociales de mujeres y disidencias, también se debe dar importancia a las líderes que están al mando de ministerios o secretarías de salud, debido a que son las encargadas de definir respuestas ante la covid-19 en sus países. 

No obstante, esto no termina siendo recíproco. El que mujeres ocupen altos rangos de decisión política, en este caso de salud, no significa que sus iniciativas estén basadas en la perspectiva de género, según lo explica la profesora Fonseca, quien también es integrante de la Colectiva Feminista en Construcción de Puerto Rico. 

“Hace falta que no solamente haya mujeres en estos puestos de toma de decisiones, sino que también tengan una mirada para reconocer esa desigualdad de género estructural como se ha manifestado con la pandemia, entre estos las mujeres en el proceso de vacunación”, señaló.

Además, para hacer estas vacunas, se necesitó de científicas, epidemiológicas, bioquímicas y desarrolladoras que impulsan la representación de mujeres en la ciencia para que, cada vez, sean más las niñas que deseen ocupar estas profesiones. 

“Antes teníamos la visión de que el científico era una persona mayor y principalmente hombre. Ahora vemos que es todo lo contrario. Científicas que son mujeres, y mujeres jóvenes, entre los 28 a 35 años. Es impresionante y un privilegio formar parte de ese grupo”, expresó la epidemióloga Roberta Lugo.

En tiempos de pandemia, las declaraciones de  profesionales como Lugo y proyectos que impulsan el interés por la ciencia en niñas y adolescentes, como No More Matildas, dan cuenta que continuamos arrastrando una herencia cultural donde las mujeres y disidencias no se ven reflejadas. El plan de vacunación puede convertirse en el primer paso para desterrarlo.

Como ejemplo de visibilidad, entre los esfuerzos científicos liderados por mujeres, se encuentra el desarrollo de la vacuna, ya autorizada para uso de emergencia, llamada CoronaVac. Es un inmunizante contra la covid-19 desarrollado por el Instituto Butantan, de São Paulo, en colaboración con la empresa china Sinovac. Es la primera vacuna contra el coronavirus que se aplicó en Brasil. 

Distintas Latitudes habló con algunas de las miembras que coordinan su desarrollo en el país carioca. Ellas no sólo nos ofrecen sus percepciones sobre las mujeres en la ciencia, sino que también condensan lo expuesto en este reportaje. 

Hay muchas mujeres en Brasil que trabajan en el área de investigación clínica, por lo que no es sorpresa que estemos liderando el desarrollo científico en medio de la pandemia. Lidiar con el tiempo ha sido nuestro principal desafío. Ha sido muy intenso todo. Pero, lo más gratificante ha sido ver cómo no hay competencia. Estamos deseando que todas las investigaciones tengan buenos resultados”. 

Ana Paula Batista, enfermera y gerente de operaciones en proyectos clínicos del Instituto Butantan. 

 

Hemos enfrentado desafíos durante esa investigación, porque queremos atender a todas las expectativas de la población y presentar una vacuna con los mejores resultados posibles. Esto es difícil cuando tienes que compaginar el trabajo con la maternidad. Tengo a dos niños pequeños y eso me genera un trabajo extra”.

Elizabeth González, coordinadora de desarrollo clínico 

 

Empezamos a trabajar en esta investigación en abril de 2020. Antes de la pandemia, muchas personas cercanas a nosotras no sabían o no entendían qué es nuestro trabajo. Ahora, mucha más gente lo sabe. Es satisfactorio darse cuenta de ello”. 

Roberta Piorelli, infectóloga y gerente de desarrollo clínico. Investiga la seguridad de la vacuna Corona Vac 

 

Si bien la vacuna y cada proceso que los países desarrollan trae una salida frente a la pandemia, aún hay mucho que recorrer. Por su parte y a pesar de cumplicarse casi un año de decretada la pandemia, Marta Chucaralao trabaja como el primer día. “Una da la cara frente a la crisis. Aquí estamos, no nos damos por vencidas. No renunciamos ni mucho menos nos hacemos para atrás. La mayoría de nosotras nos capacitamos para poder estar más aptas frente a la nueva realidad”. 

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Este contenido fue parte de un reto periodístico asignado a la 5ta generación de la Red LATAM de Jóvenes Periodistas. Aquí puedes leer nuestra la cobertura relativa al Estado de la pandemia en América Latina y el Caribe en 2021.

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