En el pacífico surcolombiano las mujeres están siendo parte de la creación de nuevas estrategias para proteger ecosistemas frágiles. Si bien es cierto que aún falta escalar brechas de desigualdad de género, son ellas las que han salido a promover la participación activa de la ciudadanía y están sensibilizando sobre la necesidad de proteger el entorno, como contribución a la co-construcción del territorio y la cultura de paz.

 


 

“Cuando uno sube a la parte alta del páramo lo golpea el viento, es un frío hermoso que te relaja, uno se descuida y pasa un ave volando… puede ser una lechuza o un gavilán; la comunidad empieza a contarte que eso otro es una perdiz, y que las perdices están desapareciendo, que eso es un erizo que bajó para esconderse, que eso es una liebre de monte, o que por allá se ve un zorrillo (…) luego viene la confrontación de querer proteger todo eso a como dé lugar, porque no queremos que otras generaciones algún día sufran por agua, a pesar de que nosotros ya estamos sufriendo durante el verano y ya estamos tomando agua contaminada”.

Así relata Carolina Chaucanéz lo que siente al subir al páramo de Quitasol ubicado en el municipio de Túquerres en el departamento de Nariño, donde lidera un proyecto de restauración ecológica de la fundación Suyana. Nariño es un departamento situado al sur de Colombia, en la frontera con Ecuador. La intención de Suyana es  recuperar este ecosistema y educar a sus habitantes sobre la importancia del páramo y la vida que se gesta a su alrededor, -incluida la de todos ellos-. Sin embargo, a veces se llena de  impotencia al darse cuenta de que mucho de lo que quisiera hacer se queda en ideas cuando ciudadanos y gobierno se hacen los de la vista gorda.

Carolina, administradora de empresas de la Universidad Nacional que hace parte del resguardo indígena de Túquerres, es madre de un niño de siete años y esposa de un hombre que la apoya en sus ideas; tiene su negocio independiente (una papelería de la cual subsiste) además de un posgrado en finanzas, y le queda tiempo para cuidar de la gran herencia de sus ancestros: el páramo de Quitasol.

¿Por qué restauración y no reforestación?

Suyana es una palabra derivada del quechua que significa esperanza. Con el fin de que la suyana no se muera, la fundación forma a los habitantes de Túquerres en la importancia de la siembra, qué especies deben sembrar, cuándo, y porqué, debido a que ahí se encuentra la diferencia entre reforestar y restaurar. La Ecóloga Estefany Velásquez explica que el término restauración a pesar de ser poco conocido, a diferencia de la reforestación, lo que busca es recuperar un terreno teniendo en cuenta las características biológicas y físicas del lugar que ha sido afectado por actividades del ser humano. “En la reforestación lo que se hace es sembrar árboles, pero no se tienen en cuenta las condiciones del suelo, ni el clima o las características de las plantas. Aquí se han hecho reforestaciones con pino o con eucalipto, plantas que no son de la región y en lugar de ayudar afectan las demás plantas, no prestan ningún beneficio y el daño es irremediable”, asegura Velásquez.

El trabajo de la fundación avanza lento, pero ha tenido éxito, dice la ecóloga. Tanto que la gente ya reconoce las especies de páramo, se han hallado nuevas y han aparecido otras que se daban por perdidas, como la (Bromeliaceae) coloquialmente llamada Chupaya, esta planta es el alimento de otra especie también en peligro de extinción, el Oso Andino. 

En el Quitasol existen 56 especies diferentes de plantas aproximadamente, entre ellas una especie que es endémica del Cauca y de Nariño, es decir, no se encuentra en otro lugar o departamento del país, la especie (Onagraceae) a la que los pobladores llaman Aretes, las hay en color fucsia y rojo.

Resusitado (Hobiscus)

Chaquiliuo (Macleania rupestris)

Aretes (Fuchsia corymbiflora)

Otras plantas de este ecosistema de páramo son el Laurel (Laurus nobilis) que sirve para darle sabor y aromatizar las comidas, el Chaquilulo (Macleania rupestris) que es como una uva y sabe rico, el Mortiño que es muy popular, y la Varablanca (Casearia corymbosa) que se utilizaba en los hogares para encender fuego.

Pero, a pesar de este trabajo formativo, uno de los mayores obstáculos, paradójicamente, son los mismos campesinos, agricultores y ganaderos de la zona que no han respetado los límites de sus predios; han empezado a cultivar y a realizar ganadería extensiva en la zona del páramo, afectando la vida de la fauna y la flora, la pureza del agua y por ende la vida de las comunidades que se surten de los acueductos que toman el agua de este ecosistema.

Carolina Chaucanéz debe pedirle permiso a los privados para pasar a hacer las actividades de la fundación porque hay zonas de páramo ya cultivadas., “Yo digo que la gente se adueñó de estos lotes, incluso hay cultivos que están por encima de donde nace el agua. Los cultivos de papa son de los que más químicos necesita y con las lluvias eso se filtra y llega a los arroyos, al acueducto, osea, estamos tomando agua contaminada”, manifiesta.

Para hacerle frente al problema los pobladores han propuesto, incluso, adquirir uno de los predios de la parte alta que están siendo cultivados, pero dicen que ese es un proceso largo que requiere dinero y mucho compromiso. “No solo de nosotros, sino de las organizaciones y de la alcaldía, pero ellos dicen que no tienen plata”, agrega Chaucanéz.

Tanto la norma como los afectados son claros frente a la necesidad de cuidar el páramo. La ley de páramos 1930/2018 que dice que ‘el ordenamiento del uso del suelo deberá estar enmarcado en la sostenibilidad e integralidad de los páramos y que se prohíbe la fumigación y aspersión de químicos’, pero del papel a la realidad hay mucho trecho porque es justo lo que está afectando el Quitasol e intensificando su deforestación. 

Las comunidades indígenas y campesinas conscientes de la importancia de la restauración se quejan, además, de la falta de apoyo en los procesos de cuidado ambiental por parte de la Secretaría de Agricultura y Ambiente de Túquerres, la entidad municipal a cargo del tema.

Ante el descontento, el secretario de la entidad, Jesús Yarpaz, contestó que “Túquerres al ser un municipio de “sexta categoría” (distritos o municipios con población igual o inferior a diez mil habitantes) no cuenta con el dinero para avanzar en el desarrollo de las políticas ambientales”, y agregó que: “si bien el objetivo de esa Ley es salvaguardar el páramo, también es cierto que existen unas problemáticas sociales. Se ha intentado parcelar el páramo, pero no ha habido  una planeación acorde al contexto geográfico y la mayoría de las personas que habitan la zona realizan actividades agropecuarias para subsistir”, recalca el secretario.

Respecto a la extensión de los límites de los predios en la parte alta el funcionario aseguró que a algunos propietarios se les impusieron cauciones en sus certificados de libertad por inconsistencias en los documentos catastrales y escrituras.“La mayor problemática es que hay extensión de predios sin autorización y el valor predial es mínimo para vender”, dice Yarpaz. Sin embargo, la administración municipal durante sus cuatro años de gobierno no realizó acciones contundentes para disminuir las infracciones ambientales aludiendo nuevamente que los recursos no son suficientes. La comunidad sigue esperando.

 Al rescate de los humedales

Pero en el sur de Colombia no solo en Túquerres las mujeres están pensando en la conservación.

Nuria Cristina Ortegón es una bióloga que trabaja en el semillero de restauración Ecológica Fxiw de la Universidad del Cauca en la ciudad de Popayán, capital de departamento del Cauca, ubicada al suroccidente de Colombia en medio de dos cordilleras, la Occidental y la Central. Ella está concentrada en recuperar los humedales de esta ciudad y la experiencia  le ha brindado la posibilidad no solo de trabajar por su territorio, sino de vincular a su familia, quienes dice, la apoyan incondicionalmente.

“Creo que pensaba como piensa todo el mundo, que un humedal es un pantano que no se puede aprovechar, luego entendí la gran importancia que tiene este ecosistema como refugio para algunas especies, limpiando y abasteciendo de agua a las poblaciones”. Señala.

A Ortegón le gusta que sus hijos la acompañen al trabajo, es madre de un niño y una niña a los que les ha servido sensibilizarse por las dinámicas ecológicas y comunitarias de los humedales de ciudad. “Sin el acompañamiento de mi familia es imposible, ellos son citadinos y eso les ayuda a comprender que en las ciudades también hay mucho que cuidar, además el empoderamiento de las mujeres en las comunidades es bastante fuerte y eso es un buen ejemplo para mi hija”, agrega la bióloga. 

Giovanni Varona, docente del departamento Biología de Universidad del Cauca,  quien lidera el semillero, menciona los lazos que han surgido entre la academia y las comunidades. “Hemos hecho procesos de restauración en la parte alta del macizo colombiano, reconocido por ser la estrella hídrica más importante de Colombia y entablamos vínculos con las comunidades indígenas Yanaconas (guardianes de las lagunas y los páramos) asentadas en esta parte de la región”.

Sobre el apoyo por parte de la administración de Popayán menciona que “es difícil, porque ellos se mueven con la parte política y nosotros somos poco políticos en ese sentido. Sin embargo la Corporación Regional del Cauca (CRC)  nos ha brindado apoyo”. 

Para esta nota se buscó contactar a los entes encargados de los asuntos ambientales de la ciudad, pero por ningún medio fue posible. Hablamos con un funcionario de la Corporación Regional de Cauca (CRC), Jaime Mauna, quien hace parte de la subdirección de gestión ambiental.

Maura  señala que “el próximo año cuando llegue el nuevo director, lo primero que hay que hacer es crear un nuevo plan de acción a cuatro años, el cual debe continuar el trabajo que se viene haciendo con la identificación y georreferenciación de nuevos humedales, con la protección y conservación de los humedales que ya están identificados y que ya tienen afectaciones ambientales”.

Expertos enfatizan en que que proteger los humedales es fundamental en un contexto de cambio climático en el que están aumentando las  sequías y lluvias extremas.         

Resistencia territorial en medio de la crisis climática

Pero no solo se trata de los humedales. La crisis climática es un hecho. Según el último informe de la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático de 2016, en la que el país presentó su informe la situación nacional ante este fenómeno, Colombia es el quinto país que más produce gases de efecto invernadero entre los 32 países de América Latina y el Caribe. Adicionalmente, la tasa de deforestación nacional es de 178.597 hectáreas al año. En este punto, la degradación de los ecosistemas está afectando poblaciones tanto rurales como urbanas en diferentes escalas.

Departamentos como el Cauca y Nariño que han sido golpeados por la violencia en el marco del conflicto armado, también son regiones con una amplia biodiversidad.  A medida que pasan los años se hacen más vulnerables a causa de las intervenciones del hombre. Por eso la implementación de buenas prácticas y de procesos de restauración ecológica apoyada por redes de ciudadanos es tan importante para  mitigar la crisis ambiental desde lo local.

En Cauca, los procesos de restauración en humedales realizados desde el semillero ‘Restauración ecológica Fxiw’ han sido útiles para sensibilizar a los ciudadanos de Popayán. El profesor Varona señala que  “hay comunidades dentro de la ciudad que se han unido para hacer reforestación, pero es importante que estos procesos se coordinen, porque la reforestación es una herramienta de la restauración ecológica; hay que unir fuerzas porque la reforestación por sí sola no tiene futuro”.

Para disminuir el desconocimiento sobre los procesos de restauración, Varona  junto a los integrantes del semillero se encuentran diseñando un protocolo que salvaguarde las plantas en vía de extinción, entre ellas la familia Eugenia (Myrtaceae) conocida como Arrayanes. Con la creación del protocolo se espera que las comunidades puedan realizar procesos adecuados para proteger especies emblemáticas de la región.

Yarumo (Cecropia peltata)

Nacedero (Trichanthera gigantea)

Otra alternativa para combatir la crisis ambiental es la conservación y protección de semillas nativas. José Cárdenas, experto en semillas nativas, desde su experiencia trabajando con La Red de Semillas Libres de Colombia afirma que “existen procesos conjuntos que buscan mejorar el conocimiento de las comunidades locales frente a los impactos ambientales generados por la agroindustria de la caña de azúcar, la minería de arcilla a escala industrial, la ganadería, la expansión agrícola en zona protegidas y los cultivos genéticamente modificados”.

Cárdenas, asegura que las semillas son símbolos para la pervivencia de la cultura. En el proceso de su conservación, han convertido  fincas tradicionales y patios productivos en “sitios para la conservación de la vida”. Así, la restauración ecológica y la conservación ancestral de los alimentos se convierte en  “un acto político de resistencia”.

Liderazgo en voz de mujeres surcolombianas 

En el pacífico surcolombiano las mujeres están siendo parte de la creación de nuevas estrategias para proteger ecosistemas frágiles. Si bien es cierto que aún falta escalar brechas de desigualdad de género, principalmente en los espacios de incidencia política y toma de decisiones, son ellas las que han salido a promover la participación activa de la ciudadanía y están sensibilizando sobre la necesidad de proteger el entorno, como contribución a la co-construcción del territorio y la cultura de paz. Es el caso de Túquerres, donde, además de restaurar y proteger la naturaleza, ellas están creando grupos de apoyo para empoderar a más mujeres. 

En el caso del Cauca, las participantes también cada vez se comprometen más con los procesos de restauración a la vez que van transformando su manera de ver el mundo a sí mismas. Angely Camues, estudiante de ingeniería ambiental e integrante del semillero dice que “en el semillero entendí que no solo quería prepararme en lo cognitivo, sino que también me agradaba la idea de buscar más oportunidades para construirme como ser humano ambiental.”

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Este reportaje fue realizado durante la Mediatón #TierraPoderosa de Chicas Poderosas país, donde más de 100 mujeres que trabajan en medios y lideresas se reunieron para crear proyectos colaborativos multimedia, con el apoyo de Google News Initiative, Open Society Foundations, Sida, Meedan y la Fundación Universitaria de Popayán. Para ver los otros proyectos creados en la Mediatón, visita este link.

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Texto: Naira González Melo 
y Yenifer Yepes Román

Audio: Jimena Betancourth

Ilustradores: Lina María Durán 
Enríquez y Hernán Darío 
Dorado Ruiz

Soporte científico: 

1. Bióloga: Piedad Solano 
Alegría 

2. Ingeniera Forestal: Yessie 
Andrea Martínez Rivera  

3. Estudiante de Ingeniería 
ambiental: Ángely Camues  

4. Historiadora: Gresia Fernández 
Hormiga 

5. Estudiante de último semestre 
de Turismo: Lili Fernández 
Hormiga

Coordinadora y editora: María 
Clara Valencia
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Chicas Poderosas

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