A un mes del asesinato de George Floyd en Mineápolis (Estados Unidos), hacemos foco en las juventudes afrodescendientes de América Latina: ¿cómo enfrentan la discriminación y violencia racial al mismo tiempo que construyen su identidad? ¿Cómo impactan éstas prácticas en sus vidas? ¿De qué manera han sobrellevado situaciones de discriminación y violencia racial? ¿Qué hacen para aportar a la reflexión en sus espacios?


Denigrar

Del lat. denigrāre “poner negro”, “manchar”. 

  1. Deslustrar, ofender la opinión o la fama de alguien
  2. Injuriar (agraviar, ultrajar)

La traducción de la palabra “denigrar” en portugués es “denegrir”, si se toma la raíz de esa palabra se extrae el término “negro”, que según el diccionario de la Real Academia Española (RAE) tiene varios significados, por ejemplo: “Infeliz, infausto y desventurado”.  

En América Latina la expresión más frecuente de discriminación racial se da a través del lenguaje (apodos, refranes y chistes), según el informe Discriminación y vida cotidiana en América Latina: empleo, educación y medios de comunicación realizado por Esther Pineda, socióloga e investigadora y escritora en temas de derechos de las mujeres y discriminación racial.

La violencia simbólica ejercida a través de gestos, expresiones y discursos encubiertos por chistes, bromas, juegos y expresiones populares no hace más que exponer, ridiculizar, inferiorizar y humillar a una población por siglos subrepresentada: las personas afrodescendientes. 

A pesar de que en la región las diferencias étnicas y raciales sean clave en la desigualdad social, unx de cada cuatro latinoamericanxs se identifica como afrodescendiente, según el informe Afrodescendientes en Latinoamérica elaborado por el Banco Mundial en 2018. 

A un mes del asesinato de George Floyd en Mineápolis (Estados Unidos), un episodio que no sólo generó protestas contra la violencia racial en todo el mundo, sino también reactivó el debate sobre la segregación y la discriminación racial, hacemos foco en las juventudes afro. 

Para profundizar sobre qué implica asumirse afrodescendiente, Distintas Latitudes consultó a Esther Pineda G, quien tiene una basta experiencia en el estudio y cobertura del tema, y también a tres jóvenes que nos cuentan cómo enfrentan la discriminación y violencia racial al mismo tiempo que construyen su identidad, cómo impactan éstas prácticas en sus vidas y qué hacen para aportar a la reflexión desde sus espacios. 

El reto de construir y definir una identidad libre de estigmas

Esther Pineda G precisa que uno de los grandes problemas al que se enfrentan las juventudes afrodescendientes es justamente la “construcción y definición de su identidad”. Una de las razones principales es porque “no tienen referentes positivos con los cuales identificarse o a los cuales emular, ni en la historia ni en la contemporaneidad, ni el ámbito científico, académico, político, literario; sólo los tienen en lo artístico y deportivo”, explica. 

Las representaciones de la población afrodescendiente en los medios de comunicación está cargada de estereotipos negativos, Esther Pineda G enumera: “Comisión de delitos contra la propiedad, el tráfico de drogas, las adicciones y la hipersexualización de las mujeres”. Esta ausencia de representación y referentes, sumado a un tratamiento irresponsable y estigmatizante, lleva a muchos y muchas jóvenes afrodescendientes a asumir estos estereotipos como ciertos, reproducirlos y construir su identidad en torno a ellos. 

¿Cómo impactan las prácticas racistas en los y las jóvenes afrodescendientes?

El racismo en los jóvenes tiene consecuencias psicológicas porque estar constantemente expuesto al racismo o ser víctima de éste genera en los afrodescendientes ansiedad, estrés, inseguridad, frustración, depresión y en algunos casos suicidio. También tiene consecuencias sociales porque como consecuencia de los prejuicios y estereotipos que persisten sobre los jóvenes afrodescendientes estos encuentran limitaciones para su acceso y ascenso en el ámbito educativo y laboral, lo cual los condena a permanecer en la pobreza, a habitar las periferias de las grandes ciudades, a permanecer sin servicios públicos, los expone en mayor medida a la violencia policial, al encarcelamiento masivo, y a las mujeres, por ejemplo, al embarazo adolescente y la trata con fines de explotación sexual.

¿Qué acciones se pueden realizar para “empoderar” a las juventudes afrodescendientes en pos de una buena construcción y definición de su identidad?

Es imprescindible deconstruir en la narrativa mediática esos prejuicios y estereotipos negativos sobre la población afrodescendiente, garantizar una mayor presencia de los afrodescendientes en los medios de comunicación, pero, sobre todo, que ésta venga acompañada de la construcción de una imagen positiva de los afrodescendientes, mostrar esa otra cara que hasta ahora se ha mantenido oculta, visibilizar que las personas afrodescendientes también son trabajadoras, que son estudiantes, que son creativas, que son profesionales, que son artistas. Aunado a ello es necesario el diseño de políticas públicas específicas dirigidas a esta población joven a fin de garantizar su acceso a la educación y el empleo de calidad, pero también su ascenso y movilidad social.

El acompañamiento de los estados latinoamericanos es clave para erradicar el racismo. Pero, ¿qué se puede hacer desde espacios cotidianos como el hogar? Esther Pineda G apunta a los cambios que pueda hacer cada persona en sus discursos y prácticas en sus ámbitos. Por último agrega: “Interpelar el racismo cuando se ve que otro lo está reproduciendo” y ésto es lo que están haciendo muchos y muchas jóvenes afrodescendientes para defender sus identidades desde sus casas, escuelas, trabajos y otros espacios que habitan diario. 

 

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Argentina: la identidad implícita

Flor del alba Cruz (22 años) nació en República Dominicana, pero en 2008 decidió emigrar a Argentina junto a su mamá y su hermano; actualmente estudia la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de Rosario (UNR). 

El 2 de junio pasado, una semana después del asesinato de George Floyd, publicó un tweet que obtuvo 4 comentarios, 115 retweets y 289 me gusta, el cual hace referencia a la humillación, hostigamiento y acoso que padeció durante toda su adolescencia en Argentina. 

“He pasado por insultos y golpes de los que me defendí con la misma violencia. Soy de una generación donde la vinculación entre las infancias era muy violenta, no sólo por las diferencias étnicas, también por los estereotipos de belleza”, dice Flor del alba Cruz.

Nunca se definió como afrodescendiente, cree que es algo implícito que se constituye desde la niñez: “Más en un país como Argentina, donde no hay infancias afrodescendientes en las aulas, en los clubes y en las plazas con las cuales te puedas identificar como un par”. 

En cuanto a la discriminación y violencia racial desde el lenguaje opina que son cuestiones que una empieza a reflexionar de a poco, ella ha llegado a la conclusión de que “el Estado debe replantear las maneras de vinculación que hay en sus sociedades e incluir a través del lenguaje a otras poblaciones”.  

Por último, agrega que es necesario construir igualdad en términos de derechos, entre ellos el derecho de poder vivir “libres de violencia en las aulas, libres de violencia en espacios públicos, libres de estigmatización por tener un color de piel que no responde a la norma”. 

Brasil: el racismo velado

Marcos Furtado (28 años) es de Belford Roxo, un municipio brasileño del estado Río de Janeiro; sin embargo creció lejos de todas las atracciones que se imagina cuando se hace referencia a una de las ciudades más famosas del país: Pão de Açúcar y Cristo Redentor, entre otras. En su barrio predomina la falta de saneamiento básico, las calles sin asfalto, la baja calidad en las escuelas públicas y la violencia producto de los enfrentamientos entre la policía y el narcotráfico; crecer allí le hizo notar lo desigual que puede ser el mundo cada que quiera.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertó en 2018 que “siete de cada diez personas asesinadas en Brasil son negras” y según cifras del Atlas de la Violencia publicado ese mismo año: “Un negro tiene 23.5% más probabilidades de ser asesinado”. 

“No asumí como afrodescendiente, soy negro y siempre lo he sido, el punto es que muchos brasileños no se asumen como negros, pero yo nunca dudé de que soy negro”, explica Marcos Furtado a través de un e-mail en donde sus respuestas son breves, pero precisas.

Entre las situaciones de racismo que vivió Marcos Furtado recuerda la vez en que fue premiado por un reportaje que realizó sobre una favela, por la cual obtuvo un intercambio a España: “Un colega de la universidad me dijo que no gané por mi texto, sino por mi historia”. Ese intercambio lo marcó porque fue ahí donde se dio cuenta que debía demostrar su valía en todo momento por el simple hecho de ser negro. Para él eso le afecta la autoestima y confiesa haber perdido algunas oportunidades por no creer en su valor y talento profesional. 

Ecuador: nuevas formas de articulación

Génesis Anangonó Chalaco (22 años) nació en Quito, Ecuador, y es la última hija de una pareja interracial (madre mestiza y padre negro). Reconoce que por años el tema del racismo no le pareció cosa importante: “Lo había naturalizado tanto que ni siquiera lo percibía”, explica. 

La construcción de su identidad estuvo marcada en principio por la convivencia en su entorno familiar y luego cuando entró en la universidad y le tocó tomar clases de teorías sociales; de hecho cree que desde ahí empezó a autonombrarse como “mujer negra”. 

“No me gusta la palabra afrodescendiente, la respeto; sin embargo no me considero una mujer afrodescendiente, yo soy una mujer negra, así me identifico, es complejo porque yo siempre supe que era negra, pero no lo que esto implicaba”, cuenta vía audio de WhatsApp. Génesis Anangonó Chalaco expresa que la construcción de su identidad ha sido una experiencia linda y enriquecedora que le permitió conocer a hombres y mujeres que están en la misma situación que ella, que lo resume en: “La búsqueda constante de su identidad”. 

Sin embargo reconoce que asumir su identidad ha implicado un sufrimiento enorme, porque a partir de ese momento supo que ser negra era darse cuenta de que hay un montón de desigualdades y situaciones adversas que no siempre son fáciles de enfrentar y superar. Para ilustrar lo que dice recuerda que una vez en la escuela una persona le preguntó qué quería ser de grande, a lo que respondió “periodista”, quien le hizo esa consulta le dijo que el periodismo no era un oficio de mujeres y además no había mujeres negras periodistas.

“Desde el feminismo busco ser empática con las compañeras, soy feminista interseccional y antirracista y por ello articulo con mujeres populares, a las que el feminismo les cuesta más; mi lucha es por dignificar la vida de las mujeres populares y negras de mi pueblo”, comenta. Génesis Anangonó Chalaco es parte del colectivo Afrocomunicaciones que tiene por objetivo visibilizar y priorizar la vida de los y las negras, de los y las afrodescendientes: “Trato que las discusiones en las que se involucra al pueblo sean sobre temas académicos, culturales y en aportes visibles, no sólo cuando se necesita cubrir la cuota racial”, finaliza. 

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Descendientes de los millones de hombres y mujeres esclavizados que llegaron a América Latina durante el periodo colonial, representan más de 130 millones de personas, entre un 20 y un 25% de la población total, según el informe Afrodescendientes en Latinoamérica

La construcción de su identidad adopta diversas formas en cada rincón de la región: no es lo mismo identificarse como afrodescendiente en Argentina que hacerlo en Brasil, donde esta población representa una mayoría en un país que registra 200 millones de habitantes. 

“La población afrodescendiente joven enfrenta grandes problemas y situaciones de riesgo, pero los más urgentes por atender son las dificultades para el acceso al trabajo digno y la criminalización de la población afrodescendiente”, aporta la socióloga Esther Pineda G. Estas problemáticas conducen a estas personas a las cárceles o se cobra sus vidas a mano de la policía en los barrios de América Latina, porque el caso George Floyd en Estados Unidos no es un hecho aislado, es un eslabón más en la cadena del racismo estructural. 

El aporte que se puede hacer desde las sociedades y estados latinoamericanos para erradicar la discriminación y violencia racial en pos de juventudes afrodescendientes libres de estigmatización es romper el contrato, interpelar al racismo cuando se esté frente a él.

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Diseño de imagen: Alma Ríos.

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Florencia Luján

Florencia Luján (Argentina, 1992). Periodista, siempre que se pueda.

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