Mientras Europa se enfrenta a una segunda y hasta tercera ola de contagios covid-19, América Latina sigue lidiando con los repuntes de la primera, que han crecido considerablemente en diciembre de 2020 y enero de 2021. 


Texto: Humberto Basilio (México), Sebastián Rodríguez (Costa Rica), Liliana Rivas (Venezuela)

 

Han pasado más de once meses desde que comenzó la pandemia y decenas de miles de pacientes covid-19 inundan los hospitales de América Latina. Esto ha sido especialmente evidente en las últimas semanas del 2020 y los primeros días del 2021. Medios y líderes nacionales de toda la región han llamado a este fenómeno como una “segunda ola” pandémica.

Pero hablar de una “segunda ola” puede ser engañoso. La principal razón es porque la región nunca logró salir realmente de la primera ola, según explican epidemiólogos y expertos en salud pública.

Para entender por qué, primero hay que saber qué es una “ola” de casos para los científicos.

¿Qué es una segunda ola?

En epidemiología, una “ola” es una de las fases de contagio de una enfermedad. Esto sucede cuando los casos se comienzan a concentrar durante un periodo de tiempo.

La cantidad de tiempo, sin embargo, varía. Para enfermedades como el VIH o el dengue, las olas se concentran en años. Con la influenza, por su parte, las vemos en cuestión de meses.

Con esta última enfermedad, las olas incluso son predecibles. Los casos se concentran típicamente en los meses más fríos del año y luego bajan en los meses más cálidos. Es decir, la “ola” típicamente llega en el invierno.

Pero esto lo sabemos gracias a información recolectada durante años. “Se analiza una enfermedad durante todo un año y después se compara informaciones durante mínimo 5 o 7 años”, comenta Tania Valbuena, epidemióloga y especialista en comunicación del riesgo. 

La covid-19, por lo tanto, es un caso aparte: la enfermedad aún es muy nueva. El primer caso se detectó en China en diciembre del 2019, por lo que aún falta tiempo para saber cómo se comporta el coronavirus con los años. 

¿Cómo se establece una ola de covid-19?

Para los epidemiólogos, el punto clave está en qué tanto se logró controlar los casos de covid-19.

Al tomar en cuenta las tasas de ataque, mortalidad y letalidad, se puede hablar de una “segunda ola” cuando surgen infecciones rápidamente después de haber controlado relativamente los contagios por un periodo de tiempo. 

Una “segunda ola” sólo puede aparecer si la primera se logró controlar. Esto sucedió en Italia, por ejemplo. Luego del agresivo primer brote de marzo, los casos comenzaron a bajar en junio: el país reportaba alrededor de 500 casos nuevos por día. Para noviembre, una nueva ola estalló y los reportes diarios superaron los 40 mil casos.

El Instituto Robert Koch de Alemania propuso un rango mínimo de incidencia para hablar de control relativo de los contagios: 50 casos diarios para cada 100 mil habitantes, 500 por cada millón. Esto no sucedió en muchos de los países de América Latina. 

¿Entonces qué es lo que estamos viendo  en América Latina?

Luego de sufrir un primer brote entre abril y septiembre de 2020, países como México, Perú y Colombia lograron estabilizar -de forma relativa y por regiones- los casos de covid-19, pero no lo suficiente para poder hablar de un control de la enfermedad, según la definición del Instituto Robert Koch.

Por eso, los expertos prefieren el término “repunte” para referirse a las alzas de contagio constantes sin que haya habido un control aún, menciona en entrevista Guadalupe Soto, epidemióloga de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

México, por ejemplo, estuvo en una meseta casi permanente, luego de que tuvo su primer gran brote a finales del primer semestre del 2020. El alza se concentró principalmente en la capital del país, la Ciudad de México, y en su estado vecino, el Estado de México, alcanzando su punto máximo a principios de agosto, con casi 10 mil casos registrados en un día. 

En los meses siguientes el pico máximo no volvió a alcanzarse, pero el país aún así reportó un promedio de 5 mil casos diarios. Fue hasta la tercera semana de noviembre, y en adelante, que los casos aumentaron una vez más de manera acelerada, alcanzando un nuevo pico el 9 de enero de 2021, con 16,105 contagios registrados en un día. 

Es decir, México vive un repunte de contagios, pues nunca se controló la primera ola. 

¿Algún país se libró de tener olas?

Algunos países estuvieron cerca, pero finalmente acabaron experimentando olas de la enfermedad.

Costa Rica, por ejemplo, logró retrasar el primer brote gracias a un confinamiento estricto. Si bien el país reportó su primer caso en marzo, hasta principios de junio todavía identificaba los contagios de casi todas las personas infectadas de coronavirus. 

Pero al relajar el confinamiento, el país perdió el rastro del virus y enfrentó su primer brote de covid-19. Pese a que logró reducir los casos en septiembre, nunca recuperó el rastreo del virus. Desde entonces, los casos han rondado entre 500 y 1,500 diarios.

Otros países lograron aplazar el primer brote por mucho más tiempo. Uruguay, por ejemplo, no reportó más de 70 casos diarios de covid-19 durante 9 meses de pandemia. En noviembre, sin embargo, el virus se comenzó a esparcir por la ciudad de Montevideo.

Desde entonces, los casos han aumentado de forma acelerada, en un rango de entre 500 y 700 casos nuevos por día. Aún más importante, el país perdió el rastro de uno de cada tres casos reportados. Ahora, el gobierno uruguayo buscará contener el contagio con nuevas restricciones.

¿Y los grandes países?

Brasil, al igual que México, tiene una de las capitales con mayor densidad poblacional en toda Latinoamérica. Este país comenzó con un alza acelerada de contagios a partir de junio, pero su comportamiento varió entre regiones. 

El país ha mantenido una serie de repuntes constantes que varían entre los 20 y 40 mil casos registrados diariamente, teniendo su cifra mínima a finales de octubre, con 10 mil 100 casos confirmados y una máxima el 7 de enero, cuando alcanzó un total de 87 mil 843 casos registrados en un día, según datos del Ministerio de Salud del país.  

Samuel Ponce de León, coordinador de la Comisión de Respuesta a la Epidemia covid-19 de la UNAM, menciona en entrevista que las grandes urbes son el “motor” del virus, especialmente en países cuyas condiciones de infraestructura y número de habitantes vuelve imposible evitar las grandes aglomeraciones en espacios como el transporte público. 

Esto puede notarse principalmente en los países más grandes del continente, cuyas capitales acumulan los porcentajes más altos de contagios. 

São Paulo acumula el 21.9% de la población total de Brasil, Buenos Aires el 33% de  Argentina, Bogotá casi el 20% de Colombia, Santiago el 40% de Chile y la Zona Metropolitana de México casi el 20% del país. 

Otros puntos en donde también se acumulan altos porcentajes de contagios son las zonas turísticas de cada país. Durante la temporada vacacional varios diarios nacionales reportaron grandes acumulaciones de personas en las playas más importantes de cada región a pesar de las advertencias dadas por los gobiernos. 

De estas grandes aglomeraciones surgen más problemas, ya que los nuevos contagiados llevan el virus a sus lugares de origen al terminar las vacaciones, lo que provoca nuevos brotes en zonas donde los casos no estaban tan concentrados. 

Entonces, ¿por qué los países de América Latina no han logrado controlar sus contagios?

La propagación de cada enfermedad varía dependiendo de las circunstancias ambientales y sociales de cada región. En esto, América Latina acarrea rezagos importantes.

Según la OMS, las “Determinantes sociales de la salud” son las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud”. 

Cada detalle cuenta: la pobreza, la alimentación, la movilidad, la cultura de la prevención y el cuidado, las decisiones que toma el gobierno en cuanto a políticas públicas y las interacciones sociales diarias van a beneficiar o afectar a toda la comunidad, recalca Soto. 

Estos retos aún aquejan a la región. Por ejemplo, 65 millones de personas en América Latina y el Caribe no tienen acceso a fuentes de agua potable, un factor importante para prevenir enfermedades, según datos de la UNESCO del 2020.

Además, las enfermedades crónicas ya eran un problema desde antes. Cada año mueren 600 mil  personas en América Latina y el Caribe debido a enfermedades relacionadas con la mala alimentación y la obesidad, como diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, según un informe de la ONU de 2019

“Nos vuelve frágiles que los sistemas de salud sean tan débiles, y aunque en varios países se está haciendo un esfuerzo por mejorarlos, no es posible construir sistemas de alta calidad de la noche a la mañana, lo estamos sufriendo y pagando las consecuencias”, sentencia Ponce de León. 

La realidad económica también hace más difícil mantener el encierro en América Latina en comparación con países europeos, con una tasa de desocupación laboral que superó el 10% en la región, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

A esto se suma el creciente problema migratorio en el Cono Sur. Cientos de miles de personas salen de sus países desplazados por la violencia y malas condiciones de vida existentes. 

“El escenario es muy complejo, no solo estamos hablando de que el virus puede seguirse esparciendo, sino que estas  personas ya de por sí vulnerables ahora corren más riesgos”, comentó en entrevista Camila Montesinos, investigadora del Centro de Investigación en Salud Pública y Epidemiología Clínica de Ecuador.

Los migrantes, además, sufren más contagios y muertes por covid-19, por lo que incluso un comité de Naciones Unidas llamó a los países a otorgarles especial protección durante la pandemia.

¿Y qué se puede hacer?

La región tiene el desafío de controlar los contagios crecientes de covid-19, sin mayor margen para confinamientos y lidiando con sus vulnerabilidades previas. Aún así, se pueden tomar ciertas medidas para frenar el avance de los contagios.

“Creo que se debe reconocer nuestra realidad social y se deben adecuar las intervenciones a esa realidad social”, dijo en entrevista Malaquías López, epidemiólogo y experto en salud pública de la UNAM. 

Aún con la llegada de las vacunas, los expertos coinciden en que la cobertura total de las zonas más precarizadas podría extenderse hasta 2022, por lo que las medidas de prevención seguirán siendo igual de necesarias. 

Pero una acción simple puede ayudar a los países a enfrentar mejor la pandemia y prevenir contagios: mejor comunicación.

“Hay muchos mensajes generalistas que tratan a las personas de nuestra regiones con tantas desigualdades, con tanta inequidad y diferencias lingüísticas, culturales, entre otras. Cada mensaje tiene que ser muy adaptado a esas realidades”, explicó Valbuena.

Al final, contener las olas dependerá del comportamiento de las personas y lo acertadas que sean las aplicaciones de políticas públicas para la prevención y cuidado de la salud. Miles de vidas dependerán del correcto uso de mascarillas, lavado de manos y distanciamiento durante los siguientes meses.

¿Y a largo plazo?

Para el futuro, un problema todavía mayor acecha, según dijeron los científicos: esta podría ser la primera pandemia de muchas.

Para ellos, el SARS-CoV-2 es el resultado de una relación ser humano-naturaleza insostenible. Si bien el humano no crea el virus, propicia todas las condiciones para que este se desarrolle y se transmita. 

“Tenemos que estar pensando en que después vamos a tener nuevamente esta situación, con virus que pueden ser mucho más complicados”, aseguró Ponce de León.

Varios factores contribuyen al surgimiento de nuevas enfermedades: la contaminación, el crecimiento de la industria cárnica, políticas ambientales deficientes, tráfico de especies silvestres y explotación de la tierra, por ejemplo.

Para los expertos, mejorar nuestra relación con la naturaleza será la única “vacuna” contra nuevas pandemias a largo plazo. De lo contrario, los primeros en pagar las consecuencias seguirán siendo los más pobres. 

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Ilustraciones: Alma Ríos.

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