Liliana Colanzi, escritora boliviana radicada en Nueva York, es una joven de 36 años que le interesa el lado espiritual de la escritura. Una de los 23 autores que participan en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, una red digital de escritores latinoamericanos. 

 


 

Liliana Colanzi piensa que la escritura es también una experiencia física que involucra al cuerpo y “que apela a un lado visceral, no sólo intelectual”, y así es como esta autora de 36 años define la conexión entre la danza —que por muchos tiempo practicó— y su proceso escritural. A esta joven escritora boliviana radicada en Nueva York también le interesa el lado espiritual de la escritura, “la manera en que la literatura te conecta con fuerzas desconocidas”, dice.

Liliana Colanzi es una de los 23 autores de toda América Latina y el Caribe que participan en el Proyecto Arraigo/Desarraigo, una red digital de escritores latinoamericanos. Distintas Latitudes conversó con ella y esto fue lo que nos dijo.

¿Cómo te acercaste a la literatura?

A los siete u ocho años leí Alicia en el país de las maravillas, y desde entonces la lectura ha sido algo constante en mi vida.

¿Cómo calificas o describirías tus primeros escritos? ¿Cómo fueron cambiando o evolucionando?

En mi primer libro, Vacaciones permanentes, Santa Cruz era un escenario urbano, pero en Nuestro mundo muerto el interés se desplaza más hacia el campo, o hacia sus conexiones con el campo y con lo indígena.

¿Qué opinión tienes de tu estilo y cómo se fue consolidando? ¿Cómo llega un escritor a concretarlo?

En los últimos años me moví de un estilo más pulcro a una escritura más desbordada. El estilo no es algo que “se concrete”, a riesgo de convertirse en un fósil: es una búsqueda permanente.

¿Qué opinas de la literatura de tu país, Bolivia?

Admiro la poesía de Jaime Saenz y la leo regularmente. Me gustan mucho escritoras de la vanguardia boliviana como Hilda Mundy y María Virginia Estenssoro. Y en el presente hay muchos autores con obras muy potentes.

Y tú siendo mujer, ¿qué opinas de la apertura para las mujeres en las letras?

Sigue siendo difícil para una mujer tener el espacio necesario para dedicarse a la escritura, así como también participar en igualdad de condiciones en el circuito literario.

¿Cómo confluyen temas que te interesan como la biología y las religiones en tus escritos?

Me interesa el lado espiritual de la escritura, la manera en que la literatura te conecta con fuerzas desconocidas. Más que la religión, encuentro fascinante el fenómeno de la fe, y también el de la superstición. En una reseña a Nuestro mundo muerto, Nico Poblete mencionó lo que dice Herta Müller sobre la superstición: que es la poesía de los pobres; esa veta de la superstición es la que me atrae. También me interesa una escritura capaz de imaginar la experiencia animal y vegetal, capaz de intuir lo cósmico.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

En un libro de cuentos y (creo) en una novela.

¿Quiénes son tus principales influencias y autores favoritos? ¿Qué es lo que encuentras en su literatura?

No soy muy fiel a un autor en particular, mis influencias van cambiando. Mientras escribía mi último libro tenía presentes a Fogwill, Sara Gallardo, Denis Johnson, Flannery O’Connor, Philip K. Dick, Jaime Saenz, Elsa Bornemann…

¿Cómo combinas la escritura con tu otra pasión, la danza?

Dejé la danza hace años a causa de una lesión en la rodilla, aunque me sigue gustando bailar. En cuanto a la conexión de la danza con la escritura, esta también es una experiencia física que involucra al cuerpo y que apela a un lado visceral, no sólo intelectual.

¿Tienes algún ritual o método al momento de escribir?

No tomo muchas notas, a lo sumo anoto palabras que me gustaría incluir en una historia. Por lo demás, generalmente todo comienza con una imagen que me da vueltas durante muchos meses mientras estoy escribiendo algo distinto o haciendo otras cosas. Si la imagen persiste, sé que hay algo allí que debo perseguir. Escribo en casa, no me puedo concentrar en lugares públicos. Soy muy lenta, necesito unas tres horas por delante para escribir y no puedo trabajar en varios cuentos a la vez.

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Ketzalli Rosas

Periodista mexicana. Coordinadora editorial y reportera de Distintas Latitudes. También es reportera en Kaja Negra. Se desarrolló como investigadora en el periódico mexicano El Universal. Su crónica "El hombre que sueña con una ‘Tierra de sordos’" obtuvo el primer lugar en el Premio Rostros de la Discriminación 2016 en la categoría de texto.

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