Vladimir Amayo, poeta salvadoreño, se acercó a la literatura porque es de ese grupo de personas que cree que el mundo es doloroso y poca cosa, por lo tanto la consumió por primera vez cual droga para sobrevivir.


 

Vladimir Amaya se acercó a la literatura porque es de ese grupo de personas que cree que el mundo es doloroso y poca cosa, por lo tanto la consumió por primera vez cual droga para sobrevivir, y como era de esperar se volvió adicto a ella. Los ángeles anémicos, Agua Inhóspita, La ceremonia de estar solo, El entierro de todas las novias y Fin de hombre son algunas publicaciones del escritor salvadoreño, que desde chico está hechizado por la pluma, el papel y las letras.

Él es uno de los 23 autores de toda América Latina y el Caribe que participan de Proyecto Arraigo / Desarraigo, una red digital de escritores latinoamericanos: Distintas Latitudes conversó con él sobre su relación con el mundo de la poesía.

¿En qué momento sentiste que eras un poeta?

En ningún momento, si pasara eso, no lo sería.

¿Dejas por momentos de pensar en poesía?

Nunca, de lo contrario la vida no tendría sentido para mí.

Cuéntame sobre tu acercamiento a la literatura…

Lo hice a manera de supervivencia; era adolescente y fue mi manera de sobrevivir: la literatura, el fútbol, la música punk y los cómics llenaron mi vida. Soy parte de ese grupo de personas que se acerca al arte porque cree que el mundo es doloroso y poca cosa, pues entonces me abrí a las historias que contaba mi madre. También mi hermana me leía algunos cuentos de un libro que tenía; en ese trayecto la poesía me hechizó para siempre, las antologías de poesía se volvieron mi casa.

¿Qué lees actualmente?

Poesía hindú y oriental, ya que quiero encontrar otro tipo de paz.

Si fueras un personaje literario, ¿cuál sería tu nudo y desenlace?

El típico personaje trillado que lo entrega todo por el arte que más ama, yendo contra la lógica y las reglas de su comunidad, y como vive en un país salvaje, insensible y lleno de envidiosos, siempre está perdiendo la fe en lo que hace. Sin embargo, cuando cree que está destinado a comer mierda toda su vida, se enamora de un imposible y ocurre al final que logra ser feliz.

¿Recuerdas tu primer texto?

Un poema mal rimado, ingenuo, defectuoso, pero muy honesto sobre una estrella: lo escribí a los 13, y esa vez fue “mi primer grito de independencia”.

¿Qué me dices del proceso creativo de tus textos?

Escribo, hay un impulso que se desencadena por una emoción, algún pensamiento… surge una visión, va tomando forma y busco reflejar esa emoción. A veces ocurre todo lo contrario, pero siempre está ocurriendo, entonces queda la etapa de pulimiento y descartes, todo debe quemarse desde adentro.

¿Qué situaciones, lugares o personajes te inspiran?

La vida, la muerte… ¡todo! Todo quiero hablarlo en poesía.

¿Cuáles son tus hobbies?, ¿qué actividades te relajan?

Editar poesía ajena, tratarla como se merece, difundirla y proyectarla.

¿En qué trabajas actualmente?

Celebro diez años de vida literaria, por lo que desde enero estoy presentado libros, antologías y otras actividades como conservatorios.

También realizo una “gira poética” a nivel nacional, donde hablo con estudiantes de escuelas o institutos sobre literatura, poesía, y eso me apartó de la monotonía diaria.

 

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Florencia Luján

Florencia Luján (Argentina, 1992). Periodista, siempre que se pueda.

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