El marco de derechos LGBTI en Uruguay es uno de los más liberales del mundo. Es posiblemente el país más progresista de América Latina. Pero los logros en derechos LGBTI no significan que todos los problemas se han acabado. ¿Qué se ha ganado y que hace falta mejorar?


 

Uruguay es posiblemente el país más progresista de América Latina en cuanto a su legislación en diversos temas, y los derechos LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex) no son la excepción. Sin embargo, los avances que se han logrado en esta materia no significan que todos los problemas se han acabado para esta población en el país de Pepe Mujica.

“Para ser honesta, Uruguay es un lugar relativamente progresista, dónde nos sentimos bastante bien las personas LGBTI y quienes defendemos los derechos de las personas LGBTI.  Como la mayoría de quienes somos voceras de organizaciones, o representamos a las poblaciones LGBTI en distintos espacios somos de izquierda, hay un ataque más desde ese lugar, más ideológico del espectro político. Pero sí hay”, dijo a Distintas Latitudes Magdalena Bessonart, activista de la organización uruguaya Ovejas Negras.

“De hecho, recientemente una mujer trans asumió el puesto de senadora, y ya renunció porque hubo una campaña de acoso. Salió un programa de televisión acusándola de que era corrupta, y fue muy difícil. Y eso no sé si hubiera pasado si no fuera LGBT o de izquierda”, agregó.

Entorno político

Según Bessonart el movimiento LGBTI en Uruguay está fuerte, unido y consolidado. Además de ello, está muy articulado con otras causas que buscan una sociedad más justa e igualitaria.

“Más que movimiento LGBTI cambiamos un poco el paradigma. Nos corrimos un poco de lo identitario hacia algo un poco más abierto en su concepción. En Uruguay la unidad es como el faro que nos guía a quienes somos activistas. Este es un movimiento de izquierda en general, pero bastante unido. Hablamos de la diversidad sexual como el paraguas que nos agrupa y articulamos con el resto del movimiento, independientemente de si milita específicamente temas LGBTI. Es un movimiento consolidado, fuerte, y articulado por un país igualitario en muchos aspectos, más allá de la diversidad sexual”, dijo la activista.

Por otra parte, la postura del gobierno hacia los temas de diversidad sexual también es favorable, y lleva varios años siéndolo.

“Este es el tercer período consecutivo de este gobierno. Es el gobierno donde se aprobaron todas las leyes para las personas LGBTI. Un gobierno donde muchas de las personas que militan en el movimiento de los derechos LGBTI también lo hacen en el partido del gobierno. Tienen cargos, respeta muchísimo a las organizaciones de sociedad civil de diversidad sexual”, dijo Bessonart.

“En particular, nuestra organización es como la organización de referencia en diversidad sexual, somos muy respetados. Hemos trabajado muchísimo con sectores de la izquierda más conservadora y hemos logrado ablandarlos un poquito”, agregó.

Matrimonio igualitario

En Uruguay, la ley de matrimonio igualitario cumplirá 5 años en abril de 2018. Esta ley equiparó todos los derechos del matrimonio para todo tipo de parejas, sin importar la orientación sexual.

Cabe resaltar que en Uruguay la adopción conjunta de parejas del mismo fue posible inclusive antes de la aprobación del matrimonio igualitario. Antes de eso, las parejas del mismo sexo en concubinato de más de 5 años también podían adoptar de forma conjunta.

“En Uruguay puede adoptar una persona sola, puede adoptar una pareja en concubinato que no tiene que estar casada, y también las parejas casadas. Para las mujeres lesbianas sí hay algunas diferencias con respecto a las demás parejas. Tenemos una ley de reproducción asistida que nos permite a las mujeres hacernos el tratamiento de reproducción humana asistida por un costo muy bajo, lo tiene que prever tu servicio de salud, y el costo del primer intento de baja complejidad, que es el que las mujeres lesbianas en su mayoría primero acuden (porque no es que haya una cuestión de infertilidad, sino que se necesita un donante externo para la reproducción)”, dijo Bessonart.

“La única diferencia es con respecto a los apellidos de los hijos. Para que una pareja de mujeres reconozca –ambas- a sus hijos biológicos tienen que estar casadas. Ya que la única ley que prevé que dos mujeres podamos tener hijos es la de matrimonio. Sino, tenés que hacer el proceso de adopción. Pero, una pareja heterosexual no tiene por qué estar casada. A los hombres no les hacen el estudio de ADN para ver si efectivamente es el padre del niño o niña que nació”, agregó.

Para Bessonart, desde la discusión y aprobación del matrimonio igualitario el respecto social hacia las personas LGBTI ha mejorado mucho en el país.

Esto no significa que si vas por la calle con tu pareja del mismo sexo de la mano por algún barrio del país no te pueden mirar diferente o decirte algo. Inclusive violentarte de alguna manera. Pero a nivel de matrimonio están todos los mismos derechos. Hasta las personas más conservadoras saben que dos personas del mismo sexo pueden estar casadas”, dijo la activista.

Identidad de género

Uruguay cuenta con una ley de identidad de género desde hace casi 10 años. Fue de las primeras leyes que los colectivos LGBTI lograron impulsar mediante incidencia política. Sin embargo, como se trata de una ley “entrada en años” presenta algunas dificultades que no permiten el goce pleno de los derechos de las personas trans. En particular, el proceso de cambio de nombre y sexo registral actualmente es judicial. Esto ha frenado a muchas personas trans en Uruguay de poder adaptar sus documentos a su identidad.

Se tiene que presentar testigos, pagar un abogado. Es caro, es largo y muchas vecesm dependiendo el juez puede generar cierto tipo de violencia. Porque hay jueces y juezas que pueden hacer que fluya todo bien. Pero hemos sabido de casos en que a los testigos les preguntan cosas totalmente inadecuadas”, dijo Bessonart.

“Ahora estamos en medio de un proceso, está en una comisión del Senado una nueva ley, una ley integral para personas trans, donde la parte de cambio de nombre y sexo registral pasaría a ser un trámite administrativo y que no se puede negar. Estamos actualizando esa ley”, agregó.

Antidiscriminación

Uruguay también cuenta con una ley antidiscriminación desde 2004. Fue la primera ley que mencionó orientación sexual e identidad de género en el país. Es una ley contra todo tipo de discriminación, ahí se menciona la xenofobia, el racismo, discriminación por creencias religiosas, y se menciona explícitamente orientación sexual e identidad de género.

Sin embargo, el problema que tiene esta ley es que es penal, o sea, que si una persona discrimina las sanciones que ofrece la ley son sentencias de cárcel.

“Entonces es muy difícil que un juez efectivamente mande a la cárcel a alguien por una situación de discriminación, salvo que sea un crimen de odio o que haya otro tipo de violencias o delitos involucrados. Nosotros estamos en contra de las penas de cárcel para ciertas formas de discriminación, porque primero no queremos mandar a la gente presa, creemos que el peor remedio para curar la homofobia es a las personas homofóbicas mandarlas presas”, dijo Bessonart.

“Hay lugares en América Latina, por ejemplo, Colombia, donde las sentencias de la Corte se ha promovido sentencias como talleres, que sean más de corte civil. Ese es un proyecto a futuro”, agregó.

Reformas urgentes

De acuerdo con Bessonart, lo más urgente es aprobar la ley integral para las personas trans, donde se actualiza el proceso para cambio de nombre y género, pero también incluye otras dimensiones para las personas trans, como la inserción en la educación, en el trabajo, en la salud.

“Es una ley muy interesante que es sumamente integral, y que realmente da garantías a las personas trans. También hay una parte para las mujeres trans que fueron víctimas de la persecución y de encarcelamiento en la época de la dictadura en Uruguay y los primeros años de la democracia, donde fueron perseguidas por su identidad, el Estado reconoce esa persecución injusta y hay una reparación económica, para las sobrevivientes, porque son pocas las que quedan que hayan pasado por eso”, dijo Bessonart.

“Las mujeres trans, su esperanza de vida no es muy alta, y Uruguay no es la excepción. Somos bastante progresistas y diversos en un montón de leyes, pero igual las mujeres trans siguen teniendo la esperanza de vida que en el resto de América Latina, y eso es una deuda que tiene la sociedad”, agregó.

Por otro lado, señala que también es importante reconocer que hay diferencia en cómo se vive la orientación sexual según raza y clase.

No es lo mismo ser una universitaria lesbiana blanca que un varón afro gay en el interior del país, que nunca terminó secundaria. Ahí hay un tema de cuerpos más aceptados y cuerpos menos aceptados que estamos intentando poder transformar, y que esta inclusión no sea solo de una parte de la sociedad, sino que todos y todas podamos vivir nuestra vida como mejor queramos vivirla, sin ninguna objeción a nuestra identidad sexual”, concluyó la activista.

Con el perfil de Uruguay, Distintas Latitudes cierra su recorrido por el estado de los derechos LGBTI en América Latina, tras haber reportado el estado actual en 20 países de la región durante todo 2017.

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Diego Perez Damasco

Diego Pérez Damasco (1992) es editor y reportero de Distintas Latitudes para Centroamérica. Trabajó en el medio digital La Prensa Libre en Costa Rica. Es uno de los 16 integrantes de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas, iniciativa inédita para impulsar el periodismo regional y destacar nuevos talentos. Twitter: @diedamasco.

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