Alejandra Centeno participó en abril pasado de protestas antigubernamentales en Nicaragua, las cuales valieron su expulsión. Desde entonces su vida cambió. Hoy es miembro de la Coordinadora Universitaria y participa como asesora en la Alianza Cívica, el bloque opositor que negocia con el gobierno de Daniel Ortega la salida pacífica a una crisis que ha dejado 325 muertes, muchos de ellos estudiantes.

 


 

Alejandra Centeno se unió a la protesta estudiantil en la avenida Universitaria en Managua, una calle que une dos grandes universidades del país y en donde decenas de estudiantes comenzaban a sublevarse contra el gobierno y sin saberlo, encabezaban la rebelión cívica más grande que un gobierno centroamericano enfrentaría en la época moderna. 

Era 19 de abril de 2018 y los jóvenes gritaban consignas libertarias al tiempo que los antidisturbios se alineaban para cerrar el paso a los muchachos que, al verse rodeados por ambos extremos de la calle, decidieron arrodillarse frente a los uniformados y colocaron  sus manos al aire para mostrar que solo cargaban mochilas, pancartas y celulares, pero no imaginaban la respuesta policial. 

“El pueblo, unido, jamás será vencido”, gritaban en la protesta espontánea que surgió de la indignación por la represión a otro pequeño grupo de estudiantes que un día antes, protestaron en contra de unas reformas a la seguridad social pero fueron vapuleados por policías y fuerzas de choque afines al gobierno. 

El sol caldeaba los ánimos en las cercanías del Estadio Nacional de Béisbol y algunos intentaban mediar con las autoridades cuando comenzaron a llover piedras y gases lacrimógenos. El enfrentamiento duró varias horas mientras el país entero no despegaba la mirada de las pantallas, observando con espanto la represión que comenzó ese día a sumar muertos y heridos, en su mayoría estudiantes. 

Luego de la jornada de protestas, Alejandra Centeno llegó a casa a escuchar los reclamos de su madre, quien la vio por televisión corriendo de las bombas policiales. Todos tenían miedo sin haber hecho nada, recuerda. También lloró, dice, de rabia e indignación. Después de eso sintió que nada sería igual. Ese día todo cambió en Nicaragua. 

La niña empoderada

Alejandra Centeno nació en Managua en 1998, proveniente de una familia clase media, de padre enfermero y madre administradora de empresas, pasó los primeros tres meses de vida en una incubadora, luego que el parto se complicara. De su infancia recuerda que aprendió disciplina a temprana edad, cuando a los cuatro años un profesor cubano de natación le hacía repetir como mantra que el dolor que le causaba el agua fría, estaba solo en su mente. 

A los seis años se apasionaba con los libros que sus padres le daban. Así pasó con la historia de “El señor gruñón, recolector de pensamientos”, un personaje que recorría las calles de Francia recogiendo pensamientos que luego plantaba en un jardín y florecían, o un pergamino sobre los derechos de las niñas que la empoderó para cada situación complicada que se encontraría a futuro, recordaría que “soy niña y tengo derechos”. 

Sus primeros pasos de liderazgo también fueron prematuros: en tercero de primaria reunía a unos 20 compañeros en el descanso y recreaban cultos evangélicos. Ella dirigía la prédica y reflexión bíblica, tal como lo hacían los adultos en la iglesia. Tenía 8 años.

A los diez años representó a su colegio, Josefa Toledo de Aguerri, en un cabildo municipal con otros representantes de colegios de Managua. Los niños expusieron a las autoridades las necesidades de cada centro educativo y ahí Alejandra Centeno, con micrófono en mano, gestionó con éxito la reparación de un muro perimetral del colegio que estaba dañado. 

En 2006, cuando Daniel Ortega corría por elecciones luego de tres derrotas consecutivas, el director del colegio de Alejandra recomendó a sus padres mantenerla en el colegio privado, ya que los públicos servirían de centros de votación y los niños y jóvenes estarían más expuestos a la polarización política. 

La estudiante 

“Siempre quise estar en la UNAN Managua”, comenta Alejandra Centeno. La idea de la educación superior le trajo grandes expectativas y se inscribió para una carrera relativamente nueva en el país: Ciencia Política y Relaciones Internacionales, donde terminó atraída por los conceptos sobre la concepción del poder y el ordenamiento de las sociedades. 

“Me llamaba la atención como la política estaba en la cotidianidad de nuestras vidas y en Nicaragua, y Latinoamérica, la miramos tan ajena a nosotros, tan de partidos, tan de gobierno, y nos parece una cosa mala, perversa”, dice. 

La vida estudiantil le apasionó. Ganó cuatro concursos universitarios y participó de varios congresos estudiantiles como expositora. Inspirada en las lecturas de Gayatri Spivak, presentó un ensayo en el concurso interuniversitario de narrativa política, donde expuso sobre la omisión del subalterno, una crítica a la narrativa de la conquista del 6% —lucha por asignación gubernamental a universidades— donde hay una ausencia de la mujer.

“Claramente se debe a una construcción machista. Pero vuelven a la mujer un subalterno porque no le permiten construir su propia narrativa”, argumenta Alejandra Centeno, quien creó una lista de los hombres que mencionan en la historia del seis por ciento y de las mujeres que no aparecen y participaron. 

“Yo dije que es necesario devolverle la mujer a la historia pero también devolverle la historia a la mujer. Nuestro reto es que en la construcción de la nueva historia no se vuelva a omitir el papel de la mujer y las contribuciones que hacemos”, afirma. 

Centeno fue premiada por representantes de UNEN, (Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua), a quienes acusa de mantener un “monopolio” dentro de las universidades y de ser un brazo político del gobierno sandinista. Según Alejandra Centeno,“UNEN es una organización criminal. Es una organización que responde a los intereses de la dictadura, es una organización que de sus oficinas han salido paramilitares que fueron atacar a los estudiantes y es una organización ilegítima con personas de 36 años que siguen siendo estudiantes y que tienen 18 años en la universidad”. 

La primera repercusión política la vivió en su universidad en 2016, cuando escribió para la Jornada Universitaria de Desarrollo Científico, JUDC, un análisis sobre la ley Investment Conditionality Act, conocida como la Nica Act y su repercusión a la cooperación externa. En el análisis de esta Ley, aprobada en diciembre pasado por Estados Unidos y que entonces apenas era una iniciativa que pretendía presionar al gobierno por reformas democráticas, la estudiante se refirió a Daniel Ortega como “presidente inconstitucional”, lo que valió que su profesor tirara a la basura varias noches de trabajo. “Esa fue mi primera experiencia de que si vos no estabas de acuerdo te iban a aplastar”, lamenta. 

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“De aquí no salís”, advirtió Kenia Centeno el 20 de abril de 2018, tras colocar candados a las puertas de su hogar y esconder las llaves. La madre de Alejandra temía ver a su hija herida, apresada o incluso muerta por sumarse a las manifestaciones que cada hora dejaban saldos más violentos y se multiplicaban en varias partes del país. Los universitarios lideraron las protestas pero rápidamente otros sectores se sumaban al reclamo que empezó por la inconformidad de reformas a la seguridad social y mudó a la exigencia de garantías democráticas y la salida del presidente Ortega y su esposa, Rosario Murillo, primera dama y vicepresidente del país. 

“Me voy a ir, no me podés detener”, refutó la veinteañera el 21 de abril y tras una negociación familiar logró salir hacia otro recinto universitario a brindar apoyo humanitario a los estudiantes que atrincherados en sus aulas resistían con piedras y bombas artesanales los ataques policiales. 

“Ese día desde que salí de casa hasta que llegué a Upoli, iba orando, hablando con Dios. Nunca había sentido que podía no volver”, recuerda. “En el resto de mi vida probablemente nunca vuelva a tener la oportunidad generacional de hacer algo como lo que podemos hacer ahora. Pero nos tocó a nosotros” afirma Centeno, hoy convertida en una de las caras más visibles del movimiento universitario. 

«La comisión urge al Estado de Nicaragua a que cese de inmediato la represión de la protesta social», declaró en mayo de 2018, Antonia Urrejola, relatora de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, quienes documentaron el “uso excesivo de fuerza” para reprimir las protestas de parte del estado y de terceros armados que hoy registran más de 325 muertes. 

La líder estudiantil 

Actualmente, Alejandra Centeno pasa sus días negociando con el gobierno la liberación de presos políticos, gestionando apoyo logístico y humanitario a las víctimas de la represión, muchos universitarios, algunos en el exilio por la persecución política y otros recién han salido en libertad, tras permanecer varios meses en prisión acusados por el gobierno de cometer “actos terroristas” y “crimen organizado”. 

Es miembro de la Coordinadora Universitaria, quienes manejan varias expresiones en diferentes departamentos, dirige “Sin Autonomía no hay Democracia”, una iniciativa que busca ampliar la participación de los estudiantes en los procesos de construcción democrática del país y como miembro de la Alianza Cívica, (bloque opositor reconocido por el gobierno) construye un protocolo por la Autonomía Universitaria, recogiendo las demandas del sector estudiantil. 

El 29 de marzo de este 2019 , en la segunda etapa de las negociaciones entre el gobierno y la oposición, se concretó un Acuerdo para Fortalecer los Derechos y Garantías Ciudadanas, donde el gobierno se comprometió a liberar a opositores detenidos, garantizar las garantías ciudadanas reflejadas en la constitución como el derecho a la libertad de expresión y reunión, así como fortalecer la autonomía universitaria. La oposición denuncia que dichos acuerdos aún no han sido cumplidos. 

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Alejandra Centeno habló con Distintas Latitudes para compartir ideas sobre las luchas de los estudiantes nicaragüenses y más.

¿Cuáles son las luchas de los estudiantes en la actualidad?

Nosotros tenemos dos luchas: la primera es por la libertad y la democracia. Porque nosotros queremos vivir en un país donde no tengas miedo a ir preso, morirte o represalias por pensar diferente y demandar tus derechos. Paralelo tenemos la lucha de autonomía universitaria como un derecho a la educación superior como un derecho humano. Consideramos que la democracia y la justicia pasan por la autonomía universitaria, que es hombres y mujeres libres en universidades libres. Educación sin dogma, sin prejuicio, sin represalias por pensar diferente. Al contrario, que fomente el pensamiento crítico pero vinculando al estudiante con la realidad del país. 

En 1958 se logró de manera incompleta (la autonomía) con una asignación presupuestaria. La historia que nos han construido sobre la autonomía universitaria siempre tiene un enfoque presupuestario. Pero va más allá, con aspectos como libertad de cátedra, libertad administrativa, la extensión de la universidad que es la vinculación plena del estudiante con los procesos coyunturales. En el 58 (1959) el 6% de asignación presupuestaria nacional fue el medio para llegar a los sectores que no tenían para pagar sus estudios. Solo sustituiste la discriminación económica en el gobierno de Somoza, por la discriminación política, que al fin y al cabo siempre es discriminación. 

¿En qué consiste este protocolo y reformas a la autonomía universitaria?

El protocolo llama a abrir los espacios de participación, liderazgo y organización estudiantil. Porque actualmente no podés tener reuniones. Lo segundo una reforma a la Ley porque la ley dice que es UNEN, el movimiento oficial y que tiene representación en el Consejo universitario. La ley le da un carácter hegemónico o movimiento único y creemos que debe haber más de un movimiento. 

Queremos quitar el monopolio de UNEN. En el sentido de que no puede ser que solo podés correr para líder estudiantil dentro de UNEN, o que solo ellos puedan ir a elecciones. 

La autonomía debe tener un protocolo de implementación que también aborda sobre justicia transicional respecto a las víctimas dentro de las universidades. Una de las víctimas son los estudiantes expulsados bajo la resolución 13-2018 que debe ser abolida y ser reincorporados unos 80 estudiantes expulsados. Con un programa especial para que los estudiantes puedan terminar sus estudios en el menor tiempo posible, adecuando las materias proporcionalmente al tiempo que perdieron.

Creemos que estamos a la altura de lo que defendemos pero porque no podemos estar por debajo de lo que defendemos. 

¿Cómo ejerces tu liderazgo en el sector estudiantil?

Siempre desde los estudiantes, no por los estudiantes. Porque conozco sus realidades. Me comprometí con la causa de los estudiantes expulsados porque conozco la causa misma. Sé lo que representa que te quiten cinco años de estudio, un esfuerzo tuyo y de tu familia. Todos los estudiantes que estudiamos en la UNAN venimos de una clase media con padres trabajadores porque todos hicimos un examen de admisión para obtener una beca. En la UNAN no pagábamos nada. Sacar a estos chavalos es cerrarles la oportunidad de superación social a familias. [La expulsión] es un castigo político. 

¿Conoces las luchas estudiantiles de otros países?

Hay luchas similares y luchamos con los mismos patrones a nivel regional. Tenés el ejemplo claro de los chavalos en Honduras, a los que les mandamos un video de fuerza el 14 de julio casualmente. Siempre hay agresiones, amenazas en contra de las demandas justas. 

Tenés el caso de Costa Rica el año pasado por ejemplo. Costa Rica es uno de los países modelos dentro de la región. El año pasado estaban protestando unos chavalos en la UCR y la policía se abalanzó sobre ellos pero se hizo un escándalo por eso. Y esa es la cuestión que allá se hizo un escándalo porque hubo un intento de un policía y no penetraron en la universidad. Aquí los paramilitares penetraron en la universidad, mataron estudiantes. Los grados de salvajismo y de la poca consciencia de los derechos humanos que tenemos aquí son increíble. Hace poco tuvimos una marcha y golpearon a los chavalos que solo tenían banderas de una manera brutal. 

¿Qué haces con tus miedos?

Mi mami siempre dice que el miedo te impulsa o te paraliza, así que trato de que el miedo me impulse. No tengo tanto miedo de la dictadura a como tengo miedo de que las cosas no cambien. Todo lo que hacemos es con un compromiso hacia las generaciones futuras. Yo tengo un hermano menor. No quiero que cuando vaya a la universidad lo expulsen por pensar diferente o lo golpeen o lo metan preso por protestar. 

Que no se repita depende de todos, es una responsabilidad colectiva, tiene que ver con nuestros comportamientos dentro de nuestros grupos. Dentro de cómo somos capaces de identificar las injusticias y de condenarlas. Por ejemplo a algo muy sencillo como el acoso a la mujer, que a veces somos indiferentes a ese tipo de cosas. Si no somos capaces de asumir esas responsabilidades y de comprometernos a cambiar eso, probablemente vayamos a tener muchas dificultades para cambiar grandes problemas. 

¿Cómo te ves a futuro inmediato?

Quiero terminar mi carrera, a mí me gustaba un montón estudiar. No puedo volver a ninguna universidad pública ahora. 

Varios sectores han sido criticados por aliarse con los empresarios, antiguos aliados del gobierno. ¿Cómo es la relación estudiantes-empresarios en la oposición?

Yo creo que hay que sustituir la culpa por la responsabilidad. Nosotros no eximimos de responsabilidades al sector privado y lo hemos compartido con ellos de manera clara. Pero en este momento nuestro primer enemigo y nuestro gran problema se llama Ortega. Y si los empresarios hoy están de nuestro lado y son una fuerza más que empuja la salida constitucional y pacífica de esta dictadura, nosotros vamos a seguir trabajando con ellos. Porque todo lo que debemos hacer ahora es sumar y no dividirnos. 

Es complicado porque los estudiantes naturalmente discrepamos de todo. Pero una de las cosas que entendimos en abril era que teníamos que organizarnos, tomar los espacios. Y lo que aprendimos después de las dos cosas es que teníamos que aprender a llegar a acuerdos. El que sabe llegar a acuerdos prospera, el que se aísla tiende a desaparecer.  

¿Qué es ser estudiante hoy en Nicaragua?

Ser estudiante hoy es ser una amenaza para la dictadura. Sos alguien a quien el gobierno, o el desgobierno de Ortega puede tratar de eliminar, puede apresar, puede matar. Llevar una mochila hoy es suficiente para que la policía te pare y te revise. Decir que sos universitarios es suficiente para que te compliquen las gestiones es una institución. 

Ser estudiante al mismo tiempo es una identidad que te llena de orgullo. Yo creo que nos sentimos muy bien al decir que somos estudiantes. Ser estudiante es una cuestión hasta esperanzadora porque de verdad creemos en todo lo que decimos, en todo lo que queremos cambiar. Y ser estudiante hoy es un reto porque sos estudiante aun cuando no te dejan estudiar. 

¿Qué te motiva a seguir? 

Creer que no podemos vivir así, estas no son condiciones de vida. La gente tiene miedo. No pueden ver a la policía porque piensan que les va a pasar algo. Las familias están dividas, los estudiantes no están en las secciones de clase. Hay mucho luto en Nicaragua. Hay una inmensa necesidad de restitución de la memoria de las personas que murieron. Mientras no superemos a Ortega no vamos a poder darle dar salida a todas estas demandas que son, más que legítimas, necesarias. No podemos vivir con miedo. No podemos vivir con dolor toda la vida.

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El 31 de agosto de 2018, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) publicó la Sesión Extraordinaria 13-2018. En ella notificó la expulsión de 82 estudiantes por “comportamiento vandálico” y “destrucción” de facultades. Entre ellos Alejandra Centeno. Los estudiantes se tomaron el recinto desde el 8 de mayo de 2018. Permanecieron allí atrincherados hasta el 13 de julio de 2018, cuando un comando armado acuerpado por la policía los desalojó disparando con armamento militar por más de 14 horas. Hirieron a varios de ellos y mataron a dos estudiantes que se refugiaron en la iglesia Divina Misericordia, contiguo al recinto. 

“Deben cesar inmediatamente las acciones de violencia y represión del Estado contra población civil en UNAN, en Masaya, Monimbó y Managua. Garantías plenas para la integridad de todos. Los autores de estos atentados serán hechos responsables por sus crímenes #Nicaragua”, reclamó Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) a través de Twitter. 

Mientras la OEA insiste al gobierno de Nicaragua retomar las conversaciones con la oposición para solucionar la crisis socio política del país centroamericano que ha dejado la pérdida de más de 400 plazas laborales y el desplazamiento forzado de más de 60 mil nicaragüenses al exterior, Alejandra Centeno intenta no perder la esperanza hacia el futuro. Se alista para una nueva ronda de negociaciones con el gobierno donde intentará restituir los derechos del sector estudiantil. Recordando lo que aquel libro infantil le enseñó una vez: “Soy niña y tengo derechos”.

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“Nuevos rostros de Cuba y América Latina” es una serie de 22 perfiles de jóvenes que están transformando la región desde distintos ámbitos: música, deporte, tecnología, derechos humanos, innovación, moda y más. Distintas Latitudes y la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas nos acercamos a ellos para ponerles nombre y conocer su historia.

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Ilustración y diseño de portadas: Alma Ríos
Jorge Hurtado

Jorge Hurtado

Nicaragua (1989). Periodista, productor audiovisual y emprendedor, con más de 11 años en radio, prensa escrita y televisión. Ha sido vocero/organizador de causas sociales y proyectos de emprendimiento. Premio Ortiz Gurdián (2012) al periodismo televisivo. Fundador de la productora audiovisual 3Media. Es integrante de la Tercera Generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas de Distintas Latitudes.

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