Brenda Mato se ha convertido en un referente para cuestionar los estándares de belleza tradicionales. Y quiere ir más allá al impulsar, junto a AnyBody Argentina, una ley de talles, para que se “unifique las medidas de acuerdo a los estándares de cuerpo de las argentinas”.

 


 

Cuando le preguntan a Brenda Mato cuál es su profesión y ella responde: “modelo”, quien está del otro lado suele mirarla esperando una aclaración. No es hasta que completa la frase y dice “plus size” que aceptan su respuesta. Es que Brenda no es la tradicional chica que se acostumbra ver en las portadas de las revistas. Tampoco la típica raquítica de pasarela que viste trajes extrañísimos jamás pensados para que una persona vaya a la oficina a trabajar. Brenda no sigue —en su vida nunca lo hizo— el estereotipo esperado cuando alguien usa la palabra modelo.

Brenda recibe a Distintas Latitudes en el estudio de fotografía de su marido en pleno centro porteño. Es una tarde de julio. Apenas abre la puerta, cuenta que a las 18:30, tan solo dos horas después, tiene que asistir a un evento en Puerto Madero. En el estudio no hay maquilladores retocándola ni estilistas diciéndole qué se tiene que poner.

Aunque en unas horas promocionará un producto, Brenda ahora está a cara lavada, pelo atado. Usa jogging y zapatillas deportivas. Está totalmente concentrada en la entrevista. Interrumpe solo para intercambiar mensajes de WhatsApp con su mamá para pedirle que le envíe en Uber un blazer que olvidó y quería usar en la presentación. Si eso no sucede, no hay problema. Se las arreglará con lo que tiene, como siempre hizo en su vida.

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Brenda se crió en Lanús, provincia de Buenos Aires. No viene de una familia adinerada. Jamás pensó que se dedicaría al modelaje, aunque el mundo del arte siempre fue lo suyo. Los primeros recuerdos que tiene de su infancia son dando shows y conciertos en reuniones familiares. Era  muy histriónica. Por eso desde muy chica sus padres la llevaron a hacer comedia musical.

El primer grupo con el que se encontró en la Fundación Julio Bocca, donde estudió Brenda, era heterogéneo y eso la hacía feliz. Había chicas becadas, que iban a estudiar desde lugares recónditos del país hasta jóvenes que contaban que iban el sábado a festejar sus quince a Estados Unidos, como quien dice “hice un pequeño viaje de fin de semana a la costa”. Sin embargo ese grupo se disolvió con el paso del tiempo y los problemas en su círculo —y con ella misma— empezaron a aparecer.

Brenda todavía no tenía las competencias necesarias para tener un papel protagónico en una obra. Entonces quería audicionar para los ensambles pero lo que le decían en ese momento, cuando iba a  hacerlo, era que los ensambles tenían que ser homogéneos —con chicas altas y flacas—. 

La única vez que Brenda sintió que podía llegar a tener una oportunidad fue cuando se hizo en Argentina el remake de Hairspray. Como si lo único para lo que pudiera audicionar fuera para papeles de talles grandes.  

Brenda tiene 29 años. Esto quiere decir que nació en los 90 y creció en los 2000. En aquel entonces, en plano internacional, las figuras dominantes, como las que todos querían ser, eran Britney Spears y Christina Aguilera. Con sus cuerpos hegemónicos, rubios y flacos que calzaban perfecto en cualquier jean tiro bajo.

Mientras tanto, en el plano local, las jóvenes se volvían locas por el grupo Bandana. Un quinteto que salió de un reality, hacía pop y era furor entre las adolescentes. En el colegio todas las chicas jugaban a ser como una y Brenda no era la excepción. Pero aunque a ella le gustaba Lourdes, una de las cinco cantantes, decía que era Lisa porque era “la gordita” del grupo. Esa fue la primera vez que Brenda se pudo sentir identificada.

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Es jueves 11 de julio y Brenda tiene una agenda apretada: a la mañana va a hacer una producción de fotos, a la tarde merendar con su grupo de amigas y a la noche cenar con su esposo (sí, todavía guardan esos momentos especiales entre los dos). No sabe qué ponerse pero opta por una prenda versátil que sirva para las tres ocasiones y no tener que cambiarse entre evento y evento.  

A Brenda se le ocurre una idea: hará un tutorial para Instagram TV en donde mostrará distintos looks con una misma prenda. Es algo que hacen varios canales de moda en la web. Empieza a filmarse envuelta en una bata y entre cambio y cambio de remera deja ver su piel, su torso en corpiño, sus tatuajes. 

No siempre en su vida Brenda se desenvolvió con tanta soltura. Esto se debió, en gran parte, a los comentarios que recibió desde muy chica por su aspecto, a lo que ella pensaba sobre su propio cuerpo y al estándar social que asociaba a la belleza y al éxito con el hecho de ser flaca.

Brenda estaba habituada a las visitas a nutricionistas. También a escuchar palabras como auriculoterapia —técnica que estimula determinados puntos ubicados en la oreja con el fin de favorecer la pérdida de pesodesde muy chica

Si bien sus familiares nunca le dijeron que tenía que bajar de peso o le prohibieron comer algún alimento, Brenda acompañaba a su mamá a todos estos lugares. Adoptó, sin querer, las ganas de cambiar su cuerpo, incluso aunque las nutricionistas le dijeran que su índice de masa corporal era normal.

Brenda, además, se desarrolló temprano. A los 11 años ya usaba su primer corpiño talla 95, lo cual la hizo pasar a ser en su colegio la llamada “gorda pero con tetas”. Sus compañeros de curso, quienes nunca le habían prestado atención, la empezaron a ver como algo interesante. Pero a la vez lo ocultaban porque sentía que era una vergüenza. 

Así fue como Brenda tuvo que vivir situaciones en las cuales los chicos le decían que gustaban de ella pero le aclaraban, a la vez, que no le cuente a nadie. Cuando lo contaba —lo primero que quiere hacer toda chica en época escolar— sus compañeras no le creían.

En ese entonces y ante la imposibilidad de ser la linda en el colegio, Brenda empezó a ser “la rara”. No tenía grupo de amigas, se llevaba con todos y con nadie a la vez y a ella le empezaron a parecer inmaduros y aburridos sus compañeros. 

“Entrábamos 7:45 am al secundario y mis compañeras se levantaban temprano para plancharse el pelo. Yo con suerte me lavaba los dientes para ir ahí, había que agradecer si iba bañada”, cuenta Brenda quien siempre fue fiel a no tardar horas y horas en arreglarse para ser quien no es.

En el típico festejo argentino de los quince años —que hizo a pedido de su mamá— reforzó su estereotipo de “rara” yendo al evento en zapatillas y sin maquillar. Su vestido no era negro sólo porque sus padres no la dejaron. 

Hoy, años después de aquel momento y con un largo proceso de autoaceptación en el medio, dejó ese estereotipo de lado. Disfruta ser como es: a veces maquillada,  a veces no.  

En su casamiento, hace tan sólo un año atrás, el vestido era blanco y sí se pintó para asistir. Eso sí: el hashtag de la boda fue #MiGranCasamientoGordo. Con los años perdió el miedo, no el humor.

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No hay un momento preciso en la vida de Brenda que haya marcado un antes y un después que la haya hecho cambiar por arte de magia y aceptarse a sí misma. Fue una larga cadena de eventos asociados entre sí que hicieron a Brenda la persona que es hoy en día.

Cuando terminó el secundario, una etapa  oscura de su adolescencia, comenzó una época de cuatro años aún más oscura para ella. No sabía bien qué quería hacer ni qué camino seguir. Lo único que tenía en claro era que no quería estudiar una carrera universitaria. 

Su único hobbie en aquel entonces era seguir a una banda de rock y trabajaba precarizada (en McDonalds y call centers) para pagarse los viajes a ver a esa banda. Hasta que sintió que eso ya no la llenaba más. Cuando dejó a la banda de lado recordó su pasión por comedia musical. Retomó los estudios de canto y baile, actualizó su book de fotos y, lo demás, fue llegando.

El primer acercamiento al mundo del modelaje fue cuando una amiga le mostró una marca de ropa que hacía ropa pin up con talles no convencionales, más parecidos al del cuerpo de Marilyn Monroe que al de Kate Moss o Bella Hadid. Y buscaban modelos. Se acercó a la dueña, quien la contrató para hacer unas fotos y ese fue su primer trabajo como modelo. No podía creer que le estuvieran pagando por eso.

Brenda Mato modelo argentina

Brenda Mato. Foto: Daiana Aquije.

Brenda Mato, la modelo

Aunque todas las chicas nacidas en los 90 decían, en edad escolar, que de grandes querían ser “cantantes, actrices y modelos”, Brenda Mato jamás imaginó que esa terminaría siendo su profesión.  

Brenda primero se movió en el mundo pin up, que después le quedó chico y quiso empezar a abrirse pero eso no fue fácil. La dificultad más grande enfrentó es la que representaron compañías de modelos que pedían chicas de 16 a 20 años, que midieran 1,80 m y fueran muy flacas. Ella era todo lo contrario. 

Cuando conoció a su esposo, fotógrafo, le contó la situación que vivía y él le dijo algo que hoy se repite como un mantra: “Que si no había un espacio ahora para mí, yo lo creara. Y decidí hacerlo”. 

La manera de crear su propio espacio, lejos de las agencias de modelajes y sus pedidos cerrados de estatura, edad y peso, vino a través de las redes sociales. Se hizo una fanpage de Facebook sin un objetivo en particular y ahí empezó a compartir sus fotos, sus opiniones, lo que le pasaba día a día.

A través de Facebook conoció a AnyBody Argentina, la ONG con la que colabora y de la que ahora es vocera. Brenda hizo su primera campaña como activista contra Facebook en 2015. Entonces lograron que la red social retirara el estado “Me siento gorda”.

A partir de entonces, Brenda se volvió más visible, fue entrevistada por distintos medios de Argentina y fuera del país. Llegó a salir en Cosmopolitan Argentina.

Hoy, años después de aquella primera campaña, Brenda impulsa junto a la ONG una campaña por la ley de talles en Argentina y se para sin problema frente a auditorios repletos de personas a dar charlas sobre la causa, incluso aunque, en lo íntimo y personal, le resulta difícil y muere de vergüenza si tiene que ir a un local y preguntarle algo a la vendedora cara a cara.

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Si hay algo que a Brenda no le molesta y, de hecho, le parece común, son las contradicciones que tiene consigo misma. Así como en lo privado es vergonzosa y en lo público no, asegura que le molesta que la encasillen. 

Una de las cosas que más cuestiona día a día, incluso en sus redes sociales, es los comentarios que le hacen cuando sube fotos en ropa interior. “Todos me dicen que soy muy valiente y la verdad no entiendo por qué. Si una flaca sube fotos en ropa interior nadie le dice que es valiente, ¿por qué asumen que yo lo soy?”

“Hace poco hice una campaña de mallas y la verdad que la pasé mal porque las mallas eran realmente chicas y yo jamás hubiese decidido usarlas en mi cotidianidad pero me pagaron por eso y lo hice. ¿Por qué la gente asume que no tengo estas contradicciones, que soy siempre muy valiente y me amo y todo eso? Es como que si sos gorda y subís una foto en ropa interior o bikini, es porque te amás a vos misma y no es así necesariamente. Quizás a veces sí, a veces no”, dice. 

“Además, también está mal que piensen que las modelos flacas no tienen las mismas contradicciones o problemas. Hay una modelo talle chico muy conocida que no deja que cualquiera le saque fotos, pide verlas antes de que salgan en las revistas y sus fotos llevan una iluminación y un retoque especial. Así que todos podemos tener contradicciones”, detalla. 

La contradicción que más recuerda y le divierte de su vida es la manera en la que se enteró que era tapa de una revista, L’Officiel: “Me llegó un mensaje cuando estaba en el supermercado comprando una almohada especial porque me dolía la cervical”. 

Ser tapa de revista era uno de sus sueños.

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Su cumpleaños número 29 Brenda Mato lo festejó de una manera particular: organizando una feria de talles XL. Era la cuarta que hacía y la edición fue furor. Aunque se realizó durante el fin de semana largo del 17 de junio —fin de semana en el que en Argentina llovió, literalmente, los cinco días no laborables— muchas chicas fueron a la feria cubiertas por sus paragüas para encontrar algo que ponerse, que las identifique y que esté pensado para ellas.

La gran convocatoria para entrar a la feria dejó claro lo difícil que es encontrar ropa para todos los cuerpos en Buenos Aires. Es algo que Brenda conoce desde pequeña. Ir a comprar ropa, para ella, jamás fue algo placentero.  

Nunca pudo seguir la moda, ni aunque quisiera, porque para talles grandes siempre llegaba una temporada tarde y lo único que le calzaba, en cada tortuosa ida a comprar ropa, eran vestidos por debajo de la rodilla, corte campana, escote corazón. El uniforme de las gordas, como ella les dice.

Ante esta situación, Brenda decidió no quedarse de brazos cruzados y junto a la ONG AnyBody Argentina impulsa un proyecto de ley de talles, que no existe aún a nivel nacional. 

El proyecto de ley ya cuenta con media sanción en el Senado y su idea es basarse en los cuerpos argentinos. En concreto el pedido es la creación de una Ley nacional basada en información antropométrica actual de cuerpos de este país ya que las pocas leyes existentes (provinciales o municipales) usan medidas de otros países fuera de América Latina. Y las medidas extranjeras no calzan bien en las realidades argentinas.

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En el estudio de fotografía en el centro porteño, el reloj del celular de Brenda no paró de sonar durante toda la entrevista. Ahora marca las 18: 20 pero ella no está apurada. Llegará al evento cuando tenga que llegar. 

Acostumbra a correr de un lado a otro y se toma su tiempo para responder las preguntas, hablar de su vida y derribar mitos acerca de ser gorda, una palabra a la que Brenda no le tiene más temor.

“Yo le perdí el miedo a la palabra gorda, me la reapropié. Muchas veces digo que soy gorda y tengo personas diciendo: ay, pero Brenda no te digas así. La verdad no entiendo cuál es el problema. No dije que soy asesina de perritos”, concluye mientras elige qué ponerse para el evento. El blazer nunca llegó.

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“Nuevos rostros de Cuba y América Latina” es una serie de 22 perfiles de jóvenes que están transformando la región desde distintos ámbitos: música, deporte, tecnología, derechos humanos, innovación, moda y más. Distintas Latitudes y la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas nos acercamos a ellos para ponerles nombre y conocer su historia.

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Ilustración y diseño de portadas: Alma Ríos
Flavia Fiorio

Flavia Fiorio

Argentina (1993 ). Le gusta contar historias en 20 mil caracteres, no en 180. Trabajó en Política Argentina, El Destape y colaboró en medios como Cosecha Roja. Es fanática de los perfiles. Disfruta ir por la vida buscando personajes curiosos, particulares, a los que ella llama “esos que parecen salidos de un cuento de García Márquez”.

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