Antonio Uribe, mejor conocido como Fáyer, es cofundador y director de HyperBear Games, un estudio de videojuegos móviles con sede en la Ciudad de México. A lo largo de los 5 años de la empresa, Fáyer se ha consolidado como un referente y mentor que intenta impulsar a las personas a creerse capaces de hacer videojuegos. 


Antonio Uribe, también conocido como Fáyer, y Juan Pablo Riebeling, mejor conocido como Joven Paul, se encontraban un poco hartos de su trabajo. Se dieron cuenta que entre los dos podían crear videojuegos, solo por diversión. Lo hicieron, pero no les dejó dinero. Era el año 2014.

Pensaban que “se harían ricos” pero la realidad era que, mientras trabajaban para comer en sus tiempos libres desarrollaban juegos. En ese entonces, hacer juegos se volvió formal. HyperBeard Games nació y con él su primer juego, Baloons, pero no le fue muy bien.

En 2016 Fáyer se asoció con un estadounidense, y junto a Eri y Joven Paul [su mano derecha de desarrollo y arte, respectivamente] decidieron publicar KleptoCats, un juego de gatos que roban cosas. Durante los primeros 10 días de su lanzamiento el juego consiguió un millón de descargas y superó en el primer año el millón de dólares en ganancias por anuncios y compras de la aplicación . 

El juego de gatos cleptómanos les permitió existir. 

Nivel 1 – El niño de Chilchota

Antonio Uribe nació en 1989 en un lugar cercano a Chicago en Estados Unidos, pero creció y vivió hasta sus 18 años en Chilchota, un municipio al noroeste de Michoacán en México. Un pueblo colorido y reconocido por la elaboración de un pan tradicional con sabor a frutas.  

Ese pueblo de tierra fría, rodeado por tres cerros y surcado por dos ríos vio crecer a Antonio, quien recuerda el lugar como uno donde la gente no se desaparecía o mataba entre sí, “porque el pueblo se cuidaba así mismo”. 

Antonio no olvida las horas subiendo cerros o montando en bicicleta con sus amigos, pero tampoco un 5 de enero. Ese día recibió una SuperNintendo, su primera consola y el detonador por el gusto a los videojuegos.  

Eran los años noventa. La explosión de los videojuegos en México se dio gracias a la piratería. Pero a Chilchota las consolas, los cartuchos de juegos y el internet llegaron un poco más tarde —como suele pasar en provincia—. 

Una tiendita cercana a la plaza del pueblo era atendida por Pasita, una señora que recibió ese apodo porque en su piel se remarcaban las sonrisas de sus años. Ahí, entre refrescos y botanas se aglomeraba la chiquillada para jugar maquinitas [arcade]. Antonio recuerda que los juegos que más impactaron fueron “los de peleas”. Pero a él no le motivaba lo violento. Lo suyo eran los juegos que entre sus amigos llamaban “de puro leer”; aquellos juegos con historia, con personajes de capa verde o niños de 10 años que se lanzan a la aventura, exploran el campo y atrapan animalitos. 

Nivel 2 – El nacimiento de Fáyer

En el verano del año 2000 Antonio regresó por primera vez a Estados Unidos en donde vivió con varias tías y primos, a quienes compartió con emoción lo mucho que le gustaban los videojuegos. El éxtasis de su relato fue suficiente para que uno de sus primos le regalara un GameBoy Color con la versión roja de Pokémon; “tú lo apreciarás más que mis hermanas”, dijo su primo Miguel. 

“Me gustaba mucho la caricatura, el juego me parecía infinito, la historia y los mitos que se daban alrededor. Fue un fenómeno tan fuerte que me impactó y sigue siendo parte de mi vida”, recuerda Antonio.

Desde el surgimiento de la caricatura en 1999, Antonio ha sido parte de todo lo que rodea a Pokémon. Su primer tatuaje fue inspirado en los personajes y su nick de internet hace referencia a su tipo favorito de Pokémon, los de fuego [Fire]. 

Tener acceso a videojuegos con historias que permitían romper caminos establecidos como Pokémon, Zelda, Mega Man y Donkey Kong fueron, de manera inconsciente, fundamentales al momento de elegir qué carrera estudiar.

Así nació Fáyer. 

Nivel 3 – El chico ñoño de las computadoras que migró a la capital 

Fáyer estudió la secundaria y preparatoria en la ciudad de Zamora, Michoacán, sitio famoso por los chongos zamoranos [un postre de leche cuajada]. En ese tiempo “era el típico amigo ñoño con el que ibas a reparar tu computadora, el que las desarmaba y usaba Linux”, cuenta orgulloso.

Durante ese tiempo Fáyer aprendió las bases de algunos lenguajes de programación con ayuda de Internet y emuló juegos, era algo que se le facilitaba. Y ya que el acceso a recursos originales era limitado por el costo y su posición geográfica, Fáyer tuvo que buscar en la piratería. En ese momento, una ventana global se abrió ante sus ojos. 

En la secundaria conoció a Mauricio, quien desde entonces es su mejor amigo. Cuando ambos tenían 15 años hicieron un pacto: ir juntos a la Ciudad de México y estudiar en la UNAM. 

En 2006 Fáyer y Mauricio viajaron a la Ciudad de México para presentar el examen de ingreso a la UNAM. Fáyer obtuvo 90 aciertos de 120, iba medio crudo, sin estudiar y aprendió a integrar en la fila antes de ingresar al examen. Fue aceptado en la carrera de ingeniero en computación. Pero no se tituló. 

Nivel 4 – Gatito de la suerte

“Los videojuegos se hacen en Japón o Estados Unidos. Los hacen gente con mucho dinero. En empresas con cientos de personas que llevan años haciéndolo. Y con inversiones de millones de dólares”, es el pensamiento recurrente sobre dónde y quiénes hacen videojuegos, dice Fáyer.

A mitad de la carrera, Fáyer perdió el rumbo. No estaba emocionado, sentía que no hacía algo que le fuera de provecho. Estuvo a punto de cambiar de carrera: “¿cine, filosofía o letras?”, eran sus opciones. 

En diciembre de 2011 Fáyer lanzó su primer juego. Uno que trataba de piñatas y pensó que como era navidad le iría muy bien. A fin de año logró cerca de 2 mil descargas en Android

Mientras Fáyer se aventuraba con sus primeras creaciones no tuvo un marco de referencia. Alguien, una persona mexicana, que le demostrara que hacer juegos en su país es importante y que se puede. “Nunca tuve un sensei. Me funcionó pero en el pasado hubiera apreciado que alguien me dijera «estás loco, vale la pena, lo estás haciendo bien, piénsalo de otra forma», cuenta reflexivo. 

“Eventualmente empecé a hacer apps de manera profesional con una agencia y mi carrera me fue rebotando a diferentes lugares, haciendo juegos, apps, etc. Hasta que fundamos HyperBeard con Juan Pablo”, recuerda.

En 2014 Fáyer, que ejercía como programador, ya no estaba a gusto en donde trabajaba. Joven Paul, hoy director de arte de HyperBeard, que hacía arte de publicidad en esa misma empresa también decidió salir. Ambos se encontraron en un GameJam y comenzaron, cual banda de punk, a crear juegos durante sus tiempos libres.  

Hacer juegos se volvió, eventualmente, algo formal. Fáyer, quien trabajaba para una empresa estadounidense, fue escalando de puesto hasta llegar a ser el jefe de la oficina. Fáyer entonces  contrató a Juan Pablo [Jóven Paul] y otros colegas para que juntos desarrollaran consultorías, apps y web

“Estábamos muy emocionados. Conseguimos a un publisher [persona encargada de financiar y rentabilizar un videojuego] y pudimos lanzar Balloons, pero fallamos”. El primer juego desarrollado por HyperBeard vivió un mal momento. Pero una esperanza suavecita se cocinaba en la cabeza de Eri, desarrolladora del estudio.

Eri y Juan Pablo comenzaron a trabajar el concepto. Fáyer acompañó la dirección de esa idea y juntos lanzaron KleptoCats. Un grupo de gatos mimados que salen de casa, roban cosas y te las hacen llegar fue el juego que levantó la empresa y puso en el mapa el estudio.

Fáyer recuerda que en esa época estaba muy cansado, estaba viviendo un divorcio y en su mente pensó que el juego de gatos que roban cosas “no iba a pegar”. Pensó incluso que, de no irle bien al juego, regresaría a Chilchota a aprender a hacer pan en lo que redescubría qué hacer. 

El éxito de KleptoCats fue una bocanada de aire puro para Fáyer y el equipo. Pero particularmente ese éxito lo distrajo lo suficiente de lo que estaba experimentando y lo empujó a retomar el camino.

KleptoCats logró en los primeros diez días un millón de descargas, y superó el millón de dólares en ganancias por anuncios y compras de la aplicación el primer año. Así, un juego de gatitos que roban cosas permitió cimentar a HyperBeard y otorgarle la estabilidad económica suficiente para pagar los sueldos de quienes en ese momento formaban parte del estudio. 

El fenómeno de KleptCats tomó muchas formas. La famosa empresa de peluches, Funko lanzó en un primer momento 10 figuras afelpadas de las cuales tres son modelos especiales de gatos inspirados en Harry Potter, David Bowie y Cathulu, un gato que aparece en el juego cuando todos los demás mininos se juntan para invocarlo. Y por si fuera poco, existe una caricatura.

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Nivel 5 – Juegos chiquitos, casuales y cute. Y un equipo talentoso.

En 2016 HyperBeard inició su nueva etapa, una que desde entonces le ha permitido a su equipo dedicarse completamente al desarrollo de videojuegos móviles y vivir de eso.

La perseverancia y también un toque de suerte: internet ama a los gatitos. Fueron dos elementos importantes para cimentar el tipo de juegos a los que de ahora en adelante apuesta el estudio: chiquitos, casuales y tiernos, y en móvil.

Alex Flores de la Asociación Mexicana de Videojuegos considera que HyperBeard ha logrado hacer buenos videojuegos porque cuentan con calidad en su diseño de mecánicas, son visualmente atractivos y su forma de juego es fácil para muchos públicos. “No existen fórmulas mágicas para tener un juego exitoso. No todos los juegos para serlo tienen que ser como los de HyperBeard”. 

El público consumidor de HyperBeard está entre los 18 y 34 años de edad y la mayoría son mujeres que se encuentran en Estados Unidos, China, Canadá, Europa y Corea. 

A Fáyer le agrada que sus juegos sean accesibles a públicos distintos a los que tradicionalmente se han adjudicado la etiqueta gamer. Hace varios años dejó de sentirse parte de la comunidad gamer porque le parece muy cerrada. 

“Hoy todos somos gamers. La idea de que los juegos móviles no son suficiente me parece absurda. Los juegos están en todos lados, hoy ya no necesitas pasar 100 horas sentado para serlo. Hasta las abuelitas son gamers. Es increíble ver cómo lo traen en su celular y lo juegan de maravilla”, dice convencido.

Para el cofundador de HyperBeard la diversidad al momento de crear juegos es vital. El estudio que dirige intenta ser uno en donde voces, perfiles e identidades diversas trabajen en conjunto y aporten su creatividad. 

“Sólo así vamos a empezar a ver juegos diferentes. Cuando en los estudios incluyamos personas distintas a nosotros: hombres blancos, barbones los de siempre—, nos permitirá darnos cuenta de otras cosas en las que somos iguales a esos que creemos diferentes. Y eso es muy chido”. 

Fáyer expresa con seguridad estar consciente de los privilegios que goza: “A mí nadie me ha cuestionado, nadie cuestiona mi capacidad de hacer juegos. Si yo hubiera sido mujer y dijera que hago juegos, dudarían de mí. Estoy seguro de que lo harían porque vivimos en una sociedad transfóbica, homofóbica y machista”.   

HyperBeard se consolida hoy como un estudio de desarrollo de videojuegos que rompe paradigmas dentro de la industria en el país y América Latina. Con un equipo de casi 40 personas que se dedican cien por ciento al desarrollo de videojuegos para móvil. Además, trabajan de la mano con estudios de Singapur, Chile, Estados Unidos, Guatemala y México.

Fáyer es el más visible, tiene que serlo. Tomar una posición cómoda de pensar que descubrieron el hilo negro es demasiado fácil para el director del estudio: “No soy un genio. Conmigo hay un equipo talentoso. La mayoría de las cosas chidas vienen de todos los demás, de cada proyecto en equipo y de la libertad que hay para trabajar. Yo sé hacer cosas hasta cierto punto. Pero no logré yo solo el éxito de HyperBeard”.

Nivel 6 – ¡Haz videojuegos! … o lo que quieras, ¡pero hazlo!

Fáyer tiene una característica particular. En la narración oral se encuentra su mejor lenguaje.  Es un contador de historias. En México diríamos que “habla hasta por los codos”, lo hace con elocuencia y a veces el hilo conductor de su relato aloja historias dentro de otras.

Fáyer es un hombre alto que no pasa desapercibido. Su tupida barba que rebasa su mentón lo hace inconfundible. De un costado de su nariz una arracada sobresale, usa expansiones en las orejas y tiene 30 años. Fáyer mantiene la mirada fija al hablar, sonríe casualmente. Es un emprendedor exitoso de carácter sencillo. 

En los últimos años Fáyer se ha dedicado más a hacer una labor inspiracional. Ahí a donde lo invitan cuenta su historia, la de su equipo, sus juegos y su empresa. Al menos una vez al mes está viajando por ese motivo. Le gusta contagiar a otros. Le motiva instaurar en la cabeza de quienes lo escuchan de que hacer lo que te apasiona es posible, que no tienes que salir de tu país para hacerlo y que solo se logra con esfuerzo. 

Me gusta simplemente dejar el mensaje de que “si ese güey pudo, yo también puedo”. 

Mario Carballo, creador del podcats Detrás del Pixel reflexiona: El valor diferencial de HyperBeard y de Fáyer como director es que comparten conocimiento con otros desarrolladores, estudios, estudiantes, con personas comunes y corrientes. Son un ejemplo para otros que intentan hacer juegos.

Nivel 7 – Continuará.

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“Nuevos rostros de Cuba y América Latina” es una serie de 22 perfiles de jóvenes que están transformando la región desde distintos ámbitos: música, deporte, tecnología, derechos humanos, innovación, moda y más. Distintas Latitudes y la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas nos acercamos a ellos para ponerles nombre y conocer su historia.

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Ilustración y diseño de portadas: Alma Ríos
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Georgina González

México (1991). Periodista independiente egresada de Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México. Le interesa escribir sobre las infinitas posibilidades de habitar el género y la identidad, así mismo sobre las resistencias de los movimientos sociales. Ha publicado en varios medios digitales como Kaja Negra, El Beisman, Revista Hysteria. Colaboró en Desastre MX.

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