Tania Barroso es habanera y programadora freelance. No lo dice muy a menudo, pero es quien creó la versión de Conoce Cuba para iPhone y iPad, la mejor aplicación de los premios Tu Android 2018.

 


Si le preguntamos a Tania Barroso López por otras cubanas programadoras, su respuesta es sencilla: las hay, pero hay que buscarlas. Programar no es una cuestión de género, sino de gustos, dice. A ella le encanta escribir códigos. Se reconforta cuando los ve convertidos en aplicaciones instaladas en los móviles de los usuarios, funcionales al cien por cien.

Tania tiene 33 años, es habanera y programadora freelance. No lo dice muy a menudo, pero es quien creó la versión de Conoce Cuba para iPhone y iPad, la mejor aplicación de los premios Tu Android 2018. Fue la primera vez que la Unión de Informáticos de Cuba, la empresa de software Desoft, la Universidad de las Ciencias Informáticas y la comunidad cubana fanática al sistema operativo móvil de Google galardonaron de esa manera a un proyecto independiente.

La aplicación se trata de un directorio de anuncios clasificados de todo el país caribeño. Comenzó funcionando exclusivamente offline, como buena parte de las aplicaciones cubanas creadas hasta diciembre de 2018. La información asociada se descargaba de internet por los usuarios o se copiaba desde una computadora para después consultarla sin conexión. Pero el equipo desarrollador decidió hace dos años que la aplicación debería funcionar también online porque las posibilidades de conexión a internet estaban creciendo con la apertura de más zonas de acceso público a la red. Tania tenía que hacer una versión para iOS, el entorno de los teléfonos y tabletas de Apple.

—Yo no sabía ni andar en el sistema operativo. Nunca había visto una máquina con MacOS. —Comparte.

Hacer una aplicación para iOS requiere esencialmente una computadora con MacOS, el sistema de las computadoras de Apple. Pero cuando se migra desde Windows, hay cambios: desde los lenguajes de programación hasta las combinaciones de las teclas.

Lo más difícil para Tania fue adaptarse al nuevo entorno, no la programación en sí. La programación siguió siendo esencialmente la misma que estudió en la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI), una ciudad tecnológica construida por el gobierno de Fidel Castro a principios de los años 2000 en las afueras de La Habana. Allí había dominado principalmente un lenguaje de programación, Java, y pocos años después había incorporado hasta otros cinco.

Tener varios lenguajes bajo la manga tiene sus ventajas. En definitiva, un programador es, básicamente, un traductor. Guiándose por reglas de sintaxis y semántica, escribe las instrucciones de lo que debe hacer una máquina. Como en los idiomas, existen cientos de lenguajes, unos más usados que otros, algunos compatibles solo con determinados sistemas operativos. Mientras más domine el programador, más políglota se vuelve.

Así, en 2017 Tania estaba aprendiendo con Google y foros online Swift, un lenguaje de código abierto exclusivo para los sistemas de Apple.

—Yo no siento que haya pasado trabajo porque he programado antes. Los cambios de un lenguaje a otro, para cualquiera, pueden ser un poco difíciles. Cosas que en uno hace en cuatro líneas, puede que en otro lo hagas en una sola. Especificaciones que tienes que saber. Pero la programación sigue siendo la misma.

Pero programar para iOS desde y para Cuba tiene sus particularidades. Aunque en la Isla no hay tiendas de Apple y las empresas del gobierno no venden productos de esta marca, los iPhone son el quinto modelo de teléfonos más usado, según la empresa de recargas de saldo telefónico Fonoma. Entran al país a golpe de importación personal y se venden incluso más barato que en Estados Unidos. Pero esta programación no va a la par que la de Android.

Para poner aplicaciones en los dispositivos vírgenes, hay que tener una especie de identificación digital –la llamada Apple ID– y Cuba no aparece en la lista de países para tener una. La instalación también requiere descargas desde la App Store, un servicio no disponible de manera directa para los cubanos. Solo se puede acceder a través de redes privadas virtuales (VPNs) gratuitas, porque ni siquiera pueden pagar una: las tarjetas de débito no sirven para pagar servicios online extranjeros. Por eso, el equipo de Conoce Cuba solo tiene más de 1,300 descargas de su aplicación desde el 7 de diciembre de 2018, pero pueden ser muchísimos más los usuarios. Los talleres tecnológicos privados esparcidos por la isla se las han arreglado para prescindir de los servicios en línea de Apple e instalar las apps de manera offline, sin entrar en las estadísticas de la tienda.

Lo mismo sucede con las herramientas básicas para la programación en el sistema operativo de las computadoras de Apple: gratuitas, pero no disponibles. Y para subir las aplicaciones a la App Store, se requiere una cuenta de desarrollador, que cuesta unos 99 dólares al año. Sin embargo, es imposible hacer una transacción financiera directa entre Cuba y Estados Unidos debido al bloqueo/embargo estadounidense.

Para resolver lo de la identificación, Tania engañó al sitio de Apple e inventó un número de teléfono de Florida. Para las descargas, se las agenció con los VPNs. Lo único que no pudo vulnerar fue el pago de la cuenta de programador.

—Mi nombre no va a estar ni en los centros espirituales de todas las aplicaciones que yo haga. Es triste, pero es así. Pero eso ahora no me importa mucho, la verdad. —confiesa.

Lo que Tania busca en estos momentos es, sencillamente, aprender, aunque tampoco es que esté en pañales. Que Conoce Cuba se pueda descargar desde la tienda de aplicaciones de Apple quiere decir que pasó pruebas de seguridad y rendimiento. Además, hay un elemento que diferencia y complejiza la aplicación: el mapa.

Otras aplicaciones offline en Cuba, solamente para abrir, requieren tener datos asociados. Tania se las agenció para que Conoce Cuba fuera funcional, incluso sin los anuncios. El resultado fue un mapa de bolsillo con el nombre de todas las calles del país, los principales lugares y una guía de ruta ajustable.

Llegar ahí no requirió una lista de pasos ni nada por el estilo. Tania no trabaja así. Después de despedir a su hijo Saúl para la escuela, agarra una bicicleta y pedalea unos seis kilómetros. La oficina queda en los bajos de un edificio de semblante soviético en Centro Habana, cerca de un parque público con conexión a internet. Enciende la computadora, sin recordar dónde se quedó el día anterior, y ejecuta los códigos para encontrar algún error, para ver dónde “explota” la aplicación.

—Le gusta poner música mientras trabaja —dice Eliecer Casas, director ejecutivo de Conoce Cuba—. Y hasta tira sus pasillos en el asiento.

El día transcurre entre códigos, música, alguna broma con el despiste de Tania, acceso intermitente a internet y más códigos.

—A las 3:30 ya se me empieza a ir todo —dice—. Como que se me desconecta el chip y empiezo a pensar: “¿lloverá?”, “tengo que ir a buscar al niño”.

Para Tania, regresar a casa es primero beberse un trago de café y luego hacer tareas hogareñas, tanto cuando lleva al niño o cuando lo hace el padre, Yoidel Martínez Baquero, también informático y su actual pareja. Solo vuelve a la programación a altas horas de la noche, cuando Saúl se ha dormido. Es entonces cuando adelanta trabajos pendientes: primero aplicaciones sencillas y ahora un tilín más complejas, como RooMatch, aún en proceso de prueba.

—Es para buscar compañeros de piso en España.

La app es una pequeña red social. Los usuarios se crean perfiles con gustos y cualidades, y dicen si buscan casa o alguien con quien convivir para pagar la renta. Hay filtros para refinar las búsquedas y hasta se puede chatear.

Trabajar hasta bien entrada en la noche es una costumbre que Tania mantiene desde la universidad. En los primeros dos años de entonces, cuando no se fugaba —no soportaba vivir en los apartamentos de la escuela—, se sentaba a estudiar y ver alguna que otra serie. Años después, participó en algunos torneos de programación.

—Es poco frecuente que nazca de las mujeres la decisión de escribir códigos —dice Rafael Bello Lara, un amigo programador de la UCI—. Había muy buenas, y Tania era una de esas.

Programador es solo uno de los roles de un equipo de desarrollo de software, la célula de la industria de los programas informáticos. Hay también analistas, arquitectos de software, arquitectos de base de datos, managers, probadores o testers, gestores de configuración. Sin embargo, en la UCI es más frecuente que las mujeres sean analistas o testers, aun cuando en su matrícula no hay grandes diferencias en la cantidad de estudiantes de un sexo u otro como en Ingeniería Eléctrica o Historia del Arte.

—A mí me gusta estar en la computadora, aunque vine a tener una propia hace tres años. Me enganchó la programación. Es muy rico así, como cuando tú, que eres periodista, escribes algo y te lo sacan en tal publicación. Imagino que todo el mundo sienta eso con las profesiones de cada quien.

—¿Y con qué sueñas?

—Informatizar Cuba, no otro lugar. Quizás no es el sueño de mi vida, pero es algo que tengo en una lista imaginaria por hacer. Y me encantaría tener mi centro de soluciones de software, mi propio equipo de soluciones informáticas multiplataformas. No mi propia aplicación, porque no quiero una sola aplicación.

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“Nuevos rostros de Cuba y América Latina” es una serie de 22 perfiles de jóvenes que están transformando la región desde distintos ámbitos: música, deporte, tecnología, derechos humanos, innovación, moda y más. Distintas Latitudes y la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas nos acercamos a ellos para ponerles nombre y conocer su historia.

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Ilustración y diseño de portadas: Alma Ríos
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Alberto Cabrera Toppin

Cuba (1993). Graduado de Periodismo en 2017 por la Universidad de La Habana, ha colaborado con varios medios como OnCuba, Cachivache Media, Progreso Semanal y El Estornudo. Actualmente es editor web de la revista Juventud Técnica y escribe también en Yucabyte. Le interesan temas como la apropiación de la tecnología por los ciudadanos y la desigualdad social. Le encanta el periodismo de investigación.

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