La argentina Rocío González se encontraba en una fábrica de botones cuando notó que tiraban muchísimos porque tenían fallas. Entonces pensó: “si está todo este material increíble que se puede reusar, ¿por qué no usarlo?”. Ahí germinó la idea de lo que después sería su empresa: Papa Studio.

 


 

En ese momento, Rocío González ya sabía que no quería diseñar más casas o edificios. Lo sabía desde que terminó la facultad de arquitectura, cuando hacía pulseras con materiales reciclados. Siempre había preferido diseñar objetos. Por ello, ese día del año 2009, se encontraba en una fábrica de botones en Buenos Aires, Argentina, con su socio. En ese lugar notó que tiraban muchísimos botones porque tenían fallas, había incluso botones viejos de hacía muchos años y entonces pensó: “si está todo este material increíble que se puede reusar, ¿por qué no usarlo?”. Ahí germinó la idea de lo que después sería su empresa: Papa Studio.

Papa Studio, proyecto de Rocío González y su socia actual, Lorena Núñez, cumplirá su cuarto aniversario este 2019. Papa Studio es una marca de objetos y accesorios elaborados con materiales de descarte (aquello que tiran en las producciones industriales porque tienen defectos). Principalmente utilizan botones y telas.

Papa Studio no sólo ofrece estos productos al público en general a través de su tienda en línea. También le brinda servicios a más de 80 emprendedores, empresas y organizaciones cuando éstas quieren hacer productos de marketing, por ejemplo regalos corporativos como bolsas o llaveros.

Cuando Papa estaba arrancando, Rocío y Lorena entraron a un programa de la Universidad de Columbia en Estados Unidos para mejorar sus procesos y potenciar su proyecto. El programa incluía un viaje de estudios a la India, específicamente a Bombay, el centro financiero y la ciudad más grande de ese país. Las jóvenes emprendedoras visitaron diversas empresas, hablaron con grandes empresarios y muchos emprendedores. Pero la experiencia más importante del viaje ocurrió en Dharavi, la villa más grande del continente asiático.

Esa villa, Dharavi, es una economía en sí misma, llena de trabajadores y emprendimientos. Pero quienes llamaron la atención de Rocío fueron los recicladores del lugar. “Pasaban con los carros llenos de botellas de plástico, otros con latitas y qué sé yo […] Vos veías las latitas, cómo las derretían, las cortaban, las limpiaban, las hacían pelotitas, las fundían y hacían otra cosa. Y lo mismo con el plástico, veías que clasificaban el plástico, lo trituraban, hacían las máquinas para triturar el plástico, lo limpiaban, lo secaban, lo fundían, hacían el pellet y hacían el envase”, cuenta Rocío a Distintas Latitudes.

Rocío se imaginó eso en su país. Menos por las condiciones de trabajo que ella misma describe como infrahumanas. “Dije, esto se tiene que poder hacer, no puede ser que acá funcione y que en mi país no. Como que elegí traerme un cachito de India y pensar en escala, y pensar cómo se podían hacer todas las cosas”. Por eso su fábrica se llama Daravi, en honor a la fábrica de reciclaje donde el 80% de los residuos que generan los más de 21 millones de pobladores de Dharavi se transforman en nuevos productos.

Daravi es la fábrica de Papa Studio y existe dentro de ese proyecto, es el espacio físico donde se elaboran los productos y además tiene foco en dar empleo a mujeres.

Rocío González y Lorena Núñez. Foto: Cortesía Papa Studio

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En 2015 Rocío y Lorena crearon Papa Studio y en 2016, ya con un equipo de trabajo conformado por mujeres unieron sus marcas bajo la marca Papa. Llegaba así el momento de unir aprendizajes. Rocío había trabajado con cooperativas de mujeres dentro y fuera de un penal y con una organización que ofrecía talleres a chicos con discapacidades. Mientras que Lorena había colaborado con talleres de aceleración textil.

Ya en conjunto, Rocío y Lorena decidieron que Daravi emplearía a mujeres de la zona de Tigre, a las afueras de Buenos Aires. A estas mujeres les enseñan a hacer los productos de manera que puedan elaborarlos desde sus hogares y les pagan por ese trabajo. Así generan impacto social.

En 2018, Daravi obtuvo su certificación como Empresa B por su modelo de negocios de triple impacto. Es decir, el impacto ambiental, económico y social. Para obtener este certificado se requiere un mínimo de 80 puntos en total de las tres áreas. La particularidad de Papa es que tiene puntos parejos en las tres categorías.

Rocío González considera que la certificación B propone entender que las empresas tienen importantes roles sociales y ambientales, además del económico. “Creemos que las empresas se deben hacer cargo, tanto las grandes que ya están establecidas, que quizás tienen muchas cosas por resolver, ayudando a empresas más chicas como la nuestra, empresas que ya traen desde el ADN esta idea de resolver un problema, de existir para resolver un problema”.

El impacto ambiental de Papa Studio se obtiene porque al utilizar descartes evitan que todo ese material llegue a un vertedero y genere emisiones, o en su defecto termine por contaminar el océano. El económico porque generan ganancias para sus empleadas y sostienen el proyecto por sí mismo.

Foto: Cortesía Papa Studio

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El edificio que aloja a Daravi estuvo abandonado durante 20 años y por ello tiene unas paredes viejas en el patio que Rocío González considera de lo más lindo de la fábrica. Es un predio grande que comparten con otros artesanos y con personas de la comunidad de Tigre.

Al entrar, el primer sector es el taller textil. Ahí se dan las capacitaciones, se reciben los materiales, se clasifican, se cortan, se preparan y se realiza el proceso de terminación del producto. El segundo sector contiene todo el material para el triturado de los botones. Ahí también está la parte de moldería, donde se combinan los botones con la resina que utilizan para los productos. Más atrás está la sala de pulido, un lugar apartado porque las máquinas para pulir hacen mucho ruido.

Las jornadas de trabajo las musicalizan unas listas de reproducción curadas mes por mes por el equipo de Daravi y que después Rocío publica en su cuenta de Spotify. “Es gracioso porque la escuchamos antes del mes, porque la vamos escuchando a medida que la voy armando, y cuando la publico la escuchamos todo el mes”.

Pero en Daravi el espacio favorito de Rocío es el patio. Ahí están sus plantas y el área donde elaboran composta. A ella le gustan mucho las plantas y de hecho, su producto favorito de los que fabrican son las macetas, las cuales diseñó pensando en su gusto por las suculentas y en que se pudieran utilizar con varios propósitos, como para las llaves o incluso para la comida. “El compost es una forma también de ver las cosas, como esta idea de la regeneración, de que separar la basura tiene sus grandes beneficios. […] La compartimos como parte de todo lo que queremos comunicar con nuestra marca, en todo lo que podemos intentamos sumar desde ese lado”, explica González.

En Papa Studio y en Daravi, Rocío y Lorena intentan que todo se relacione con ese mensaje. “Yo hago compost hasta en mi departamento que mide 50 metros y como que no me importa nada. Y el tema de la cultura de la empresa es parte de eso también”. Además entregan sus productos sin envolturas plásticas en la medida de los posible y algunos de ellos son para reducir la basura que sus clientes generan, como es el caso de las bolsas reutilizables.

Daravi también abre sus puertas al público mes con mes, muestran cómo trabajan, cómo es el modelo de negocios y ofrecen un recorrido por la fábrica. Rocío explica que hacen este tipo de actividades porque “creemos que la fábrica tiene un alto valor educativo, porque mucha gente no entiende lo que es una empresa de triple impacto. De esa manera la gente que viene entiende todo y entiende cómo se pueden hacer las cosas de esta manera y cómo funciona una empresa que se plantea esto del triple impacto”.

Foto: Cortesía Papa Studio

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Vilma dejó Perú con su hija para ir a vivir a Tigre, a las afueras de Buenos Aires, a sólo dos cuadras de Daravi. Supuso que al ser una mujer con seis décadas de edad le costaría encontrar trabajo, así que fue su hija quien se lanzó a la búsqueda de oportunidades laborales. La joven intentó conseguir algo en Daravi, y de paso preguntó si no habría oportunidad para su madre también.

Rocío preguntó qué era lo que sabía hacer Vilma. Su hija contestó que no sabía hacer particularmente nada, pero en Perú Vilma tenía un taller de costura y fabricaba ropa. Así que en Daravi le dieron una oportunidad, le prestaron y enseñaron a utilizar la máquina de costura y ahora ya tiene su propio equipo y espacio de trabajo. “Hoy en día es una de las costureras que hace de las cosas más complejas que hacemos”. Rocío también cuenta que cuando comenzó a ir, a Vilma se le veía desanimada, pero ahora a sus 65 años “es como la estrella de Daravi”.

A cada una de las mujeres que quieren comenzar a trabajar en Daravi se le realiza una entrevista para conocer sus aptitudes. De acuerdo con la entrevista se le asigna un producto, se les enseña a fabricarlo y se les da uno para que lo lleven a casa y realicen una muestra. Una vez que la muestra está lista vuelven y si es aprobada se les integra al equipo en la siguiente producción. Si no se aprueba regresan a tomar la capacitación y el proceso comienza una vez más. Actualmente en la fábrica trabajan 37 mujeres.

Entre las proyecciones de Lorena y Rocío están emplear a 40 mujeres en Daravi y así poder incrementar la producción. Ahora también hacen parte de la iniciativa Unplastify, un proyecto para educar y facilitar soluciones para reducir los plásticos. Rocío hará parte de un programa de educación que invita a niños y niñas a pensar en iniciativas para desplastificar sus escuelas. Y en Daravi se van a sumar para comenzar a elaborar productos nuevos a partir de plásticos que han sido desechados e idear soluciones para usar menos este material.

Foto: Cortesía Papa Studio

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Una vez que una papa está en la tierra comienza a echar raíces, estas se alargan y crecen. Poco a poco aparecen nuevas papas hasta que de pronto ya hay toda una red, explican Rocío y Lorena en su sitio web.

Su proyecto, que engloba a Papa Studio y Daravi, es ese tubérculo que ha creado un entramado y que se ha desarrollado gracias al uso de recursos que encontró a su alrededor: una red de personas con quienes trabajar día a día; una red de clientes con interés en el triple impacto; y aquellos botones que ya estaban ahí, listos para ser desechados.

Rocío entendió que nada es basura.

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Este texto forma parte de Nada es basura, una serie sobre cómo es, qué pasa y quiénes están en el ecosistema del reciclaje en América Latina. ¿Qué posibilidades existen para personas, gobiernos, empresas y organizaciones en la basura? Distintas Latitudes te lo cuenta en este especial quincenal.

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Ilustración de portadas: Alma Ríos
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Tania Chacón Ortiz

Ciudad de México, 1994. Miembro de la 2a Generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas. Busca aportar a la lucha por la conservación, la justicia ambiental y contra la crisis climática desde el periodismo. Sus días favoritos son en los bosques como voluntaria para su conservación.

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