Doris Estrada, una comunicadora guatemalteca, forma parte de un movimiento regional que busca implementar la cultura del reciclaje a partir del uso de monedas virtuales. Tecnología, comunicación y recompensas se unen en esta historia.


Este texto fue ganador de uno de los estímulos de producción de contenido periodístico otorgados en el marco del #ForoVirtualCOVID19, con el apoyo de la Iniciativa Regional por el Reciclaje Inclusivo.

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A principios de 2019, la vida de Doris Estrada, comunicadora guatemalteca, giraba en torno a su esposo, su familia y su carrera. Aunque todo parecía normal, ya había indicios de que, tarde o temprano, todo cambiaría de manera significativa.

Como muchas personas, Doris estaba refugiada en su trabajo:colaboraba de manera recurrente con una agencia de relaciones públicas con sede en Costa Rica, liderada por su colega y amiga Karla Chaves. “[A Karla] le conté que estaba a punto de separarme. Le pedía que me pasara clientes, que me diera más responsabilidades”, dice Doris a Distintas Latitudes.

En abril de 2019, Doris comenzó a aceptar que la separación de su esposo era inevitable. “Karla me dijo: ‘venite a Costa Rica, te venís a despejar y vemos cómo llevar un proyecto a Guatemala’. Eso fue una semana antes de Semana Santa, entonces me fui”, cuenta. Fue entonces cuando Chaves, quien en 2008 había cofundado una iniciativa de reciclaje conocida como Ecolones, le propuso ser la cara visible de dicha iniciativa, hoy conocida como Ecoins, en Guatemala. Al principio fue muy difícil porque “en Guatemala no hay una cultura de reciclaje como en Costa Rica, entonces mi papel en las reuniones era el de aportar ideas, desde la perspectiva del guatemalteco promedio”, añade.

“En el transcurso de 2019, fuimos con Karla a Cancún, a presentar el proyecto y fue entonces cuando ya comencé a involucrarme de lleno en ello”, declara Doris. Previo a esto, el proyecto ya se había expandido a Panamá, Perú y El Salvador, con más de 76 mil usuarios en toda la región.

La idea de Ecoins nació luego que Chaves, junto con su equipo de relaciones públicas, detectaran que la falta de motivación y participación activa de la población era una de las razones por las que la mayoría de campañas de reciclaje fallan. “La visión era la de hacer parte a la gente de la cadena de valor del reciclaje”, dice Chaves.

Al mismo tiempo, se buscaba hacerles ver que el tema de la basura y la contaminación es una “consecuencia” de vivir en una economía lineal de consumo. “Un producto que es consumido solo por su contenido, y luego desechado, tiene un ciclo de vida corto. Para cambiar eso, hay que enseñar que ese envase tiene la oportunidad de vivir uno más largo y ser parte de un modelo circular”, añade.

La premisa de Ecoins es sencilla: para ser parte de este proyecto, la persona interesada ingresa al sitio web y crea su usuario. Acto seguido, según su ubicación, se le informa de la localización de los centros de acopio a los que podrá llevar sus residuos. En el centro de acopio, el recolector asigna la cantidad de Ecoins, según la cantidad y el tipo de residuos: plástico, vidrio, cartón, etc. Esta moneda virtual se puede utilizar para comprar productos y servicios de marcas afiliadas al proyecto.

Este modelo se basa en premiar la lealtad, cuando los clientes realizan comportamientos deseados, o sea, hacer “un uso inteligente y sistemáticamente coherente de tus residuos en casa. En lugar de dar millas cada vez que usamos una tarjeta de crédito, nosotros damos puntos cada vez que usted hace un buen uso de los recursos que ya consumi”, cuenta Chaves.

Karla Chaves, cofundadora de Ecoins en Costa Rica. Foto. cortesía.

La cultura y los cambios de hábitos

Después de unos seis meses de empaparse de todo el proceso de Ecoins, de realizar alianzas con centros de acopio y de reciclaje, y con empresas y marcas para generar beneficios a los socios, el 15 de noviembre de 2019 se lanzó oficialmente la plataforma en Guatemala. “Para mí fue una fecha especial, ya que ese día se celebraba el aniversario de mi matrimonio. Fue una manera de renacer a través de un proyecto de beneficio para la gente y el planeta”, recuerda Doris.

Al igual que Chaves, Doris buscó crear una comunidad activa y beneficiosa para el planeta. “Ellos preguntan ¿qué es lo que tengo que hacer? ¿cómo lo voy a hacer? ¿necesito tenerlo separado por categorías? Yo le explico, ya con mis propias palabras, cómo funciona, porque sé que cada persona que sepa la información exacta, me ayuda a que se multiplique más el mensaje”, dice.

Para poder “vender” el producto, primero debía de probarlo ella misma. El principal cambio en su rutina fue al momento de lavar los platos sucios: empezó a lavar recipientes de plástico desechable, vidrio, tetra pak o de hojalata que ya había usado. Luego de limpiarlos y secarlos, los separaba y embalaba, para enviarlos a un centro de acopio, donde inicia un proceso de reconversión a materias primas para tener una nueva vida útil.

En Guatemala existen ya unos 30 centros de acopio afiliados a Ecoins, y se han entregado más de 30,000 monedas virtuales que los socios han podido cambiar por productos y servicios. Aunque el proceso es laborioso, la promesa de beneficios económicos suele ser motivación suficiente para que la gente participe activamente de él. “Cuando la gente sabe que hay una recompensa, son más receptivos”, añade Doris.

Llamar la atención de los consumidores es una parte del proceso. El siguiente paso es el de ayudar a cambiar la percepción que se tiene de la gente que vive de la recolección de residuos para el reciclaje. “Existe este mal concepto que los recolectores tienen que vivir cerca de los desechos, que es una sociedad natural: la pobreza y la basura”, reflexiona Chaves.

Doris Estrada se involucró en el tema de reciclaje hace un año en Guatemala. Foto: cortesía.

Hacia modelos de reciclaje inclusivo y economía circular

En Escazú, una región al oeste de San José, Costa Rica, Marlen Chacón, una mujer que ha dedicado 19 años de su vida al reciclaje, valora de manera positiva la creación de estas nuevas plataformas, porque son especialmente útiles para que la gente comprenda el proceso del reciclaje y que sea parte del mismo, que empieza por la limpieza y la separación de los residuos. “A mí me enseñó a tener paciencia, a saber que todos aprendemos de diferentes maneras”, cuenta.

Marlen, quien ha sido parte de la andadura de Ecoins desde su concepción, y que también ha sido parte de la Red Latinoamericana de Recicladores y Aliados, le toca lidiar con los estereotipos ligados a su trabajo, ya que la gente espera ver a personas malolientes y mezclada con basura. “La gente aún ve al reciclaje (y los centros de acopio) como lugares en donde ir a botar algo que a ellos ya no les sirve. Es muy equivocado relacionar el reciclaje con la basura, porque, de cierta forma, sin recicladores el reciclaje es basura y los residuos mal tratados generan mal olor.”, dice Marlen.

Y es por ello que esta actividad, tan esencial en las sociedades modernas, debe de mejorar las condiciones de quienes se dedican a ello, y todo apunta a que se deben de fomentar cambios profundos en la cultura de consumo de las personas. “El manejo del plástico (y los residuos) es algo complejo. Es ahí en donde empieza el problema”, dice el Dr. Enrique Barreda, investigador ambiental de la Universidad de El Salvador, al hablar de la visión lineal de nuestro consumo. Barreda considera que el mundo debe migrar hacia un modelo en el que se aproveche de mejor manera lo que consumimos, y por eso es necesario cambiar las dinámicas actuales.

La economía circular, en esencia, concibe la fabricación de productos con materias primas reciclables, para entrar a un ciclo interminable de reutilización, impulsado, en la medida de lo posible, por energías renovables. “Siempre hay una botella de kétchup esperando a que desechemos la anterior. En el modelo circular lo que se busca es que la botella, la tapa y hasta la etiqueta sean reutilizadas para la creación de nuevos proyectos”, dice Chaves. “Todos los pasos de desecho tienen un valor y es clave que todos sepamos cómo funcionan”, añade.

Para alcanzar todo esto, tanto Chaves, como el Dr. Barreda y Marlen coinciden en que se debe de cambiar la imagen colectiva que el manejo de residuos tiene en la actualidad. “Yo vengo siempre perfumada y la bodega, a pesar del desorden, se mantiene limpia y desinfectada. Con los compañeros, somos conscientes de que es también nuestra responsabilidad ayudar a la gente a dejar atrás esos estereotipos”, dice Marlen.

Marlen Chacón, trabajadora de acopio en Escazú, Costa Rica. Foto: cortesía.

Hacia la cultura del reciclaje

La comunicación efectiva y orientada puede ser una herramienta para impulsar cambios estructurales. “Nuestra visión no es la de un ingeniero o un arquitecto, sino, como comunicadores, nuestra misión es buscar la manera de cómo involucrar a la gente”, añade Chaves.

Después de 12 años de trabajo y lograr expandirse en cinco países, Chaves y su equipo han logrado recolectar más de 3,300 toneladas de residuos reciclables (394 toneladas de botellas plásticas, 106 toneladas de envases tetra pak, 34,212 unidades de llantas o neumáticos, 128 toneladas de aluminio y 484 toneladas de vidrio, entre otros).

A pesar de estos logros, el concepto de reciclaje inclusivo sigue siendo desconocido en países como Guatemala y El Salvador. Incluso, el proyecto de Ecoins es confundido por aquellas monedas virtuales que ganaron popularidad unos años atrás. “Todos somos consumidores y todos generamos residuos”, recuerda Doris, por lo que todos debemos de tomar conciencia acerca de nuestro papel para reducir nuestro impacto en el planeta.

Además de Ecoins, en Guatemala hay otros proyectos que buscan incentivar el reciclaje en la población. En San Pedro La Laguna, un municipio al occidente del país, se ha prohibido el plástico de un solo uso y la separación de los residuos lo realiza el municipio. En la parte educativa  se editó un libro escolar dirigido a niños de primaria, en el que se enseña la importancia de la reutilización de los materiales que consumimos, el manejo del agua y la conservación del suelo.

En la municipalidad de la ciudad de Guatemala hay varios programas de formación, cuyo objetivo es brindar oportunidades de desarrollo a personas que viven en áreas marginales. Doris misma busca una alianza con la Autoridad del Lago de Amatitlán (AMSA), una entidad con fondos públicos que trabaja, entre otras cosas, en un programa de apoyo a los guajeros (recolectores), que trabajan en la limpieza de la cuenca de este lago cercano a la capital guatemalteca.

“El reciclaje es una industria muy ingrata y estigmatizada”, dice Chaves. A pesar de que en toda Latinoamérica hay unos 4 millones de familias que se dedican a esto, la gran mayoría tiene que lidiar con los conceptos de descarte y suciedad, que les prohíben acceder a mejores condiciones de vida. A esto, hay que sumarle la responsabilidad del estado del medio ambiente que el manejo de desechos tiene. Para lograr todos estos cambios, Chaves considera que el mundo, particularmente nuestros países, deben de dejar de vivir en modelos centralizados, así como crear más oportunidades para todos y todas. 

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Este texto forma parte de Nada es basura, una serie sobre cómo es, qué pasa y quiénes están en el ecosistema del reciclaje en América Latina. ¿Qué posibilidades existen para personas, gobiernos, empresas y organizaciones en la basura? 


Diseño de imagen: Alma Ríos.
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Jorge Rodríguez

Comenzó su carrera en 2002 en Guatemala. A mediados de la década de 2000, también comenzó mi carrera como consultor para importantes entidades internacionales, como el PNUD, UNICEF, la Unión Europea y otras ONG locales. Después de fundar Viatori, un medio de comunicación regional de América Central, centrado en temas como el medio ambiente, el desarrollo sostenible y los pueblos indígenas, comenzó a colaborar con los medios internacionales de todo el mundo. Ha trabajado con medios impresos, radio, televisión, medios digitales, revistas y productoras de documentales.

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