Cultivadoras de coca es una serie fotográfica realizada por Sara Aliaga Ticona, una fotoperiodista boliviana situada en la ciudad de la Paz en Bolivia, que presenta la labor de diversas productoras de hoja de coca en La Asunta, el municipio con mayor producción de hoja de coca del país (ver informe). Sus historias exponen cómo mujeres campesinas desde su vida diaria construyen sus lugares de lucha y posturas frente a existir en territorios poscoloniales focos de estigmatización y con una latente violencia de género, las redes de sororidad en que las mujeres crean sus vínculos y afectos son momentos y lugares en que se propicia su fortaleza y el cambio. 


 

Texto: Ara Goudsmit
Fotografías: Sara Aliaga 

 

La estética es también política, un juego de fuerzas que disputa lo que puede ser visible y lo que no, cómo sentimos y cómo percibimos aquello que nos rodea. Escuchar voces de mujeres cocaleras, retratar sus rostros, mostrar sus historias es, entonces, un acto estético y político para tejer nuevos imaginarios colectivos en relación al campo, las mujeres y la política de drogas. 

Bolivia ha sido catalogada como uno de los países (¡en el mundo!) con más violencia hacia la mujer. Dicha realidad no es indiferente a la vida de las mujeres productoras de coca y este es el intento de hacer visibles las demandas, necesidades y sueños de cultivadoras en La Asunta, el municipio con mayor producción de hoja de coca del país (ver informe). 

Ellas tienen un rol crucial en la economía de la coca.  Son cosechadoras, cuidan de sus hijos e hijas, realizan las tareas del hogar y, muchas veces, se encargan de la comercialización. En medio de los pesados deberes atribuidos históricamente a la experiencia femenina, ellas buscan encontrar espacios donde su voz sea escuchada y que la violencia se extinga de sus vidas. 

En sus incesantes voluntades por salir de los catálogos predefinidos, cada vez más mujeres ocupan y ejercen liderazgos. Tal es el caso de Estela Ramos, quien inspira este tránsito por la escucha de la voz de productoras para habitar un mundo donde ellas no tengan miedo a enunciar aquello que piensan y desean. 

Estela ha impulsado los primeros espacios en La Asunta para que el diálogo entre mujeres sea el germen de lucha contra la violencia, una que viven muchas cultivadoras tanto en sus entornos familiares como sindicales. Las redes de sororidad en que las mujeres crean sus vínculos y afectos son momentos y lugares en que se propicia su fortaleza y el cambio. 

Sus historias exponen cómo mujeres campesinas, desde su vida diaria construyen, sus lugares de lucha y posturas frente al existir en territorios poscoloniales, los focos de estigmatización y una latente violencia de género.  

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Este contenido es parte de #InteriorLATAM, un proyecto para contar historias y crear conversaciones más allá de las grandes ciudades de nuestra región. Suscríbete a nuestro newsletter mensual

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Esto fue posible gracias al Fondo para Investigaciones y Nuevas narrativas sobre Drogas otorgado por la Fundación Gabo y Open Society Foundations.

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