Jean-Baptiste Marckenson creció en Belladère, un pueblo de Haití fronterizo con República Dominicana, en el que no había biblioteca. Sin embargo, desarrolló un talento en la escritura el cual se reflejó en sus premios en diferentes concursos literarios. Ahora, Marckenson vive en Chile, donde cursa una maestría en estudios internacionales. Su formación base es la ingeniería industrial, y además de la literatura, en su agenda hace espacio para abordar el tema de la migración haitiana.

Marckenson se define como un hombre polifacético, y es uno de los 23 autores de toda América Latina y el Caribe que participan del Proyecto Arraigo/Desarraigo, una red digital de escritores latinoamericanos. Esto contó sobre su vida a Distintas Latitudes.

¿Cómo te acercaste a la literatura?

A la literatura yo no me acerqué por vía de la poesía, sino escribiendo textos y participando en concursos. Tenía un amigo que estaba en la escuela media y a él le gustaba hacer poesía y escribir en su cuaderno. A veces yo le preguntaba: ‟¿Por qué haces eso?, ¿por qué vienes a la escuela y nada más escribes texto?”. Con el tiempo me acerqué a mi amigo y tuve el deseo de hacer como él. No es que me gustara la poesía, sino que me acerqué a él y empecé cómo él hacía, empecé a escribir en mi cuaderno todos los días. Y me lancé a un concurso, como en 2003 creo yo, un concurso de textos, para sensibilizar a la gente sobre el sida. Y gané el segundo premio. Desde entonces empecé a escribir.

La gente no creía que yo era alguien que pudiera escribir textos, porque no tenía el perfil de un escritor. Tampoco el perfil de un intelectual. La gente pensaba que el texto tal vez fue escrito por un profesor. Al año siguiente, seguí participando en concursos. Yo llegué a ganar un primer premio, un segundo, hasta que la gente empezó a entender que fui yo. A partir de entonces, empecé a tener el deseo de recopilar todos mis textos en un libro, y ahí empecé a escribir mucho. Yo estaba en Haití, en mi pueblo, que se llama Belladère, cerca de la frontera con República Dominicana.

Escribí muchos textos de sensibilidad, de amor y de lo que yo había visto en la frontera también, hasta que tuve más de un centenar de textos y busqué personas que me ayudaran a corregir. En 2007 publiqué mi primer libro de poesías, en francés, que se llama Première Affiche: Plus de fiel qui de miel et Haïti dans ses deus cents ans (Primer afiche: más hiel que miel y Haití en sus doscientos años).

¿A qué edad empezaste a escribir?

Entre los 17 y los 18 años.

¿Cómo te acercaste a la lectura?

En mi pueblo no había biblioteca y uno a veces pasaba leyendo solo los textos de la clase, porque en Haití se dan clases de literatura francesa y haitiana. Pero no había muchos libros en mi pueblo. Fue en 2007, cuando fui a Puerto Príncipe, que empecé a ir a la biblioteca, a leer algunos autores, sin conciencia. El hecho de que uno empiece a escribir hace que uno quiera leer. Hay que leer lo que dicen los demás. Empecé a leer poesía, a leer cuento, novela, todo.

En todo este proceso, ¿cómo llegaste a desarrollar tu estilo propio?

Hasta ahora no puedo decir que tenga un estilo propio, porque la literatura necesita un acercamiento sin espacio de tiempo. Yo soy ingeniero industrial, estoy haciendo una maestría en estudios internacionales y me he enfocado mucho en lo social. Entonces, por no tener solo la literatura como pasión, no me sale decir que tengo una escritura propia.

Viajé de Belladère a Puerto Príncipe, a República Dominicana, y luego a Chile, donde vivo actualmente, y eso es un proceso largo. El proceso de identidad literaria o cultural es muy largo. Hay que dedicarse a eso. Pero sé que llegué a un estado de madurez cuando publiqué mi segundo libro, que se llama Orgasme de ma Voix (2013, Orgasmo de mi voz), porque ese libro fue objeto de crítica, por los críticos literarios, también fue objeto de felicitación, participó en varias ferias… El primer libro no fue así, porque fue una introducción a la literatura.

En 2014, publiqué Sobresaturado, y aquí me di cuenta de mi capacidad de escribir en otro idioma que no es el mío, que es el español, en otro contexto. Con esos textos me siento que no alcanzo una identidad como escritor, sino más bien una premadurez en la escritura.

¿Cómo terminaste en la ingeniería industrial?, ¿cómo construyes ese vínculo entre la ingeniería y tu pasión por la escritura?

Porque tengo la suerte de ser un hombre polifacético. No me limito en nada. Cuando llegué a República Dominicana en 2008 la primera cosa que busqué fue un taller literario, en la Fundación Literaria Aníbal Montaño. Ahí fui todos los sábados a escribir, a escuchar poesía, ahí me desarrollé. Mientras tanto, de lunes a viernes, tengo la ingeniería industrial.

¿Te gusta viajar?, ¿cuáles son los destinos que más te llaman la atención?

Sí, me gusta. Los destinos que más me llaman la atención son aquellos en los que puedo desarrollarme como profesional, como escritor. Y también lo desconocido, porque el poeta siempre quiere saber qué es lo que está detrás de la pared. Me siento más cómodo en los países hispanohablantes.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente, en el corto plazo?

Actualmente estoy haciendo una maestría en estudios internacionales en la Universidad de Santiago de Chile. Y sigo participando en las actividades literarias de PEN Chile.

Últimamente preparé una ponencia que se llama ¿Por qué Chile es un destino favorito para los migrantes haitianos? La presenté en la Universidad de Santiago de Chile y en la primera conferencia de migración acá.

Recientemente creamos una organización que se llama ‟Espacio de reflexión Haití-Chile”, donde hacemos debates sobre la problemática de la migración, debate de literatura, política…

¿Cómo influye tu identidad como haitiano en tu trabajo y tu literatura?

En la forma en la que yo expreso mi literatura, mi poesía. Porque cada poesía, cada texto depende del contexto. Desde afuera también refleja la nostalgia.

Si fueses un personaje literario, ¿cuál sería tu nudo y tu desenlace?

¡Eso es para mi novela! Yo soy el único hijo de mi madre y estuve enfermo por más de siete años. Empecé la escuela como a los ocho años, porque yo no podía caminar. Es una novela muy larga. Del esfuerzo que ha hecho mi madre para que yo tenga mi vida, porque ella fue una persona muy comprometida con mi estado de salud. Finalmente logré sanar, y salir adelante.