Este texto es parte de Científicas LATAM, una serie de perfiles biográficos sobre las mujeres dedicadas a la ciencia en distintos países de América Latina. Científicas que destacan por sus contribuciones en áreas como la biología, la física, la virología, la astrobiología. Cada mes, un perfil ilustrado por mujeres artistas gráficas.


Texto: Ketzalli Rosas
Ilustraciones: Ytzel Maya

Milenis es una mujer de disciplina. Pasa los días entre las horas de clase, las horas con sus tesistas y las horas en el laboratorio; además del tiempo que dedica a su hijo de 11 años y a las actividades que también la apasionan: el ejercicio y la carpintería. Esta constante organización de su tiempo la llevó a convertirse en física —en una época en la que en su natal Cuba la crisis económica fue devastadora— y a crear en otro país, que ahora también llama hogar, el primer laboratorio dedicado al estudio de la ciencia de los materiales, que a la par sirvió como el principal espacio de investigación para la entonces naciente licenciatura de Ingeniería física en el estado de Yucatán, en el sureste mexicano.

Milenis Acosta Díaz tiene 47 años. Estudió la licenciatura en Física en la Universidad de La Habana, Cuba. Precisamente inició sus estudios universitarios en el año en el que cayó el muro de Berlín (1989). Para Cuba aquellos años representaron una profunda crisis económica, la época llamada como el “periodo especial en tiempos de paz”. Para Milenis son un recuerdo hermoso: la austeridad que impulsó la fortaleza; las semillas que germinaron en la adversidad.

La física narra muy bien los recuerdos de esa época. Al menos el primer año de sus años universitarios, que ella denomina atípico pues pese a la crisis económica, la universidad se llenó de un grupo multicultural de estudiantes. En su carrera, de una matrícula de 20 estudiantes, llegaron a ser 120 en total. Todos los cubanos regados en los países del bloque socialista regresaron a la isla y se incorporaron a la Universidad de la Habana para culminar sus estudios. El intercambio y el apoyo de la entonces extinta URSS se venía abajo.

La misma Milenis, después de su preuniversitario (la preparatoria), se había mudado de Santa Clara —sitio donde vivía— a La Habana para estudiar alemán durante un año. Había obtenido una beca para estudiar su licenciatura en aquel país, pero con la caída del muro ésta desapareció.

“La formación en la isla fue muy buena, teníamos maestros muy buenos. Me tocó en la época de la transición económica en Cuba; de tener cierto apoyo por parte del bloque socialista, a no tenerlo. Fue una época de muchas limitaciones económicas para la vida de los estudiantes, pero la carrera tuvo mucha calidad: profesores, laboratorios. Teníamos un sistema muy estricto, un poco de la influencia de la universidad rusa, con un fuerte componente teórico y bastante trabajo experimental”, cuenta Milenis en nuestra primera entrevista telefónica. Ella actualmente vive a las afueras de Mérida, Yucatán en México.

—¿Por qué decidiste Física? —la interrumpo.

—Estudié Física porque mis maestros de la secundaria y el preuniversitario fueron muy buenos, excepcionales. Me enamoraron de la materia desde la secundaria, así que no fue nada difícil decidirme porque me gustaba bastante —responde orgullosa, pero reconoce que en su carrera eran pocas mujeres: apenas el 15% de toda la plantilla, dice.

Y entre risas me describe una anécdota de esos años: cuando era estudiante de licenciatura, constantemente había cortes a la corriente eléctrica, situación que orillaba a los alumnos a salir del complejo educativo a oscuras: ella bajaba 15 pisos de escaleras entre las tinieblas.

“Una cosa surrealista”, lanza con una carcajada.

Milenis abandonó Cuba cuando inició sus estudios de doctorado en México, apenas dos años después de que concluyó la licenciatura. Dejar la isla fue una decisión natural: ella quería dedicarse a la investigación, incluso pensó en quedarse a trabajar en la misma universidad que la formó, pero cuando se presentó la oportunidad de migrar para continuar con su línea de investigación (los materiales superconductores), no lo dudó.

“En Cuba el ambiente en el laboratorio era estimulante, relajado, positivo; había mucho entusiasmo. Además el tema era nuevo en ese entonces [1995]. En América Latina, Cuba fue de los primeros en obtener estudios de materiales superconductores”, me relata Milenis, con una sonrisa que intento imaginar a través del auricular del teléfono.

—¿Explícame, por favor, qué son los superconductores, Milenis? —le pregunto y ella de inmediato comienza la explicación. Por un momento la imagino de espaldas al pizarrón de un aula de clases.

Milenis me explica que los superconductores son un tipo especial de materiales que pueden conducir la corriente eléctrica casi sin ofrecer resistencia, y, por tanto, sin que se produzca una “pérdida” energética.

—Eso tiene mucha importancia porque el 40% de la energía que uno produce se pierde en el transporte, que podría alcanzar para cubrir la demanda si fuera sólo con superconductores —explica.

Sin embargo, estos materiales tienen esta propiedad especial si están a una temperatura muy baja, menos 200 grados Celsius, dice Milenis. “Ahí viene la limitación tecnología de emplearlos. Pero se usan en los generadores de campos magnéticos que hay en los equipos de resonancia magnética nuclear que se emplean en medicina para estudiar imágenes del cerebro y demás. Los imanes que se usan ahí están hechos con cables superconductores”, remata.

Precisamente en el estudio de las propiedades de estos materiales, para saber cómo es el paso de la corriente, cómo se da el comportamiento de estos materiales en presencia de campos magnéticos, es la investigación que Milenis realiza.

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Milenis llegó a Mérida, Yucatán, en 1997. Un estado famoso por sus playas en el Golfo de México y por las ruinas mayas; a tan sólo 1176 kilómetros de Cuba. La joven Milenis tenía 27 años. De inmediato se integró al equipo de investigación del Laboratorio de superconductividad, donde trabajaba el físico mexicano Víctor Sosa Villanueva y con quien, durante dos años, el doctor Óscar Ares, asesor de tesis de licenciatura de Milenis en Cuba, había establecido relaciones de colaboración y de intercambio académico.

Sosa Villanueva se convirtió entonces en su asesor de doctorado. Así, co-asesorada por los dos científicos, Milenis desarrolló su investigación en el tema de los materiales superconductores que ya había investigado en la licenciatura.

“El gran aporte de la tesis de Milenis fue que, a través de un proyecto experimental, ella trabajó para encontrar una posible manera de fabricar un superconductor que presentará el Efecto de Josephson, y lo logró”, relata el investigador del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), unidad Mérida, en entrevista telefónica.

Así, de agosto de 1997 a agosto del 2000, Milenis se dedicó a su doctorado, becada para el Cinvestav de Mérida a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores Mexicana.

“Ella fue la primera estudiante extranjera que tuve. Cuando trabajé con ella me di cuenta de su conocimiento en Física. ¡Qué bárbara! No había nada que enseñarle en Física teórica. Si algo no sabía, se ponía a estudiar y aprendía muy rápido”, relata el doctor Sosa Villanueva.

Quizá por eso no sorprende que Milenis en su trayectoria como científica ha publicado más de 20 papers en revistas especializadas y está catalogada como investigadora nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

El también físico la recuerda como una estudiante dedicada, pero también como una mujer muy alegre y dicharachera. “No sé cómo sean todas las cubanas, pero ella era muy sonriente, muy cálida”, relata su ahora colega.

Al terminar el doctorado, Milenis pasó un año en Canadá; para ese entonces se había casado con un biólogo mexicano a quien acompañaba a su doctorado al país del Norte de América. Al regresar, se encontró con que se había fundado la licenciatura de Ingeniería física en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) y Milenis aplicó para una plaza. Desde 2011 trabaja como docente en esta universidad con estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado. En la actualidad es profesora titular C, uno de los máximos puestos como docente.

Un proyecto de investigación

Milenis tiene una voz dulce, melodiosa y a pesar de que casi la mitad de su vida la  lleva viviendo en México no ha perdido su acento. Desde que le propuse la charla, gustosa aceptó y fue contundente: sólo dispongo de una hora, al mediodía, los lunes. Respetuosa de sus tiempos, se hizo un espacio para la conversación, porque luego tiene calendarizado su día: tiene que recoger a su hijo y llevarlo a sus actividades deportivas, para luego regresar  a uno de sus espacios más preciados: el laboratorio.

“Fue todo un reto tener un laboratorio funcional y mantenerlo, durante 20 años ya. Es un espacio para vincular estudiantes, investigadores. No existía otro igual. No había laboratorios de investigación”, me asegura en nuestra segunda charla.

El laboratorio en el que trabaja Milenis se lanzó como respuesta a la reciente creación de la carrera de Ingeniería Física (a finales de los años 90), que para entonces tenía cinco años de fundación. Milenis precisa que formar dicha licenciatura ha sido de los proyectos más importantes en los que ha participado, ya que una carrera vinculada a la Física en el sureste mexicano ha resultado todo un un éxito, pues ahora también existe la maestría y el doctorado.

“En el estado de Tabasco había un primer programa, pero implementarlo en Yucatán ha sido un gran logro. Los estudiantes con perfiles en Física no pueden siempre trasladarse a Tabasco o a la Ciudad de México a estudiar”, dice Milenis.

Así, para consolidar la carrera se pensó en la creación de laboratorios de investigación dedicados a esta nueva oferta académica, fue entonces que con proyectos financiados por Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y apoyos de la UADY se impulsó la creación del Laboratorio de ciencia de los materiales, donde trabaja Milenis.

En la actualidad, el laboratorio tiene colaboración con el Cinvestav, con la Universidad de Texas, con la Universidad de La Habana y otros institutos y colegas de México y otros países. El objetivo es vincular estudiantes e investigadores e impulsar el trabajo colaborativo.

Esta situación se da en un contexto en el que hay un creciente desarrollo de la ciencia en Yucatán. De acuerdo con el Conacyt, el estado peninsular del sureste mexicano, ha atravesado en la última década un periodo de consolidación y expansión de la ciencia, “convirtiéndose en tierra fértil para campos tan diversos como la biotecnología, el análisis de datos, las energías renovables y los estudios transdisciplinarios de las zonas costeras”.

Precisamente, fue en mayo de 2008 nació en el estado el Sistema de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico del Estado de Yucatán (SIIDETEY), fundado por 10 instituciones de investigación y educación superior con la misión de fomentar una nueva forma de pensar y hacer ciencia, y convertir a Yucatán en un estado científico.

“Ésta es un un área importantísima para el desarrollo de un país. La Ingeniería física es el puente entre la parte más dura de la ciencia y la aplicativa a procesos tecnologicos, productivos. Para México es importante para el desarrollo y crecimiento de economía. Para hacer propuestas de tecnología e innovación, hace falta gente formada en Física”, dice contundente y remata: “Ahora sólo hace falta modernizar la infraestructura del laboratorio para no quedarnos atrás”.

 

La otra cara del espejo

Milenis se muestra sencilla cuando le pregunto cómo es como profesora. Es sincera: “Mi formación no fue en la parte pedagógica. Al principio uno es muy estricto, creo que para demostrar que uno es el que sabe, pero con el paso del tiempo, uno también va aprendiendo”.

Milenis da clases de ocho a 12 horas a la semana en los programas de licenciatura. Pero también tiene dos estudiantes de doctorado y uno de maestría, a quienes también les dedica el tiempo que le sobra entre clases para que conversen sobre resultados, mediciones o sobre los artículos que estén escribiendo.

Además, siempre interesada en las cuestiones académicas y docentes ha participado de manera activa en todas las modificaciones que se han realizado al plan de estudios de la carrera. Pues como profesora tiene ganas de enseñar. De mejorar su labor como docente.

Por eso no sorprende que haya opiniones de sus alumnos como éstas: “Excelente profesora, su clase es motivante y te ayuda a ganar confianza como físico”, “Le echa ganas a su clase y motiva a los estudiantes. Rescata una mala pregunta y la convierte en algo interesante. Apoya con dudas e incluso da clase extra para cubrir mejor los temas”.

Milenis dice que “lo importante no es lo que tú sabes, sino lo que le haces llegar al otro. Transmitir un conocimiento tiene su ciencia”, por eso ella toma cursos para poder mejorar su proceso de enseñanza. Además porque considera que se deben aumentar los recursos en la educación pública para que todos los estudiantes tengan una educación de calidad, sin importar en el tipo de escuela a la que asistan, o si son hombres o mujeres.

En ese punto de nuestra charla es irremediable que hablemos de la cuestión de género:

“Me parece una demagogia la cuestión de género en la ciencia. Poco implementado. Es un concepto bastante vacío, es una intención de política. La gente habla mucho de eso y se trata de justificar con números, pero la mayoría de las veces no reflejan el estatus real de lo que se ha logrado. Hay que seguir trabajando esas oportunidades para las mujeres”, dice y me comparte lo complicado que es para las mujeres en la ciencia compaginar la maternidad, por ejemplo. Me cuenta que por eso su hijo Ian ha crecido en los laboratorios, a lado suyo, y por eso lo está educando sin prejuicios sexistas: “él lava los trastes, hace quehaceres en casa”.

La infancia, destino

Milenis nació en Santa Clara, la ciudad que en 1958 fue tomada por el Che Guevara durante la revolución cubana dirigida por Fidel Castro contra Fulgencio Batista. Los recuerdos de aquella ciudad los revive en las extensiones de tierra con campos verdes en los que disfrutaba correr con su hermana rodeada de vacas.

Aquellos paisajes del centro de Cuba son los recuerdos de las vacaciones y de algunos fines de semana que visitaba a sus padres, pues Milenis durante seis años de su vida estudió en un colegio internado, que tenía un perfil específico en ciencias: la vocacional Ernesto Che Guevara, a la cual asistió por su excelente promedio. El complejo donde cursó la secundaria y el preuniversitario tenía teatro, alberca, espacios que para Milenis fueron maravillosos para complementar su formación académica.

“Fueron años muy positivos. En esos años, como que en Cuba se borraron un poco los roles y cualquiera podría estudiar lo que quisiera. La infancia era idílica. Todo era muy homogéneo”, relata Milenis sonriente.

Entre aquellos muros fue donde conoció al profesor Hermes Monson, quien determinaría una de sus pasiones: la Física.

“Era un físico, ya mayor, pero cuando explicaba, a mí me fascinaba”, dice.

A Milenis, de niña, le encantaba ir a la escuela y leer. “Leía todo lo que pasaba por mis manos, incluidas las revistas soviéticas que tenía mi papá. Libros de José Martí. Todo”.

En la actualidad disfruta de las novelas de García Márquez, Vargas Llosa, Saramago, Octavio Paz y Murakami, y la ciencia ficción de Isaac Asimov.

Milenis era de las universitarias que se encerraba en la biblioteca del Capitolio en La Habana, porque contaba con bastante material bibliográfico, y dedicaba medio día de sus sábados a estudiar. Se abocaba a jornadas extenuantes de estudio. Pero también caminaba por el malecón y disfrutaba de la brisa del caribe en su rostro. Los domingos asistía a festivales de cine, teatro, ballet; a los museos. Y sólo volvía a Santa Clara cada dos o tres meses a visitar a su familia: su padre, un navegante aéreo, y su madre, una obrera avícola. Julio y Elda.

—¿Fue difícil adaptarte a México?  —le preguntó en la segunda entrevista que tenemos.

—Sí, porque estaba acostumbrada a la enormidad de La Habana, nada comparado con Mérida. Estaba acostumbrada a la conectividad de la vida cultural y Mérida se me hizo muy pequeña. Pero ya después metida en el laboratorio me adapté. El clima se parece mucho y fue fácil adaptarme a la cultura, la comida, la música. Llevo 20 años aquí. Mérida es mi casa también, mi país.

—¿Y alguna vez pensaste en regresar a Cuba?

—Hubiera sido difícil insertarse en el mercado laboral de Cuba, por la crisis. De mis compañeros de generación cinco se quedaron en la isla, el resto está regado por el mundo. A nivel laboratorio es muy difícil implementarlos por los recursos e infraestructura que se necesita, pero a nivel académico hay muy buenos profesores y lo bueno es que se establecen colaboraciones con otros laboratorios en otros países.

Milenis ya se nacionalizó mexicana.

***

Milenis se levanta todos los días a las seis de mañana. Sólo duerme siete horas en la noche, dice que no le gusta dormir mucho y menos de día. Tres veces a la semana, dos horas por vez dedica tiempo a hacer ejercicio, pues siempre que puede se inscribe a triatlones. También va a nadar con su hijo. Sus tiempos libres los dedica a hacer muebles, pues disfruta mucho de la carpintería, y también a la jardinería; ella poda su jardín. De vez en cuando va al mar, pues está muy cerca de su casa. Le gusta la tranquilidad de Mérida, pero sobre todo los tiempos de investigación en el laboratorio.

—¿Te falta algo por hacer?

—Continuar. Seguir con todo lo que hago.