[Este texto es parte de Las Hackers, una serie de perfiles sobre las desarrolladoras de mayor impacto en América Latina. Cada semana, un perfil distinto. De México a Argentina, de El Salvador a Paraguay, ellas están cambiando la región con código].


TextoFlorencia Luján

Después de trabajar durante cinco años en una empresa multinacional que desarrolla software y aplicaciones, donde lideró operaciones en Ecuador y Chile, Leslie Jarrin llegó a la conclusión de que era momento de dar un paso al costado y asumir un nuevo reto en su carrera:

“Hace dos meses decidí volver a cambiar mi rumbo, hay momentos en la vida profesional en los que una siente que debe hacer cosas diferentes, la emprendedora que llevo dentro ganó y me hizo dejar ThoughtWorks”, publicó Leslie en su perfil en LinkedIn a principios de junio de 2018.

Lina Samaniego —Jefa de Finanzas de ThoughtWorks— comentó la publicación de Leslie: “Me sorprendió el empoderamiento que das a tu equipo y a nosotras las mujeres”.

Estaba hecho, Leslie Jarrin dejó atrás el puesto de Managing Director de ThoughtWorks Ecuador para afrontar un nuevo reto: el hackeo social, el cual impulsaría desde Soporte Libre, su propia empresa.

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Leslie Jarrin es Ingeniera en Sistemas, tiene 42 años y es ecuatoriana. Lleva 23 años dentro del ecosistema tecnológico y emprendedor de Ecuador, diez de ellos los pasó dentro de multinacionales, otros diez  en su propia empresa y los tres que restan formando parte de espacios como Mujeres por Ecuador, Laboratoria y otros.  

Su carrera empezó en 1995, tenía apenas 19 años y le tocaba costear sus estudios en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, por ello se especializó en sistemas dominando lenguajes de programación como lo son Oracle y JavaScript.

En 1998 ingresó al puesto de Consultora de Ventas en Oracle, estuvo allí durante cuatro años, tiempo en el que tuvo un proceso de investigación respecto a temas de Software Libre, lo que la incentivó a renunciar y fundar su propia empresa a los 25: Soporte Libre.

Soporte Libre abrió sus puertas en 2005 para ofrecer lo que hasta el momento no existía en el mercado tecnológico de Ecuador: asistencia técnica de nivel empresarial sobre plataformas de infraestructura basadas en Software Libre y Open Source.

Transcurrieron diez años hasta que el dueño de la empresa global ThoughtWorks le propuso a Leslie liderar las operaciones en Ecuador y Chile. Esa experiencia la tuvo fuera de su empresa cinco años. En este tiempo ella comprendió que la lucha por la justicia social desde la trinchera tecnológica es posible.

Y en abril de este 2018, Leslie se reincorporó como Gerenta de Innovación en Soporte Libre.

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Leslie Jarrin busca impulsar un “hackeo social” en las organizaciones tecnológicas en Ecuador. Sabe que es un  proceso que comienza de adentro hacia afuera, por eso regresó a Soporte Libre.

“Desde el área de innovación busco repensar Soporte Libre, tomar todo el potencial y conocimiento de las diversas personas que componen la empresa, para crear productos y servicios que impacten de manera positiva”, explica Leslie.

Por ejemplo, en el  primer mes de trabajo desde su reincorporación, Leslie logró que un empleado que pertenece a la organización desde hace doce años, quien se encontraba desmotivado y sentía que no servía para nada, cambiara radicalmente, sólo bastó cambiarlo de puesto.

“Los seres humanos necesitamos esa motivación externa para hacer cosas que quizás por iniciativa propia no haríamos, entonces al equipo siempre les pregunto: si tienen esta capacidad, ¿no les parece un desperdicio el no usarla?”, me comenta.

Jarrin confiesa que su forma de trabajar “acelerada y arriesgada” y su personalidad “fuerte y determinada”, la tienen dentro de ese grupo de personas a las que se las ama o se las odia, así sin un término medio.

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Hay noches en las que Leslie no logra dormir porque toma conciencia de que el “hackeo social” es un trabajo de alto riesgo, que por momentos le genera cansancio, incertidumbre y ganas de conseguir un trabajo tranquilo y estable.

Sin embargo, hay crepúsculos en los que se siente feliz de volver a construir equipos o “sacudir cerebros”, así es como denomina la ecuatoriana el proceso de reconocerse y repensarse dentro de una organización y también en el interior de cada persona.

“Soy de las personas que puede tomar una iniciativa si cree que es justa y para el bien común, creo que es eso lo que me ha hecho sobrevivir dentro de esta industria siendo mujer y ecuatoriana”, me dice Leslie.

Pero,  ¿cómo ganó Leslie terreno dentro del ambiente emprendedor y tecnológico ecuatoriano? Hay tres anécdotas que permiten entenderlo.

La primera se remonta a la infancia de Leslie, al día en que su padre le enseñó a nadar: “Él me llevó a una piscina olímpica, yo tenía ocho años, y simplemente me dijo que me lanzara, que cualquier cosa él estaba ahí para mí. Yo me lancé y salí nadando, así fue que aprendí a nadar. Cuando recuerdo esa anécdota siempre digo que mi padre metió en mi cerebro un chip que me hizo creer que yo puedo hacer cualquier cosa”, relata Jarrin.

La segunda anécdota ocurrió años después, en 1993 cuando terminó la preparatoria, entonces supo que su madre y su padre no podrían costear sus estudios universitarios y no lo dudó. Comenzó a estudiar Ingeniería en Sistemas, pero para ello tuvo que pedir un crédito, buscar trabajo y conseguir becas. Lo que marcó el rumbo de su carrera fue su personalidad arriesgada y la necesidad que la impulsó a innovar.

El tercer momento fue cuando, en 2005, a sus 29 años, se paró delante de 20 hombres y les dijo que se autonominaba para ocupar el directorio de MachángaraSoft. “Si me preguntas cómo me sentía en ese momento [cuando se propuso como directora], no voy a negar que casi me muero, me dolía el estómago, sudaba frío, pero el objetivo era mayor que todo eso, entonces ganaba ahí la autopresión poder con esas situaciones”, confiesa Jarrin.  

El objetivo de Leslie Jarrin no era sólo ponerse delante de  esos hombres que le doblaban la edad y mostrarse fuerte, sino algo mucho más profundo: enfrentarse a un esquema social preestablecido demasiado fuerte desde entonces.

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Una de las preocupaciones de Leslie Jarrin es la falta de diversidad y la igualdad de oportunidades que hay en las organizaciones tecnológicas en América Latina.  “Si bien se habla mucho de la diversidad dentro de las organizaciones, no es cierto: llegas a la empresa, te sientas y te enfrentas a sexismos, discriminación”, expresa

Jarrin desde principios de su carrera tiene una obsesión con Ecuador, que fue la que finalmente la impulsó para renunciar a su puesto de alto impacto en ThoughtWorks, y volver a la empresa que creó junto a su marido a los 25 años.

“Ecuador tiene una cabeza muy tradicional, compleja y retrógrada, las empresas son como elefantes que se mueven super lento, y al estar dentro de un mercado local tan pequeño, los avances tecnológicos no son nada veloces”, reflexiona.

Por eso, desde  su desvinculación con ThoughtWorks, Leslie Jarrin se propuso luchar contra esos elefantes que caminan a paso lento y mostrarles que les podría ir mejor si miran fuera de esa caja cuadrada en la que están inmersos hace décadas. “Necesitamos entender el mundo”, piensa.

Un gran desafío para entender el mundo, según Jarrin, es comprender todos los beneficios que genera apostar realmente a la diversidad dentro de las empresas: “Para mí la diversidad es básica si uno quiere salir de esa caja totalmente cuadrada. Siempre digo que si tú te rodeas todo el tiempo de tus amigos, sólo estás buscando quien corrobore tus ideas no quienes las reten, para mí es vital que las personas reten lo que estás pensando porque sino terminas haciendo siempre las mismas cosas”, asegura.

Leslie Jarrin aclara que la diversidad no es sólo llenar las organizaciones de personas de diferentes géneros, edades e ideologías, sino lograr que todas estas partes puedan sentirse ellas mismas dentro de ese espacio. Hay una frase que le gusta mucho y siempre utiliza cuando de este tema se trata: “La diversidad es que te inviten al baile, la inclusión es que te saquen a bailar”.

“En el futuro me gustaría hacer esto en otras empresas, decirles tienes una organización con 800 personas, pero sólo diez  de ellas son las que piensan: hola, tienes ahí 800 cerebros, seguro van a ver muchas ideas más para hacer crecer tu negocio”, comparte.  

Todas estas ideas “locas”, tal como las describe Leslie, hacen que por momentos se sienta un bicho raro dentro de las comunidades en las que trabaja, aún así sostiene que al final del día todos somos iguales y lidiamos con el mismo tipo de problemas.

Leslie Jarrin es una hacker que sabe todo lo que implica levantar una empresa, desde vender, cobrar y limpiar, hasta replantear el liderazgo. De eso se trata el hackeo social, de sacudir y transformar los cerebros.