“Cuba en América Latina. América Latina en Cuba” es una serie historias elaboradas por la Tercera generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas para generar conversación regional con la isla caribeña a través de personajes y situaciones que permitan delinear una vinculación más profunda.


Texto: Norma Flores Allende (El Salvador)
Ilustración: Alma Ríos (México)

Lilian Azuaga es una mujer de 35 años que cuando inició sus estudios universitarios tuvo que salir de su natal Paraguay para cumplir el sueño que desde pequeña tenía: ser médica. Por la adversa situación económica familiar, el hermano de Lilian, quien también es médico, inició su carrera en la Universidad Nacional de Asunción, una institución pública de la capital paraguaya en la que anualmente se presentan al examen de admisión más de mil estudiantes y sólo ingresan poco más de 100. Mientras que Lilian decidió perseguir una beca para ingresar a la Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba (ELAM) y así seguir los pasos del resto de su familia (primos, incluso su hermano, quien después también tuvo que migrar para seguir su formación) que ya se encontraba estudiando en Cuba.

Hasta 2013, la isla caribeña se erigía como importante opción a la hora de postular para una beca. Así, numerosos estudiantes paraguayos de escasos recursos encontraron en Cuba la única posibilidad de estudiar y convertirse en profesionales, muchos de ellos médicos.

En el año 2006, Lilian logró ir a la isla a estudiar. Se sintió en casa, ya que allá encontró a gran parte de sus seres queridos. En aquel país también conoció personas importantes en su vida: desde una amiga, Claudia; hasta una pareja, un becario ecuatoriano, con quien tuvo un hijo.

Fue en el segundo año de la carrera cuando Lilian descubrió que estaba embarazada, por lo que tomó una licencia de maternidad y culminó la carrera de medicina en siete años. “Me preguntaron si quería tenerlo, ya que el aborto es legal allá, y yo dije que sí, porque estoy en contra del aborto. Entonces me prepararon una licencia de maternidad y regresé a estudiar un año después. El momento más duro que viví fue haber dejado a mi bebé chiquito en Ecuador”, recuerda Lilian.

Claudia Jara, paraguaya de 34 años de edad, conoció a Lilian siendo estudiante en Cuba y hoy ambas profesionales conservan una amistad entrañable. Claudia también se enamoró de otro ecuatoriano con quien tuvo un hijo.

“Estudiar medicina es un sueño muy difícil en un país en donde los trabajadores humildes no poseemos oportunidades”, comenta Claudia. Ella llegó a Cuba con menos de 20 kilos de equipaje, sin saber nada de la isla, mientras que encontró a Lilian, su compañera de habitación, “preparada para la guerra”.  

Lilian y Claudia provienen de familias muy carenciadas, ambas se dedicaron a la venta de comida, ropa y todo lo que llegara a sus manos para poder sobrellevar la escasez que encontraron, principalmente en lo que respecta a elementos de aseo y comida. Fue así que se regresaron a su país  muy unidas.

“Lilian tenía entre 20 o 40 pesos convertibles, y yo nada. Ella me prestó ese dinero y comenzamos a vender hamburguesas, ropas, de todo un poco. Si alguien decía que teníamos puesta una blusa linda, se la vendíamos”. La venta representaba una comida extra, más allá de lo que ya les ofrecían en la ELAM.

La generosidad de los cubanos fue una grata sorpresa. Claudia quien encontró allá a una “mamá postiza”, una cubana que siempre le ayudó y le apoyó. “Cuando no tenía para mi pasaje, ella me apoyaba. Cuando no tenía qué comer, ella me tenía preparado un plato de arroz con frijoles. Los cubanos son personas con mucha calidad humana, mucho sentido de la empatía”. Hasta el día de hoy ella sigue en contacto con su segunda mamá.

La posibilidad de un futuro mejor para muchos paraguayos estuvo en Cuba

Lilian y Claudia coinciden en que la beca a Cuba fue la única oportunidad que tuvieron para cursar una carrera universitaria ya que en Paraguay es sumamente difícil, sino imposible, para la mayoría de la población acceder a la educación superior.

Ahora ambas son médicas. Claudia, además, aprovechó la ocasión para estudiar diferentes idiomas ya que era consciente de que en su país eso no estaba a su alcance.

En Paraguay, el 60 % de la niñez y adolescencia debe abandonar el sistema educativo para abocarse al mundo laboral  o a labores del hogar y de cuidado en el caso específico de las mujeres. Paraguay es uno de los países latinoamericanos en donde el acceso a la educación es menor. En cuanto a los estudios superiores, solo 4 de cada 100 jóvenes puede acudir a la universidad. Las trabas son siempre factores económicos. Estudiar en Cuba ha sido para muchos paraguayos la única salida.  

La Embajada de Cuba en Paraguay precisa que aproximadamente 1,300 becas han sido otorgadas desde el gobierno del presidente paraguayo Nicanor Duarte Frutos que inició en el 2003. La becas fueron descontinuadas a partir del mandato de Horacio Cartes, iniciado en el 2013. Desde entonces, el embajador Raúl Gortázar Marrero comenta que su gobierno está a disposición de seguir colaborando con Paraguay ya que cotidianamente jóvenes de escasos recursos se contactan con la embajada para consultar acerca de las posibilidades de estudio en la isla.

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Para Paraguay, Cuba siempre ha sido sinónimo de miedos sociales. Pero para los becarios paraguayos fue el descubrimiento de un nuevo mundo, uno hasta un poco más libre, seguro y feliz que aquél que dejaron atrás, dentro de una realidad que otorga algunos privilegios a los extranjeros, pero que también les hace partícipes de educación y la salud, derechos escasos en sus países de origen.

Las caminatas a la madrugada por el Malecón los fines de semana libres les permitieron a Lilian y Claudia encontrar una seguridad que no habían experimentado antes en Paraguay. “Me sentía más libre para salir a cualquier hora”, expresa Claudia. Situaciones de acoso y violencia no eran lo habitual, por lo que recorrer las calles cubanas les resultó una experiencia muy diferente a la acostumbrada en las urbes paraguayas.

Claudia no es la única paraguaya que encontró una sensación de seguridad en Cuba. El doctor Ever Ortíz, otro exbecario paraguayo, confirma que salir del clóset en Cuba es más fácil que en Paraguay. “Me sentí mucho más seguro en Cuba. Obviamente hay discriminación allá, pero no tan fuerte como aquí en Paraguay”. Ever vivía en Santa Clara, la capital LGBTI+ de la isla, y a su vuelta, experimentó un gran choque con la intensa cultura conservadora de Paraguay, uno de los países con el índice de homofobia más alto de América. Motivado por lo que encontró al regresar, el médico hoy atiende en una clínica abierta para la comunidad LGBT en la capital paraguaya, Kuimba’e, de la organización sin fines de lucro SOMOSGAY.

Además, Lilian y Claudia afirman que en ningún momento se sintieron forzadas a abrazar el socialismo o el comunismo; es más, comentan que allá encontraron la oportunidad de ampliar sus horizontes. Si bien tienen sus coincidencias con lo que encontraron en su estadía, también tienen sus diferencias.

“Hay cosas que no me gustan del comunismo y hay otras cosas que sí y las rescato”, explica Lilian señalando que no está de acuerdo en que un taxista pueda ganar más que un médico. Claudia concuerda: “Yo no estoy de acuerdo porque creo que uno debe ganar de acuerdo con los años de sacrificio”.

Haber estudiado en Cuba, más que humildad de carácter, brinda una perspectiva de humanidad y empatía a su profesión, con un compromiso de servicio a la sociedad. “La solidaridad nos nace allá. No por ser médica me voy a creer más que nadie; es difícil encontrar eso en un médico egresado en Cuba”, manifiesta Claudia.

Retornar de una isla a otra

A pesar de los méritos, los títulos, los posgrados, los becarios paraguayos que estudiaron en Cuba confiesan que es muy difícil encontrar trabajo en Paraguay, un país en donde los contactos y el padrinazgo político pesan en demasía y en donde la discriminación es también un importante factor excluyente. Claudia dice que a su vuelta como profesional a Paraguay siente no tener las mismas oportunidades que otras personas. “Ni como doctora puedo acceder a atención médica de calidad; no tengo seguro médico”.

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Volver a la isla es un anhelo de muchos de los estudiantes que han ido a Cuba. Algunos privilegiados eligen este país como su destino favorito de vacaciones. Claudia está segura de que desea ver de vuelta a su “mamá postiza”.

Lilian recomienda la experiencia de ir a estudiar a Cuba, más allá de lo que se diga. “La gente que siempre opina más sobre un lugar es la que menos conoce. Uno tiene que arriesgarse y conocer por sí mismo. Sabemos la realidad en Paraguay en donde la educación no es para todos. Y si uno tiene la oportunidad de ir a estudiar medicina ¡que vaya!”. Claudia comenta que no cambiaría nada en su vida. “Me iría de nuevo a Cuba porque fue una experiencia única”.

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[Este texto es parte del especial “Cuba en América Latina. América Latina en Cuba” que incorpora reportajes y crónicas desde 10 países de la región].