Imagen: mapa latinoamericano del Open Data Barometer, tomada del sitio web

América Latina es una región en la que existe un fuerte movimiento de sociedad en materia de datos abiertos. Además, ha existido un importante avance en la implementación de políticas públicas y compromisos políticos en la materia. En este contexto, ¿qué es lo mejor y lo peor que ofrece la región en esta materia?

Una aproximación se puede hacer mediante el Open Data Barometer, una medición del estado de los datos abiertos en 115 países del mundo, incluyendo la casi totalidad de países de América Latina. De acuerdo con este índice, los países mejor posicionados de la región son México y Uruguay, y los más rezagados, aparte de Haití, son Venezuela y El Salvador.

“El Open Data Barometer tiene como objetivo descubrir el estado e impacto de las iniciativas de datos abiertos en todo el mundo. Para ello analizamos las tendencias mundiales y proporcionamos datos comparativos sobre países y regiones utilizando una metodología en profundidad que combina datos contextuales, evaluaciones técnicas e indicadores secundarios en tres áreas específicas”, dijo a Distintas Latitudes Carlos Iglesias, investigador senior en data de World Wide Web Foundation, organización que produce el barómetro.

Estas tres áreas son preparación para iniciativas de datos abiertos, implementación de programas de datos abiertos, e impacto que los datos abiertos están teniendo en los negocios, la política y la sociedad civil.

“Después de tres ediciones previas exitosas, esta cuarta (2016) marca otro paso adelante hacia el logro de una herramienta global para la formulación de políticas con un proceso participativo e inclusivo y un fuerte enfoque regional. El Barómetro de este año amplía su ámbito hasta 115 jurisdicciones e incluye también un análisis regional y una evaluación del desempeño de los gobiernos en el cumplimiento de los principios de la Carta de los Datos Abiertos”, dijo Iglesias.

“El Barómetro es un esfuerzo verdaderamente global y colaborativo, con aportaciones de más de 100 investigadores y representantes gubernamentales. Se necesitan más de seis meses y más de 10 mil horas de trabajo de investigación para recopilar toda la información necesaria. Durante este proceso, respondemos a más de 20 mil preguntas y más de 5 mil comentarios y sugerencias”, agregó.

Entendido esto, ¿cómo están los mejores y los peores casos de la región?

Venezuela

Fuera de Haití, en el Caribe, Venezuela es el país peor posicionado de América Latina en el Open Data Barometer. En prácticamente todos los indicadores del barómetro el país tiene mala calificación, exceptuando la existencia de datos.

De acuerdo con Arysbell Arismendi, coordinadora del proyecto de liberación de datos públicos en Venezuela, Vendata, uno de los aspectos más problemáticos en el país es la carencia de política pública sobre datos abiertos.

No hay una ley de acceso a la información pública, no hay una política de datos abiertos, ni tampoco una cultura de datos abiertos. Por lo tanto, la mayoría de la información que se va a encontrar en las instituciones públicas están en archivos cerrados, como PDF, y no en archivos abiertos, como tablas, bases de datos”, dijo a Distintas Latitudes Arismendi.

“Por otro lado, cuando inició la crisis económica y social de los últimos tres años, dos de las instituciones que siempre habían mantenido información actualizada en PDF, pero también en tablas y en hojas de Excel, como el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Banco Central de Venezuela, comenzaron a dilatar tiempos en la publicación de la información”, agregó.

De acuerdo con Arismendi en el caso del INE las informaciones llegan hasta el año 2013, con una que otra al 2015, pero no hay ninguna información actualizada. En el Banco Central de Venezuela, hubo momentos en que tardaron en publicar las cifras de inflación, que eran tan importantes para el país por la crisis económica.

“También el Ministerio de Salud, desde hace varios años dejó de publicar su boletín epidemiológico. En el año 2016 una de las ministras en su momento publicó el boletín epidemiológico en donde se veían algunos datos alarmantes, y esta ministra fue luego destituida”, dijo Arismendi.

A pesar de todas estas dificultades con información básica, esa consiste en la más sencilla de obtener en Venezuela. Lo más difícil es la información presupuestaria.

“No hay en este momento ninguna plataforma mediante la cual puedas obtener de manera sistematizada el presupuesto general de la Nación, el presupuesto de cada institución, cuál es el asignado, cómo se modifica, cuál es el ejecutado, cuáles son todos los créditos adicionales que terminan modificando el presupuesto general de la Nación y el presupuesto para cada institución”, dijo Arismendi.

Para saber cuáles son esos presupuestos tienes que revisar las Gacetas Oficiales, tienes que revisarlo todos los días, y es un PDF, esto es como si fuera un periódico, pero en la web lo montan como un PDF, pero además un PDF cerrado, es una imagen escaneada, que no te permite copiar y pegar, son documentos de 100 hojas en dos columnas, son bastante difíciles, y si son difíciles para periodistas o personas interesadas, para la ciudadanía en general es aún más difícil”, agregó.

Para Arismendi, el caso de Venezuela se diferencia de otros países de la región, como México, porque la sociedad civil no ha tenido una relación directa con el Estado. En otros países, la sociedad civil le ha proporcionado herramientas y se ha aliado con el Estado para poder tener una política de datos abiertos, en Venezuela esto no existe hasta este momento.

“En Venezuela, la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil son consideradas oposición para el gobierno actual, y eso limita la posibilidad de alianzas, de transferencias de recursos y de información. En países como México, Brasil, Argentina, Uruguay, independientemente de la ideología del gobierno que esté en el poder hay una política de datos abiertos. En Venezuela no la hay, ni siquiera como un objetivo”, dijo Arismendi.

El Salvador

En el marco de Abrelatam/Condatos 2017, Distintas Latitudes conversó con Óscar Luna, de El Faro, sobre los retos y avances de El Salvador en datos abiertos, siendo este uno de los países más rezagados en el barómetro.

“Lo mejor y lo peor están directamente ligados. Lo mejor es la existencia de la ley del acceso a la información, en el papel es una gran ley. Lo peor es la falta de voluntad para que la ley se cumpla tal cual está en el papel”, dijo Luna.

De acuerdo con él, actualmente lo que se busca es que se mejore la discrecionalidad con la cual los funcionarios clasifican una información como reservada. Otro de los aspectos es lo laxo o permisivo que es violar la ley de acceso a la información. Son multas que a un funcionario o a un ministerio no le van a parecer descabelladas.

“Lo bueno es que, por medio de jurisprudencia, de la Corte, comprometida de alguna forma con el acceso a la información se pudo desbloquear las declaraciones de probidad de los funcionarios”, dijo Luna

Otro elemento preocupante es los casos en que se cobra el acceso a la información. Por ejemplo, a una persona que solicitó información sobre todas las rutas de buses de San Salvador se le solicitó un pago de más de $2.000.

México

En el lado positivo, México es el país mejor posicionado de América Latina en datos abiertos, de acuerdo con el barómetro. Según Ricardo Alanís, de las organizaciones dateras Codeando México y Cívica Digital, el país está muy adelantado en legislación y compromisos públicos.

“México tiene una ventaja en dos de las áreas más relevantes en el Barómetro para evaluar la capacidad de datos abiertos, que es readiness e impact. En readiness estamos muy adelantados. Esta clasificación evalúa el entorno de la legislación y las características del país para poder generar datos abiertos. En impacto estamos también en los percentiles más altos de la región, superando a Uruguay y Brasil, y el impacto significa qué se está haciendo con los datos abiertos”, dijo Alanís a Distintas Latitudes.

“En la legislación, el entorno regulatorio nos ha puesto a la vanguardia. Pero hay muchos aspectos pendientes de aplicación. Los datasets todavía no están en el nivel, o estamos en el proceso de mejorar la calidad de los datasets”, agregó.

Para Alanís, los retos más grandes están en implementación, que implica una formalización de las estrategias de uso de datos contra la corrupción, para el desarrollo económico, y la seguridad social. También, es importante analizar cómo se está dando seguimiento a los indicadores del país, si los periodistas están usando los datasets y sacando notas, para que se aumente la calidad de vida, la eficiencia gubernamental y el desarrollo del país.

“En ese sentido, creo que los datos que estamos generando ya están cubriendo las áreas funcionales del país, pero nos falta muchísimo para mejorar su uso. De ahí, esfuerzos como el Open Data Charter están empujando mucho la profundización temática de los datos”, dijo Alanís.

Por otro lado, todavía se debe impulsar mucho el desarrollo local y el uso local de datos abiertos. Estados como Puebla, Jalisco, Nuevo León, Guadalajara, están haciendo esfuerzos interesantes de datos abiertos, los cuales necesitan una mayor integración y un salto, porque justamente es en lo local donde se pueden hacer grandes cambios.

Asimismo, Alanís cree que todavía falta mucho trabajo por hacer con los registros que no están actualizados con una frecuencia tan alta, es decir, registros censales, la métrica de negocios, que son actividades muy grandes y profundas.

Todavía nos faltan datos disponibles en todas las áreas. Y también está pendiente el esfuerzo de hacer buenas visualizaciones, que haya una cultura de uso de datos, no solo en el espectro más económico, pero también sobre la eficacia gubernamental”, dijo el especialista mexicano.

Para Alanís, en el caso de México la diferencia no es temática con respecto a otros países de América Latina.

“Creo que puedo ver un reflejo de lo que ha pasado en México y lo que está pasando en México en varios temas. México tiene una vocación de legalidad muy interesante. Creo que nuestra historia de tecnocracia (…) ha influenciado mucho a nuestro paísm nos han dejado una sed de meterle mucha legitimidad a las leyes y luego que las leyes funcionen”, dijo Alanís.

“Estamos en un nivel muy alto de legislación, pero nos falta mucha actividad en desarrollo, mucha parte técnica. Nos falta un salto para que los datos sean más usados en la cotidianidad”, agregó.

Uruguay

Uruguay es el segundo país mejor posicionado en la temática en América Latina. Al igual que en el caso mexicano, Frabrizio Scrollini, coordinador ejecutivo de la Iniciativa Latinoamericana de Datos Abiertos (ILDA), pone un énfasis importante en la existencia de regulaciones.

“En general el desarrollo de una política pública, un marco normativo medianamente claro, pequeños recursos para llevar adelante acciones, y una sociedad civil activa en la materia, así como un sector público predispuesto a trabajar en esta área”, dijo Scrollini a Distintas Latitudes sobre los elementos que colocan a Uruguay en “top 3” de la región.

Sin embargo, aún quedan retos. Scrollini cita, por ejemplo, la necesidad de consolidar, expandir y escalar los avances que se han generado.

“Casos como www.atuserivcio.uy, que desde ILDA hemos apoyado son interesantes, pero pocos. Precisamos escalar aún más este tipo de intervenciones, que deben ser generadas desde la sociedad”, dijo Scrollini.

En el caso uruguayo, los datos geográficos, datos del sistema de salud, y datos sobre medio ambiente son los más sencillos de encontrar, aunque varía mucho la calidad. Los datos sobre seguridad (como delitos, por ejemplo) son todavía escasos.

“La diferencia central (en el caso uruguayo) creo yo está en la capacidad de trabajo de algunas partes de su sector público y la sociedad civil. La escala también ayuda a Uruguay en esta materia. A pesar de sus avances, la agenda no está ganada. Más uso para fomentar el cambio social y la mejora del Estado, es necesario. Eso requiere más masa crítica, en Uruguay y la región”, concluyó el coordinador de ILDA.

Panorama regional

Más allá de estos cuatro casos, ¿qué panorama regional se pinta en el Open Data Barometer? De acuerdo con Iglesias, aparte de las conclusiones generales del estudio para 2016, que son también aplicables a la región en su totalidad, las conclusiones específicas más destacables que se han encontrado para América Latina en particular son:

  1. La mayoría de los países aumentaron o mantuvieron sus puntuaciones en el último año, por lo que la tendencia general en la región es buena.
  2. La sociedad civil en América Latina sigue desempeñando un papel de liderazgo en el movimiento de datos abiertos.
  3. México, Uruguay y Brasil siguen estando entre los 20 primeros países en la clasificación mundial, confirmando su liderazgo político y técnico en la región.

A pesar de que en este texto se han presentado los casos de los países mejor posicionados y los peor posicionados en el barómetro, se debe tener en cuenta que los contextos son difícilmente comparables. Así lo advirtió Carlos Iglesias, del Open Data Barometer.

Los países del primer grupo se encuentran entre el top-20 mundial y cuentan con una preparación bastante completa para poder llevar a cabo iniciativas de datos abiertos exitosas y además tienen ya una disponibilidad de datos bastante significativa, aunque todavía tienen un amplio margen para mejorar en cuestiones de impacto”, dijo Iglesias.

“Sin embargo, los países del segundo grupo se encuentran todos entre las 30 últimas posiciones del ranking, no cuentan todavía con los elementos básicos para llevar a cabo una iniciativa de apertura de datos con éxito, la disponibilidad de datos es muy limitada y por todo lo anterior su impacto es prácticamente inexistente”, agregó.

Los retos de América Latina en datos abiertos son muchos. Pero también su liderazgo, y su creciente comunidad regional apuntan a la posibilidad de más logros en una materia que va más allá de lo técnico y de los números, pues implica la participación ciudadana, el ejercicio democrático y el potencial de mejorar la calidad de vida de las personas.