“El cambio inicial tiene que venir de las mujeres, de la forma
en la que concebimos nuestro cuerpo y lo usamos y presentamos
socialmente. Yo creo que el cuerpo es una construcción cultural,
yo creo que los atributos que le damos a un cuerpo de mujer o
de mujeres es cultural y una manera de pensar cómo revertir la
violencia a las mujeres, que es un fenómeno enteramente aceptado y
solapado en términos legales y políticos, es empezar por
la consciencia de las mujeres.”
– Lorena Wolffer

Lorena Wolffer es, hoy por hoy, la máxima exponente del performance en México. Es mujer y habla sin miedo sobre temas que, por más inaudito que nos parezca, siguen siendo tabú; es mujer y utiliza su cuerpo, la performatividad, la teatralidad, para señalar problemáticas que afectan a las mujeres y que –desdichadamente– son enterradas y silenciadas no sólo por el género opuesto, sino por nosotras mismas; es mujer y tiene el valor que parece faltarle a muchos de los políticos, líderes de opinión e intelectuales que vemos en las primeras planas de nuestros periódicos.

Recuerdo el día en que tuve el honor de asistir a una presentación que dio Lorena, me costó trabajo acercarme a ella, pronunciar las palabras que quería decirle. Lorena emana fortaleza, seguridad, bondad e inteligencia. Ante ella, una sólo puede reaccionar con profundo respeto por su obra, por su persona, por sus palabras.

Lo que más consterna, lo desgarrador, lo que resalta de su obra, es notar que un porcentaje altísimo de mujeres mexicanas sufre diferentes tipos de abusos a causa de su sexo; tomar consciencia de que ese “no estar sola” se debe a que una cantidad desorbitante de mujeres está en la misma situación y, a pesar de su sufrimiento, calla. Algunos de los performance e intervenciones urbanas de Lorena están enfocadas en mostrar que ese sufrimiento se queda en el ámbito de lo privado, que las mujeres no expresan su dolor, no denuncian las agresiones en su contra y en muchas ocasiones ni siquiera pueden aceptarlo ante ellas mismas.

Esto es lo que se busca denunciar en la intervención urbana Encuesta de violencia a mujeres.  Lorena colocó en distintos espacios públicos de la Ciudad de México módulos construidos para simular los utilizados para las votaciones secretas. Entregó un cuestionario a mujeres transeúntes en el que se les preguntó si habían sido receptoras de violencia física, psicológica o sexual por parte de uno o más miembros del sexo opuesto. Las participantes llenaron el cuestionario dentro de la cabina, lo doblaron y lo depositaron en una urna; posteriormente, Wolffer les entregó un pin rojo –con el símbolo de igualdad tachado–, si habían contestado ‘sí’ a cualquiera de las preguntas y verde si ninguna respuesta era afirmativa. Como última fase de la intervención, Lorena publicó los resultados de la encuesta en su página web.

Como se puede observar a partir de la descripción anterior una intervención urbana es arte que se realiza dentro de las comunidades, para las comunidades. La finalidad de dichas obras artísticas no es estética, sino la búsqueda tanto de crear consciencia sobre problemas sociales como de incentivar la activa participación comunitaria.

En Encuesta de violencia a mujeres, Lorena logra crear conciencia en el grupo de mujeres participantes, pero el impacto va más allá de las mujeres que llenaron la encuesta y recibieron los pins; el simple hecho de ver el ir y venir alrededor del módulo deja marcadas, a nivel consciente o inconsciente, a muchas mujeres que no llenaron el cuestionario, mujeres-testigo. El valor de otras mujeres se adhiere al inconsciente de las que no han logrado hablar, las que no pueden aún expresar su dolor, las que no han podido denunciar abusos hacia ellas o hacia mujeres conocidas. Esto, a su vez, crea un sentimiento de unidad entre el género femenino, solidaridad entre los miembros de nuestro sexo, unión basada en la empatía hacia nuestras congéneres y, además, incrementa la capacidad de identificación.

Esta intervención no termina en el momento en el que Lorena coloca la última caseta, trasciende. Dicha trascendencia se debe a dos factores: la marca que deja en quienes fueron testigos y/o participantes, y la disposición de medios de difusión para las estadísticas recaudadas, las fotos, las experiencias.

Mencioné antes que tuve el privilegio de conocer a Lorena, y ahora narro que fue durante un des/montaje de un performance que ella mencionó y explicó la intervención en cuestión. Así es como yo, quien ahora les escribe sobre la obra de Lorena, logré captar el mensaje de una intervención en la que no fui testigo directo y tampoco fui participante. Así es como me volví testigo secundario, como lo son también muchas mujeres que escucharon sobre la experiencia por parte no sólo de la artista sino de las mismas mujeres que participaron o que atestiguaron la intervención. Así es como tú, lectora, lector, te has vuelto testigo terciario de esta intervención y puedes, en cualquier momento, usar los recursos web para informarte más sobre ella. Así es como una acción, que algunos artistas fácilmente desdeñarían –criticando desde la inmovilidad y la comodidad de su torre de marfil–, ha logrado tocar e influenciar a muchas y muchos.

Uno de los performances más incisivos que ha realizado Lorena Wolffer, que inevitablemente toca la sensibilidad de una mexicana o un mexicano, que llega a la raíz de algunos de nuestros más oscuros problemas sociales es Mientras dormíamos (el caso Juárez). Con amplia exposición internacional, presentándose entre el 2002 y el 2004 en México D.F., Querétaro, Paris, Nueva York, Kuopio, Finlandia y Cardiff, Gales, en Mientras dormíamos (el caso Juárez) Lorena utilizó su cuerpo para re-crear los golpes, mutilaciones, heridas de balas que sufrieron cincuenta mujeres muertas en Juárez. Con la ayuda de archivos policíacos, escenografía y atuendo de morgue, marcó su cuerpo con un plumón quirúrgico en cada uno de los lugares en los que las 50 mujeres sufrieron diferentes agresiones físicas.

La acción de marcar su cuerpo, de re-crear los golpes, mutilaciones, heridas de bala, resaltar los casos de estrangulación y violación sobre su cuerpo, llama la atención del espectador sobre el cuerpo femenino de las víctimas re-presentado en el cuerpo de Lorena. Resalta las agresiones dirigidas hacia el cuerpo femenino como la violación o la mutilación de los senos, e imposibilita el olvido: en Juárez se están asesinando en serie a seres humanos en base únicamente a su género,  hay mujeres perdiendo la vida sólo por el hecho de ser mujeres. El cuerpo de Lorena habla por las que ya no pueden hablar.

[Fragmento del performance: http://www.lorenawolffer.net/dossier/02videos/videos_frame.html ]

En Acta Testimonial, presentada en La Celda Contemporánea de la Universidad del Claustro de Sor Juana en septiembre de 2009, Lorena contrasta dos voces. Una voz, la de los insultos que dirigían cotidianamente las parejas y esposos a las habitantes del Refugio de Mujeres Nuevo Día, se encontraba escrita en las paredes de la sala. Otra voz, la de las mujeres que habían escapado de situaciones de abuso y violencia, se escuchaba en audio. El audio consistía en lo que la artista llama ‘réplicas’: palabras que las receptoras desean dirigirle a sus agresores. Así, contraponiendo las dos voces, se lograba sobre el espectador un efecto de contraste, pues mientras que su oído recibía las réplicas –la voz del dolor y la ira de las mujeres–, su vista leía los insultos que éstas habían vivido y que, en parte, eran la causa de ese dolor. [Foto 5]

Acta Testimonial, al contraponer dos voces, re-crea el doble discurso que se maneja en muchas relaciones abusivas. Re-crea en el espectador la desgarradora confusión que viven estas mujeres al escuchar que el hombre que ‘las quiere’ las insulta, las rebaja, abusa de ellas verbal y psicológicamente. Una voz, la de los insultos, sensibiliza al espectador y le permite acceder a la ira de las mujeres que se escuchan en el audio; a la vez, los insultos escritos en la pared crean un ambiente de extrañamiento: ¿a quién insultan? ¿están dirigidos a mí? ¿por qué, qué hice yo para merecer leer estas palabras? A través de un mecanismo sutil, el espectador es llevado a sentir –en menor medida– la confusión, los juegos de poder, la denigración que sufrieron las mujeres a las que escucha en el audio. Es en este ambiente de extrañamiento que el espectador comienza a relacionarse con la ira, el dolor, la tristeza, la desesperación de las mujeres, pues el sentirse extrañado, fuera de sí mismo conlleva el haber, en la medida de lo posible, logrado una comprensión del mecanismo del abuso verbal y psicológico. El receptor de los insultos visuales comprende que no los merece, pero los está recibiendo. El receptor del audio comprende que esas mujeres fueron traicionadas, violentadas, agredidas al recibir insultos de alguien que decía amarlas.

Las tres obras que he mencionado en este artículo son sólo un pequeño fragmento de la obra de una artista que no se limita a concebir el arte como producto estético, que reconoce en el arte un medio de expresión y de catarsis que no es exclusivo del artista ni del momento de creación. Una artista que entiende que obra de arte y receptor son inalienables y que el esfuerzo de algunos artistas por olvidar al receptor no sólo es inútil, raya en la cobardía; que ve en el performance, en la teatralidad, en la intervención urbana un medio ideal para la creación de consciencia social y la expresión coherente y atinada de una postura política positiva. Una artista que no olvida a los otros, que no olvida a la comunidad y dedica su obra a, desde sus perspectivas, mejorar la convivencia, pues se sabe parte de un sistema que no es perfecto pero sí perfectible.

Las obras de Lorena son sólo una muestra de lo poderosa que puede ser la expresión artística como medio político, como medio para llevar a una comunidad a la toma de consciencia sobre los problemas que la acechan. Las invito lectoras, los invito lectores, a reflexionar no sólo sobre el performace o la intervención urbana como medio de expresión de nuestra voz política, sino en todo el arte, la academia, el mundo empresarial, nuestra sociedad en todas sus formas y aspectos, como espacios de oportunidad. Lectora, lector te invito a meditar sobre las posibilidades latentes en todas las formas artísticas y las distintas maneras en las que tú, sí, tú, puedes hacer uso de ellas –o de alguna idea o talento ajeno al arte– para fomentar una toma de consciencia colectiva.

Te invito, lectora, lector, a retar los discursos hipócritas que nos rodean, cuestionar las palabras que escuchas no sólo de los políticos sino también las de quienes hablan en contra de ellos; reflexionar tus posturas, pensar siempre de dónde partes y a qué quieres llegar para así poder romper con los paradigmas existentes que limitan la capacidad de expresión del ciudadano: tu expresión. Te insto a buscar, desde tú área de desempeño, desde tus gustos y talentos, una forma de llevar estos procesos de pensamiento, esta toma de consciencia, a otros miembros de tu sociedad.