Texto y foto: Juan Mayorga

América Latina y el Caribe han alcanzado una cobertura de agua segura del 97% en el contexto urbano y 83.1% en el rural, además de saneamiento en un 87% del sector urbano y 63% del rural, lo cual representa un avance mayor que el de otras regiones en desarrollo como África o Asia, según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Sin embargo estos avances quedan cortos si se considera el sexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que plantea indicadores como la calidad, la asequibilidad y la universalidad del agua, coincidieron representantes de bancas de desarrollo y agencias internacionales de cooperación que participaron este jueves en la sesión Experiencias en cooperación internacional para el abastecimiento de agua y saneamiento rural, del VIII Encuentro Latinoamericano de Gestión Comunitaria del Agua en Oaxtepec, Morelos.

“Aunque se incrementó la cobertura, las soluciones no necesariamente son las más adecuadas. Ahora los ODS nos plantearon no sólo tener un tubo o un baño, sino acceso universal y equitativo a agua potable de calidad a un precio asequible para todos. Esto nos cambia totalmente los parámetros”, explicó en la sesión María Eugenia de la Peña, especialista de agua y saneamiento del BID.

De los porcentajes de cobertura de agua y saneamiento, que ha tomado décadas alcanzar, si se le restan los servicios que no están disponibles a menos de 30 minutos de distancia, disponibles cuando sea necesario o accesibles en precio, sólo hay cobertura de agua segura para el 58% de la población, según los datos del BID.

“A todos nos interesa mucho en esto momentos el acceso a la calidad, porque hay poca, y queremos que la gente tome agua de la llave. ¿Qué sacamos con tener agua 24 horas 7 días a la semana si la gente no bebe agua de la llave, sino embotellada?”, indicó Rodrigo Riquelme, especialista de agua y sanidad del BID.

El equipo de agua y saneamiento del BID trabaja en 26 países de la región e incluye para este fin casi un centenar de especialistas, entre ellos ingenieros, economistas, especialistas financieros y en desarrollo social.

En cuanto a saneamiento, que debe ser equitativo y adecuado, la cobertura en América Latina cae a 35% si se consideran las exigencias de saneamiento mejorado, tratamiento fuera de la instalación y gestión segura.

Además de tener que trabajar en la construcción de infraestructura, el trabajo en materia de agua y saneamiento debe vislumbrarse en el fortalecimiento de capacidades e instituciones, educación y cambio de prácticas, situaciones más allá de tubos, tinacos y válvulas, según coincidieron los asistentes a la mesa.

Un ejemplo de esto está en que en 40 países de la región se sigue defecando al aire libre, un hábito arraigado que tiene un alto grado de riesgo de contaminación del agua y propagación de enfermedades. “Esto no es solo cuestión de construir baños adecuados, sino hay prácticas que se tienen que cambiar en lo referente a higiene y salud”, explicó María Eugenia de la Peña.

Según Riquelme, una prioridad del BID para alcanzar los nuevos objetivos y transitar del enfoque de infraestructura al de provisión de un servicio será buscar la equidad de género ya que, por ejemplo, es una “muy mala inversión” construir casetas sanitarias que diseñó un hombre y que las mujeres de una comunidad no usan por no responder a sus necesidades.

Miguel Ángel Encinas, coordinador general de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID)en México, cuestionó cuánto del apoyo se ha destinado a la obra física y destacó la necesidad de invertir en “generar capacidades para que la gente se apropie de estos servicios y sus sistemas”. “Para AECID es importante contar con las organizaciones de la sociedad civil, de organización comunitaria, primero para diseñar espacios, y en la segunda fase para asegurar la sostenibilidad de los resultados de sus servicios”, indicó.

La AECID realiza desde 2007 una labor intensa para garantizar agua y suministro en América Latina y el Caribe. A la fecha ha emprendido más de 70 proyectos en la región, de los cuales el 90% se realiza en zonas rurales o periurbanas. México ha sido uno de sus principales beneficiarios, donde se han destinado al menos 22 millones de dólares en colaboración con la Comisión Nacional del Agua.

Para la Agencia Suiza para la Cooperación y el Desarrollo (COSUDE), que trabaja en Nicaragua, Honduras, Bolivia y Perú, el trabajo para lograr incidencia es tan importante como los aportes financieros, indicó su José Toruño, jefe del programa de agua y saneamiento de la agencia. “En la participación comunitaria vemos cómo hacer que la gente se apropie del sistema y lo cuide. Y en ese sentido hemos desarrollado varios enfoques que aplicamos en los proyectos”, destacó Toruño.

Pedro Carrasco, gerente regional de acceso a agua para la Fundación AVINA, destacó la gestión comunitaria como una vía para fortalecer las capacidades locales y resolver problemas que son comunes aun entre países muy distintos de la región. “Iniciamos nuestro trabajo dialogando con los propios actores. Nos sorprendieron los resultados porque cuando hablamos de agua, el escenario es muy similar”, indicó.

En tanto Miguel Vargas Ramírez, del Banco Mundial, destacó que el agua es un tema clave no solo para alcanzar los ODS, sino para erradicar la pobreza en la región. “Podemos seguir invirtiendo en grandes hidroeléctricas, pero si no trabajamos en agua y saneamiento rural, no vamos a conseguir esas metas”, indicó ramírez.

De acuerdo con el análisis del BID, los retos que enfrenta la región para cumplir con el objetivo de desarrollo sostenible del agua son políticas públicas no específicas; falta de coordinación institucional; proyectos pequeños, dispersos y poco atractivos para empresas constructoras y supervisoras; soluciones tecnológicas distintas en cada contexto; complicaciones para lograr sostenibilidad financiera; identificación de necesidades y planeación.

 

Distintas Latitudes realiza la cobertura del VIII Encuentro de Gestión Comunitaria del Agua, #VIIIEncuentroGCA.