“¡Desde esta humilde sillita formulo un emotivo llamado a la paz mundial!” – Mafalda

 

La semana pasada, un amigo decía -casi pegándole manotazos a la mesa en la que estaban las cervezas- que no entendía cómo nosotras podíamos ser “así” tan “sensibles”. No sólo eso, también añadía que la gran diferencia entre las féminas y los caballeros era fácil: el varón es más racional y la mujer es “puro sentimiento”

Tal vez Quino diga una y mil veces que la elección de un personaje femenino para la tira Mafalda fue una cuestión del azar, pero convengamos que Mafalda no sería la misma cosa si fuera un chico. Además, si sabemos que la tira nace en 1964, menos casual resulta la elección. Pongamos un ejemplo ilustrativo: En 1964 nace la primera minifalda, símbolo por excelencia de la liberación sexual y la revolución femenina.

Años de liberación femenina enseñan que las mujeres, con su feminidad y su “sensibilidad” a cuestas, aún pueden realizar las mismas labores que los varones. Increíble para algunos, todavía existe una puja de roles establecidos por la cultura. Así oscilamos una y otra vez, contentas de ser madres, trabajar e incluso gobernar países – en ocasiones todas juntas- sin a veces acordarnos que no siempre fue así. Muchas veces olvidamos que la participación femenina en la política era inconcebible. Esto, establecido –claro- por la racionalidad masculina.

Entonces Mafalda nace en la Argentina bajo el contexto local de la presidencia de Arturo Illia –posterior a los gobiernos peronistas y la figura de Evita-  y el contexto global de la revolución femenina.  No es un dato menor la fuerte presencia y desarrollo del papel de la mujer en el país austral. Y sin ánimo de convertir el texto en un sentimiento apasionado de solidaridad de género, habrá que por lo menos nombrar a Alicia Moureau de Justo o Maria Eva Duarte de Perón. Por otra parte, la Argentina fue uno de los primeros países de Sudamérica en avalar el sufragio femenino, además obligatorio. Esta medida no sólo otorga el mismo derecho a la mujer en relación al hombre, sino también los mismos deberes. Todo esto proporciona claves para entender por qué el género elegido para el personaje principal no es una casualidad.

Piensen, entonces, en una mujer contestataria pero dulce, femenina pero racional y  ante todo, una mujer con esa propensión natural a dejarse llevar de los afectos de compasión y humanidad. Sumen todos esos elementos y obtengan a Mafalda: una nena de seis años, crítica y desencantada de la sociedad. Con su particular manera de describir la realidad, esta chica se nos presenta como una mujer post sufragio. De esas que no sólo tiene el derecho de participar activamente de la política, sino que también lo ejerce como un deber.

 

Benvenuto, Mafalda

Quino dibujó por primera vez a Mafalda en 1962 para una publicidad que nunca vio la luz del sol. En 1964 Mafalda hace su primera aparición como tira a razón de dos veces por semana. Desde ese momento fue un éxito: llegó para quedarse por siempre. Se consolidó como el espejo de la juventud progresista de la época y como un retrato fiel de la clase media de la Argentina.

Así, la popularidad de Mafalda fue en aumento. Fue traducida a más de treinta idiomas y se ganó el cariño de muchos países europeos, en especial de Italia. Su traductor al italiano, Umberto Eco, considera que “es muy importante leer a Mafalda para entender a la Argentina”.

No obstante, la tira no centra al país como su temática principal. Se irá entonces a críticas de carácter global. La tira logra mostrar cómo la situación del primer mundo afecta directamente a la región; establece relaciones entre lo local y lo global  mientras que hace un panorama de la Argentina de sus tiempos. Mafalda soñará, entonces, con trabajar para las Naciones Unidas y ser traductor simultáneo (como expresó en una de sus tiras).

Amante de los panqueques, del Pájaro Loco y de los Beatles, se estableció a sí misma como una crítica absolutamente ingeniosa de la situación nacional, regional e internacional. Además, reunió los valores de las mujeres argentinas de la época: contestatarias, sensibles y liberales.

 

El retrato femenino

Los primeros que aparecieron en la tira fueron Mafalda y su padre. Poco tiempo después llegaron otros. Los personajes femeninos posteriores, sin embargo, distan mucho del carácter que Quino otorga a su protagonista.

Caracterizada por su ansiedad matrimonial, Susanita es el espejo de la mujer tradicional, la mujer pre revolución femenina. Y aunque a muchos les produzca arcadas, es una chica que cumple con las exigencias tradicionales del género. Esta contraposición en la tira da cuenta de la existencia de dos tipos de mujer. Distantes una de la otra, pero cercanas en su feminidad. Por eso este personaje es la contraparte. Es la costumbre y los valores tradicionales del rol de la mujer.

Raquel es el destino del que su hija escapa. En la tira se hacen referencias al futuro de las mujeres a través del temor de Mafalda por su propio futuro, que refleja en su madre. El personaje principal se referirá a esto como una invitación implícita a hacer uso de la sensibilidad de otra manera. Una invitación a darle al mundo una mirada femenina.

Con el tiempo vendrá Libertad. La única con la que Mafalda podrá dar rienda suelta a sus discusiones políticas. Libertad, sin embargo, hará el contrapeso del personaje principal y será una reivindicadora de la lucha revolucionaria. Con esto Quino pondrá en evidencia al radicalismo de izquierda y la distancia que existe entre su personaje principal y esta doctrina. Su compañera simbolizará la pasión desenfrenada revolucionaria. No en vano Libertad se muestra más caprichosa e infantil, acorde a los comportamientos de una chica de su edad.

Mafalda, tan joven, tan contestataria y por supuesto, tan femenina, muestra que la sensibilidad nada tiene que ver con llantos, berrinches y peleas por teléfono a las tres de la mañana. La sensibilidad es, y debe ser, esa posibilidad de ver el mundo con otros ojos, los que hacen falta para cambiarlo. Entonces, si sensibilidad es todo eso, tendré que aceptar – con una sonrisa en los labios – que sí, que las mujeres somos “así”, tan “sensibles”.