Fotografia: Facebook del partido PSOL

En medio de la escalada de violencia y militarización en Rio de Janeiro, estado brasileño que actualmente se encuentra intervenido federalmente por los problemas de inseguridad, una voz llamaba la atención sobre los peligros de la violencia estatal desmedida y sin límites, y en particular hacia las clases populares, las personas negras y habitantes de las favelas.

Marielle Franco, la quinta concejal más votada en la capital del estado de Rio de Janeiro, fue asesinada, muy probablemente por lo incómodo de sus consignas, el pasado 14 de marzo, causando indignación generalizada en los movimientos sociales brasileños y en los defensores de derechos humanos de toda América Latina.

Con el hashtag #MariellePresente, miles de personas en Brasil y todo el continente hicieron un llamado a mantener vivas las luchas por las cuales murió Franco, una mujer negra, bisexual, proveniente de las favelas y comprometida con los derechos humanos. Sin embargo, en el medio de una escalada de la violencia en toda la región hacia los defensores de derechos humanos, y un giro marcado hacia el conservadurismo en los gobiernos, ¿puede un hecho como este contribuir a silenciar las voces de quienes promueven un cambio social?

Reacción regional y global

De acuerdo con Jurema Werneck, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Brasil, este caso provocó una movilización extensa del mundo, a pesar del dolor y la perplejidad. Ella considera que la presión por obtener justicia para el caso debe ser constante.

“Lo que sucedió es tenebroso y es otro ejemplo de los peligros para quienes defienden los derechos humanos en Brasil. Como miembro de la Comisión Estatal de derechos humanos de Rio de Janeiro, Marielle trabajó incansablemente para defender los derechos de las mujeres negras y jóvenes de los barrios pobres y otras comunidades marginadas, la población LGBT, sin descuidar la protección de derechos de otros segmentos sociales”, dijo Werneck a Distintas Latitudes.

Brasil es un país peligroso para los defensores de derechos humanos, así como América Latina. Defender los derechos humanos en nuestra región es una actividad de riesgo. En general, los asesinatos están precedidos por amenazas. Es por eso que los llamamos nuestro informe publicado en diciembre de 2017 ‘ataques letales, pero evitables’. El estado debe proteger a testigos y supervivientes, identificar el motivo detrás del asesinato de Usman y llevar a los culpables ante la justicia. Las autoridades no pueden permitir que a los defensores y defensoras y defensores son asesinados y sus asesinos impunes. Las autoridades ya conocen y ya tienen los mecanismos para proteger sus vidas, pero también tienen la responsabilidad de resolver los problemas que se denuncian, garantizando el derecho de todos y cada uno”, agregó.

Por otra parte, Esteban Paulón, vicepresidente de la Federación Argentina LGBT (FALGBT), considera que este caso evidencia el recrudecimiento de la persecución a los defensores de derechos humanos en la región.

“Sin lugar a dudas el asesinato de Marielle tiene una implicación muy grave para el ámbito de los derechos humanos en América Latina, en momento que vemos un recrudecimiento de la persecución y la violencia hacia los defensores de los derechos humanos, que se expresa en distintas formas. En ese contexto, el asesinato de Marielle nos deja conmocionados, e implica un nuevo escalón en una escalada que creemos es de enorme gravedad”, dijo Paulón a Distintas Latitudes.

Indyra Mendoza, activista de la organización lésbica feminista Cattrachas, en Honduras, señala que ese asesinato fue un golpe duro, pero que el dolor servirá para lucha con más fuerza en pro de los derechos humanos.

“Se debe establecer un Comité internacional de investigadoras e investigadores inmediatamente que con o sin el beneplácito del Estado inicie y concluya la investigación, la justicia social acompañara la lucha”, dijo Mendoza a Distintas Latitudes.

Tanto para Paulón como para Werneck la presión internacional y de otros activistas de América Latina será fundamental en este caso.

“Yo creo que sin duda la presión que podamos ejercer desde los distintos países de la región, en los ámbitos internacionales, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ante las autoridades de Brasil, ante la cancillería brasileña a través de sus embajadas, en los espacios internacionales, ahora que estamos en las vísperas de la Cumbre de las Américas, pidiendo el esclarecimiento y la investigación más limpia, transparente y certera es fundamental”, dijo Paulón.

“Tengamos en cuenta que Marielle es asesinada por balas compradas por la propia Policía Federal brasileña hace unos años. Debido a las luchas que ella venía haciendo hay casi una certeza de que evidentemente las fuerzas de seguridad están implicadas en este asesinato”, agregó.

Ni una voz silenciada

Werneck, Paulón y Mendoza coinciden en que este lamentable hecho no puede intimidar a los activistas de la región. La mejor forma de hacer honor a la memoria de Marielle Franco es no ceder a la presión y continuar sus luchas.

“El mensaje a otros defensores de derechos humanos, tanto en América Latina como en Brasil es que no tenemos que callarnos. No tenemos que permitir que este tipo de asesinatos y de violencia nos silencien. Marielle murió por denunciar las mafias en Rio y en Brasil, aun sabiendo que ponía en riesgo su vida y su integridad, por denunciar la militarización y la violencia, la estigmatización y persecución de los sectores populares, de los sectores más vulnerables del vecino país”, dijo Paulón.

“Por eso, cualquier voz que se calle a raíz de esto es un triunfo de aquellos sectores que quieren silenciarnos a través del miedo. Más allá de que es duro y que estamos viviendo un momento de enorme violencia, el llamado es a no bajar ninguna bandera ni ninguna lucha”, agregó.

“El mensaje es que el miedo, a pesar de existir, no puede paralizarnos, debe ser mucho menor que la lucha, que la movilización.  Estos valores deben guiarnos en la búsqueda de una sociedad mejor,  más justa para todas y todos que defienden los derechos humanos.  Necesitamos responsabilizar a quienes cometieron este crimen para que la sensación de impunidad no genere nuevas víctimas”, dijo Werneck, por su parte.

“¡Intimidadas no estamos! Tristes sí. Cada día defenderemos nuestros derechos con la fuerza de Marielle, con la fuerza de Berta y con la fuerza lésbica feminista”, concluyó Mendoza.

***