Texto: Tania Chacón

En el vertedero de Tegucigalpa (Honduras) trabajan niños, adultos y ancianos. Laboran bajo el sol, sin sueldo ni medidas de seguridad, acompañados por perros, vacas, insectos y aves de rapiña. Este basurero, ubicado en el kilómetro 6,5 de la carretera que une la capital hondureña con el departamento de Olancho, ha llegado al límite de su capacidad. Desde 2017 las autoridades municipales han manifestado su intención de clausurarlo, pero a la fecha sigue en operación.

Un vertedero a cielo abierto es un lugar al aire libre donde se arroja la basura sin recibir tratamiento sanitario. Idealmente, el manejo de desechos debe llevarse a cabo en centros de acopio, reciclaje y estaciones de transferencia, pues en un basurero los recicladores están en contacto constante con materiales nocivos para la salud. Los botaderos contaminan el agua superficial y subterránea, emiten sustancias tóxicas y causan malos olores. Además, la acumulación de grandes cantidades de residuos puede causar desastres ambientales y humanos.

Pero cerrar un vertedero a cielo abierto no es una tarea que pueda realizarse de la noche a la mañana. De acuerdo con Susana Llamas, ingeniera y directora del Instituto de Medio Ambiente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Cuyo en Argentina, la clausura de un basurero debe ir acompañada de un plan de trabajo que controle los impactos negativos. En entrevista con Distintas Latitudes, explicó que estos impactos negativos incluyen volver el terreno inutilizable, emisiones de gases de efecto invernadero, presencia de roedores, aves, moscas, entre otros riesgos.

Las autoridades de Santiago, República Dominicana pusieron en marcha un plan para cerrar el vertedero Tamboril e implementar sistemas de reciclaje. Decidieron que tras la clausura, los residuos de su población se llevarían al basurero de Rafey, un municipio cercano. Sin embargo, en Rafey se negaron a recibir la basura de sus vecinos, y a la fecha Tamboril no ha podido cerrar. Cuando un vertedero cierra lo ideal es organizar un sistema de reciclaje inclusivo para gestionar los desechos. Desde la perspectiva de Susana Llamas, en América Latina y el Caribe la inexistencia de campañas sobre manejo de residuos sólidos urbanos agrava la falta de información necesaria para el diseño, funcionamiento, y control de políticas nacionales y regionales.

Amaya Lobo García de Cortázar, miembro del departamento de Ciencia y Técnicas del Agua y el Medio Ambiente de la Universidad de Cantabria en España, explicó que para el cierre de un botadero se debe comenzar por estudiar el terreno, porque de acuerdo con sus características y a las de los desechos, las medidas para proteger la salud y el medio ambiente son diferentes.

El caso de Canabrava

Cuando se planeó el cierre del vertedero de Canabrava en Brasil, no había muchos recursos económicos disponibles, por lo cual se decidió aprovechar los desechos de las obras para crearlo. Los neumáticos se utilizaron para evacuar gases, y la chatarra se utilizó para conducir el drenaje. Tras siete años de trabajo, el botadero se convirtió en el parque socio-ambiental de Canabrava.

La doctora ingeniera Amaya Lobo explicó a Distintas Latitudes que un plan adecuado para cerrar un basurero debe establecer un proyecto de saneamiento ambiental, el cual prevenga que las montañas de basura no se deslicen y caigan. También se debe buscar la manera de controlar los gases, los líquidos contaminados y evitar la entrada de agua a los desechos. Una opción para lograrlo es  mover de lugar los desechos y compactarlos, instalar chimeneas para evacuar los gases, recoger aguas contaminadas para darles tratamiento y tapar los desechos con una capa impermeable.

La Feria, en Santiago de Chile, era un botadero que simplemente fue abandonado en los años ochenta. Tras su cierre quedó rodeado de asentamientos informales, se transformó en una zona con problemas de inseguridad, acumulación de residuos e insalubridad. Además, las viviendas cerraban sus ventanas para evitar las molestias de los olores. Hasta los años noventa se creó un plan para recuperarlo, y se convirtió en el Parque André Jarlan.

Aún después del cierre, los riesgos ambientales y a la salud de un vertedero pueden prolongarse durante años. Por esta razón se debe incluir un plan de mantenimiento y vigilancia de las instalaciones durante los años siguientes a la clausura. También debe haber seguimiento de las emisiones líquidas y gaseosas para evitar accidentes.

En la Ciudad de México, el año pasado se puso en marcha un proyecto que pretende transformar el basurero Bordo Poniente en una planta de energía hidroeléctrica y gas natural, la cual esperan que abastezca de energía los alumbrados y edificios públicos de la ciudad por lo menos durante 10 años.

Una vez controlados los riesgos, se puede clausurar y recuperar el lugar donde estaba el botadero. La solución típica es cubrir los desechos con una capa gruesa de tierra que prepare el terreno para la realización de nuevas actividades y evite el escape del agua y gases del vertedero. Un suelo antes utilizado como basurero puede servir para plantar especies vegetales, instalar paneles solares, convertirse en parque, o zona comercial.

Al cerrar el vertedero de Canabrava, una de las prioridades fue acabar con el trabajo infantil del tiradero, e insertar en el mercado laboral a los pepenadores. El ahora parque socio-ambiental cuenta con un centro de separación de desechos administrado por una cooperativa de antiguos recolectores informales. Amaya Lobo y Susana Llamas son coautoras de “Cierre, sellado y reinserción de antiguos vertederos, experiencias en Iberoamérica”, donde refieren que en muchos basureros existen asentamientos informales alrededor o sobre la basura. Por esta razón, las primeras medidas para cerrar un botadero deben contemplar la reubicación de la población en riesgo y los recicladores de base.

Amaya Lobo tiene esperanzas sobre el futuro del manejo de desechos sólidos en América Latina y el Caribe, pues en las últimas dos décadas se han producido avances importantes hacia la clausura de vertederos a cielo abierto. “Este importante cambio se ha producido gracias a que la población cada vez está más concienciada sobre los graves problemas que pueden provocar los residuos, la necesidad de aprovechar las basuras como recursos a través de la reutilización, el reciclaje o la valorización energética, y de hacer que su manejo sea sostenible”. Lobo considera que esta concientización también llega a los gobiernos y se refleja en medidas de inclusión de recicladores, nuevos sistemas de reciclaje municipal, así como planes de cierre y reinserción de basureros.

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