Texto: Lizbeth Hernández

A principios de los 90, hablar de la diversidad sexual no era sencillo en ningún país de América Latina. Menos lo era asumir una identidad sexual distinta a la heterosexual. En Chile, la homosexualidad fue un delito según el Código Penal hasta 1999. Pese a ello, un grupo de chilenos decidió actuar. Tenían la certeza de que la situación que vivían las personas LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) tenía que abordarse. El contexto que atravesaba el país en ese momento dio la pauta y así empezó la historia del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh):

“Cuando Chile regresó a la democracia, un grupo de personas homosexuales consideraron que en la temática de los derechos humanos (fuertemente violados en la dictadura de Augusto Pinochet) se debía incluir a la diversidad sexual como grupo fuertemente segregado y discriminado por la legislación nacional”, cuenta Óscar Rementería, vocero de la organización, a Distintas Latitudes.

Óscar agrega: “Somos una organización política y apartidista; nuestro campo de acción es la gestión política y legislativa, principalmente, pero hemos tenido importantes logros en materias educacionales, de salud, culturales y sociales”.

Movilh se creó formalmente el 28 de junio de 1991. Sus fundadores (Rolando Jiménez, Marcos Ruiz, Jorge Guzmán, Víctor Albornoz y Juan Cabrera) determinaron que el eje que guiaría a la organización sería uno político-cultural y lo plasmaron en sus objetivos, los cuales siguen vigentes hasta la fecha: “Visibilizar la realidad de lesbianas gays, bisexuales, transgéneros y transexuales en los espacios públicos y privados, diseñar acciones jurídicas, legislativas, culturales, sociales y económicas destinadas a erradicar la violación a los derechos humanos de las minorías sexuales, establecer contactos con líderes políticos, sociales y académicos y participar de diversos foros de discusión, entre otros”.

A partir de sus objetivos, a lo largo de estos años Movilh ha impulsado y participado en distintos procesos para garantizar derechos a la población LGBTI en Chile, algunos de ellos son: la modificación de la enmienda sobre la despenalización de la sodomía, la cual se logró en 1999; el trabajo preliminar a la redacción del proyecto de ley para permitir que transexuales cambiaran su nombre y sexo legal por “unos acorde a su identidad de género y sin necesidad de cirugías de reasignación corporal”, elaborado por la diputada María Antonieta Saa y presentado en 2008; y la iniciativa impulsada en 2016 para que la Ley 20940 —referente a las relaciones laborales— incorporara a la orientación sexual y a la identidad de género como categorías protegidas de la discriminación.

“En el pasado reciente hemos conseguido la aprobación de la ley antidiscriminación, la ley de unión civil, la actual discusión legislativa de la ley de identidad de género y el acuerdo de solución amistosa entre el Estado de Chile y el Movilh, a través de la mediación amistosa de la CIDH, [que] compromete a todos los poderes del Estado de nuestro país a legislar toda la agenda de diversidad sexual; producto de este acuerdo, se envió al Congreso Nacional el proyecto de ley de matrimonio igualitario, pronto a ser discutido”, agrega Óscar en la entrevista.

¿Qué ha implicado este trabajo? La labor no ha sido sencilla, Movilh —que es una ONG y en Chile tiene la personalidad jurídica de Corporación de derecho privado sin fines de lucro— desarrolla sus acciones gracias al apoyo de voluntarios, que en su mayoría son de la diversidad sexual y “políticamente independientes o pertenecen a partidos desde la izquierda hasta la derecha”, explica Óscar.

De hecho, el 90 por ciento de las actividades desarrolladas por la organización carecen de apoyos económicos externos desde su creación; sin embargo, a partir de 2001, Movilh empezó a buscar financiamiento a través de dos modalidades: 1) Postulación de proyectos a instancias gubernamentales y extranjeras y 2) Donaciones y auspicios. Cabe decir que Movilh genera un reporte anual sobre el dinero que recibe. La organización tiene como uno de sus pilares la transparencia, explican en su sitio.

Así, a partir de su labor, “Movilh se ha ganado el reconocimiento y apoyo de la ciudadanía en general, de organismos internacionales como la Unión Europea, de los últimos gobiernos de Chile, de diversas embajadas extranjeras y distintas organizaciones no gubernamentales en el país”, dice Rementería.

La organización también ha tenido sorteado desafíos, Rementería comenta: “el principal obstáculo [para Movilh] han sido los miedos infundados de algunas autoridades políticas ante el avance de la agenda de la igualdad y por supuesto, el prejuicio y discriminación enraizados en la tradicional y conservadora sociedad chilena”.

A lo largo de 26 años, Movilh sido testigo y actor en  la transición de los años en que no se podía hablar de la diversidad sexual a los actuales, en donde, por ejemplo, una actriz trans (Daniela Vega) —tras obtener reconocimiento internacional por su papel en la película ganadora de un Oscar, Una mujer fantástica—, llegó al palacio de Gobierno chileno para pedir se legisle y reconozca esta identidad de género.

Precisamente este tema es relevante porque, según señala Rementería: “a pesar de que la gran mayoría de denuncias de discriminación provienen de hombres homosexuales, consideramos que la población trans es la más vulnerable del país al no tener leyes que reconozcan su identidad de género diversa”.

De modo que, si bien hay batallas ganadas, aún hay retos pendientes para la población LGBT chilena, un país en donde se necesita  “un cambio cultural de la sociedad, donde las leyes son un primer paso, pero donde la educación —en diversidad— tiene un rol central”, comenta Óscar. El trabajo de Movilh seguirá siendo clave.

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Equipo de Movilh en el Palacio de la Moneda para impulsar el matrimonio igualitario en Chile.

 

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