“Nuevos rostros de Cuba y América Latina” es una serie de 22 perfiles de jóvenes que están transformando la región desde distintos ámbitos: música, deporte, tecnología, derechos humanos, innovación, moda y más. Distintas Latitudes y la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas nos acercamos a ellos para ponerles nombre y conocer su historia.


Texto: Alberto C. Toppin y Javier Roque Martínez (Cuba)
Ilustración: Alma Ríos (México)

A Frank Camallerys le sucede que va caminando por la calle y los transeúntes lo detienen para tomarse fotos con él. Es una escena extraña en Cuba, más si tenemos en cuenta que no es actor, músico ni deportista, y que su rostro y su nombre no han aparecido nunca en los diarios ni en la televisión nacional. Por supuesto, estamos a punto de terminar la segunda década del siglo 21, hace ya bastante tiempo que para ser reconocido no hace falta ninguna de esas cosas. Ahora tenemos Internet.

Camallerys tiene 21 años y es, desde 2017, uno de los youtubers cubanos. Todas las semanas miles de personas, dentro y fuera de Cuba, entran a su canal, Camallerys Vlog, y dedican entre 15 y 30 minutos a seguir sus recorridos. La mayoría de sus videos tienen más de diez mil vistas y decenas de comentarios positivos, algunos exhortan a que Frank siga descubriéndoles la Isla, otros le agradecen que les haga revivir el pasado. Sus recorridos se han vuelto tan populares que ahora Camallerys tiene un sitio web en el que oferta excursiones guiadas a algunos de los destinos más interesantes y coloridos de Cuba: Viñales, Varadero, Fusterlandia, las bulliciosas callejuelas de La Habana Vieja. 

Claro que esto último es secundario. Porque a Camallerys lo que le gusta es Youtube. Quiere que la gente conozca Cuba a través de él y por ahora lo va haciendo bien. Al menos tiene trabajo todos los días, aunque parezca que no. 

—Mucha gente piensa que nosotros los youtubers no hacemos nada —dice él—. Que prendemos una cámara, editamos el video, lo subimos a Internet y ya está. Pero no. Si realmente quieres crecer, hay mucho trabajo detrás. 

Estamos en Mamainé, uno de los bares-café más populares de La Habana. Camallerys lleva un pulóver blanco, un jean remangado y unas Vans negras, su rostro trigueño perfilado por una barba muy corta.  

–¿Recuerdas cómo empezó todo esto? —preguntamos a Camallerys.

–A través del Paquete Semanal —responde.

El Paquete Semanal es la Internet offline de los cubanos, una carpeta de un terabyte que todas las semanas, desde hace más de una década, recorre Cuba de hard drive en hard drive a cambio del equivalente de uno o dos dólares. ¿Qué incluye el Paquete? Documentales, series, películas, música, videojuegos, animados, novelas, realitys y mucho más, casi todo transmitido y descargado durante la última semana. 

Nadie sabe bien cómo se gestiona —sí se sabe que su contenido es pirateado y su estatus no es legal—, pero lo cierto es que el Paquete es uno de los medios de entretenimiento más populares de Cuba, una puerta de escape para un país sin acceso a las grandes parrillas internacionales, donde la navegación por Internet es todavía muy limitada y la programación nacional aburrida y cíclica. Gracias al paquete  los cubanos pueden ver en sus casas la última entrega de Avengers apenas unos días después del estreno mundial, por ejemplo. De lo contrario, y en el mejor de los casos, tendrían que esperar meses hasta que lo pasaran por televisión. Por supuesto, mucho de lo que viene en el Paquete nunca aparece en televisión. Como los youtubers. 

Fue en el Paquete Semanal donde los cubanos descubrieron regados dentro de la carpeta “Humor” a Germán Garmendia, Mox, ElRubius y compañía. Y aunque llegaron tarde a ellos, al menos más que el resto del mundo, el impacto fue instantáneo. Los más jóvenes, sobre todo, quedaron fascinados con el dinamismo y la explosividad de sus videos, alejados de los moldes y discursos convencionales de la televisión. Ni qué decir que poco a poco los youtubers fueron posicionándose en el gusto de los usuarios del Paquete, hasta volverse uno de los contenidos más populares para ellos. 

Camallerys los descubrió en 2015, cuando tenía 17. Estaba a punto de terminar el preuniversitario. Al estar becado en la Escuela Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin, una de las más rigurosas del país, el único tiempo que tenía para ver sus videos era durante los fines de semana, cuando estaba en casa.  

—En ese entonces no era muy consumidor del Paquete y ni siquiera sabía que Youtube era una gran plataforma de videos —dice—, pero me gustaban mucho los de Alan x el mundo y Casey Neistat. Esos eran los que más buscaba. 

Fue durante ese mismo año, 2015, que aparecieron los primeros youtubers cubanos radicados en Cuba. Ya desde antes habían aparecido otros asentados en el extranjero, como Sandra Cires, actualmente con más de siete millones de seguidores, o los Pichy Boys, muy populares por sus graciosos doblajes de películas. Para ellos, por supuesto, conectarse a Internet no representaba ningún problema, todo lo opuesto a los muchachos de Palanganeando, Adriano López (ComepizzaOnline) y Dina Fernández (Dina), pioneros del fenómeno en la Isla. 

El gobierno de Raúl Castro recién comenzaba la tarea de llevar Internet a todos los cubanos. Antes, solo los extranjeros y determinados sectores profesionales tenían acceso a la red, muchas veces racionado. En 2014 se implementaron las primeras zonas Wifi y salas de navegación. En ambas, la conexión se establece mediante tarjetas prepago que al principio costaban a razón de 4.50 dólares la hora, ahora cuestan un dólar. En cualquier caso, hablamos de un precio todavía caro para una población cuyo salario promedio mensual no supera el equivalente de 30 dólares.  

Al igual que los youtubers internacionales, los cubanos hacían —hacen— sketches, monólogos y tutoriales. Y, a pesar de los altos precios de Internet, también crearon sus propios canales, solo que, teniendo en cuenta que muy pocos cubanos podían permitirse ver sus videos online, llegaron a un acuerdo con los principales productores del Paquete para que incluyeran sus videos. Así, al menos, tenían la posibilidad de llegar a miles de casas a todo lo largo y anchos del país. 

Todavía ajeno a todo esto, Camallerys había terminado el preuniversitario y empezado a estudiar Medicina. 

—Pero me confundí —dice—. Me di cuenta de que no es lo mismo que te guste Anatomía de Grey a que te guste la carrera de Medicina. Estudié hasta finales del segundo semestre, cuando empezaron a darme muchas crisis de ansiedad. Por eso un día llegué a casa y le dije a mis padres que no quería seguir. 

Sin nada en qué ocupar su tiempo, se volcó a buscar opciones. Encontró la Escuela de Fotografía Creativa de La Habana y se apuntó. Desde hacía años disfrutaba tomar fotos e incluso filmar pequeños videos. Pensó que era una buena oportunidad para aprender, a pesar del escepticismo de sus padres, que no le veían ningún futuro con una cámara en la mano.

Fue en esa época, también, cuando empezó a conectarse con mayor regularidad a Internet y a investigar cómo funcionaba Youtube y cómo hacían los youtubers para vivir de él. Después de varios meses estudiando los videos de Alan x el mundo, su principal referente, decidió que quería probar suerte en la plataforma, apenas sabiendo lo básico. 

—En realidad la mayoría de los youtubers han aprendido por su cuenta. Son pocos los que han pasado por una escuela de comunicación audiovisual o algo parecido. Casi todos somos autodidactas, aprendemos descargando tutoriales. 

Como la mayoría de los youtubers cubanos, Camallerys empezó a grabar con su celular, aunque poco después logró hacerse de una cámara profesional que le permitió dar un salto de calidad en cuanto a imagen. Lo mismo con la edición: primero se auxilió de un programa bastante básico, luego de uno profesional. Lo que sí lo diferencia en buena medida del resto de sus colegas es que estos, generalmente, filman en interiores, algo entendible para quienes apuestan por los monólogos y los tutoriales, por ejemplo, pero no para alguien interesado en mostrar el mundo exterior.  

—¿Y cómo llegaste a elegir la temática del canal?

—Al principio intenté hacer humor, pero realmente no era ni gracioso ni entretenido. Entonces me puse a buscar contenido sobre Cuba y me di cuenta de que casi todo había sido creado por extranjeros, no por nosotros. A partir de ahí empecé a trazar mi camino. En un inicio la estrategia era crear contenido para los cubanos fuera del país, esos que no han venido en mucho tiempo y tienen añoranza, pero después empezaron a interesarse personas de otros países. Fue cuando di el giro hacia lo turístico. Ahora, cada vez que hago un video, trato de que tenga una utilidad, de que le sea útil al turista y también al cubano que se fue. 

Desde su estreno en mayo de 2017, Camallerys Vlog es uno de los canales de Youtube Cuba más populares y mejor posicionados. Lo avalan sus más de 39 mil suscriptores y 10 mil seguidores en Instagram. 

Gracias a él, miles de personas han conocido o aprendido sobre algunos de los lugares más icónicos e interesantes de la geografía cubana, pero también han podido acercarse a la vida común de los cubanos, aprender cómo funciona el país para quienes viven aquí, ver un poco los contrastes. Lo mismo realiza un vlog sobre la historia de la Necrópolis de Colón, uno de los cementerios más famosos del mundo, que ilustra las posibles meriendas disponibles en las calles de La Habana por el equivalente de un dólar. Así siempre: un día Viñales, otro el transporte público; un día Trinidad, otro la situación arquitectónica del país; un día los mejores restaurantes de Cuba, otro el peor hotel.

—Es que no todas las personas interesadas en venir a Cuba toman taxis privados —dice él—. He tenido la oportunidad de conocer a muchas y realmente quieren saber cómo se mueve el transporte, cómo es la experiencia de comer en la calle, qué es lo más recomendable económicamente. Porque no todo el mundo viene con un gran presupuesto. Hay quienes vienen de mochileros y tienen otros intereses. Por eso los contrastes. Puedo mostrar desde los lugares más caros y lujosos hasta las cosas más cotidianas. 

—¿Y qué es lo que más te interesa posicionar de Cuba?

—Yo no quiero compartir hambre, miseria ni desolación, ni que la gente vea mis videos y se sienta mal por una situación que pueda estar pasando o no. El objetivo es mostrar una Cuba alegre, destacar las cosas buenas y también las malas, pero nunca desde el punto de vista de humillarla. Realzar lo mejor de la cultura, la religión, la geografía. Mostrar que, independientemente de los problemas, la gente siempre tiene una sonrisa. 

Al comienzo, Camallerys insertó sus videos en el Paquete Semanal, como el resto de sus compañeros, pero después de dos semanas ya no pudo. Al menos durante un tiempo, sus organizadores prefirieron no incluir más a los youtubers cubanos, después de que uno de ellos pasara un vlog en el que hablaba abiertamente sobre drogas y ventas ilícitas. 

Para no tener problemas con las autoridades y hacer peligrar su negocio, el Paquete se rige por una serie de normas no escritas según las cuales no se comparte pornografía, contenido político sensible ni ningún otro que vaya en contra de la política comunicacional cubana. Es su manera de blindarse frente a un aparato institucional que nunca lo ha mirado con buenos ojos, que lo responsabiliza de promover la introducción de contenido chatarra al país y que, de hecho, intentó hacerle contrapeso con La Mochila, una versión “políticamente correcta” del Paquete, sin novelas ni realitys ni videos de reguetón, que ha tenido escaso éxito. 

De todas formas, Camallerys cree que el Paquete no era el camino a seguir. Por mucho que facilitara darse a conocer dentro de Cuba, tenía poco impacto sobre su popularidad o aceptación online, que es lo que más importa en el negocio. En ese sentido es muy pragmático. Su gran objetivo es triunfar en la plataforma y en eso se centra. 

—Yo creo que es uno de los mejores que tenemos —dice Evelyn Bestard.

Bestard es la fundadora de otro canal cubano llamado Miradas Habaneras. Graduada de Ciencias de la Información, Evelyn inició su proyecto de Youtube en 2015 y, aunque no se dedica a él exclusivamente, conoce a casi todos los youtubers radicados en La Habana gracias a las famosas “quedadas”, las reuniones al aire libre que organizan entre ellos para verse, hacer cosas en grupo y conocer a sus seguidores. 

En una de esas quedadas fue donde conoció a Camallerys, quien ya despuntaba desde el principio. Juntos hicieron un video recorriendo uno de los zoológicos de La Habana. 

—Camallerys es alguien muy enfocado, alguien que tuvo su contenido muy bien planificado desde el principio. Lo suyo siempre fueron los viajes, mostrar la realidad tal cual, y lo hace muy bien. Mira sus guiones, sus grabaciones, la calidad de la imagen. 

Precisamente gracias a su éxito, Camallerys fue uno de los primeros youtubers cubanos (radicados en el país) en poder sacar partida de su trabajo. El problema es que, a consecuencia del bloqueo estadounidense, Youtube no puede realizar trámites comerciales ni financieros con personas asentadas en Cuba. Es la razón por la cual Camallerys no puede cobrar normalmente sus honorarios. 

Después de llegar a los mil seguidores y a las cuatro mil horas de reproducción de sus videos, que son las marcas a partir de las cuales los youtubers pueden comenzar a monetizar sus canales, Camallerys utilizó un VPN para engañar a Youtube. De esa forma, la empresa pensaría que estaba radicado en otro país y le pagaría como al resto de sus asociados. Los VPN, sin embargo, cambian constantemente el punto de conexión y los administradores de Youtube se dieron cuenta. Sin planes de marcharse de Cuba, Camallerys debió confiar en una segunda persona asentada en el extranjero para que le administre la cuenta regularmente desde su país. 

Aunque no es tan fácil generar ingresos constantes en Youtube, Camallerys no parece desesperarse. En cualquier caso, ahora tiene las excursiones y las comisiones que le pagan algunas agencias y tiendas online por promoción de sus productos. Claro que para una población ajena a la publicidad, y también analfabeta en términos de ciberespacio, se hace difícil entender cómo alguien puede vivir de eso. Es la razón por la que muchos miran todavía con escepticismo, incluso con sorna, las ocupaciones que empiezan a aparecer en Cuba alrededor de Internet, como la de los youtubers o los influencers que, dicho sea de paso, tampoco son reconocidas legalmente. 

No obstante, Camallerys sigue su camino y los resultados se van viendo. La primera vez que tuvimos noticias de él, hace un año, no llegaba a los siete mil suscriptores. Doce meses después ha crecido en más de 32 mil. Con un contenido fresco e instructivo, realizado con más tino que buena parte de los programas nacionales de la televisión, es un ejemplo de lo que se puede lograr en esta era cuando hay creatividad y ganas de triunfar, independientemente de no contar con las condiciones idóneas ni con apoyo institucional. 

—Muchos youtubers se quejan de que no tienen la cámara apropiada para filmar o de lo caro que resulta el acceso a internet, pero yo creo que, en realidad, lo que les falta es constancia —dice—. Los he conocido de otras partes del mundo que han sobrevivido meses con poquísimos suscriptores, y aquí hay quienes quieren volverse locos después de tres semanas con diez seguidores. Quieren la fama rápida y los que han triunfado afuera saben que este es un trabajo largo, que lleva esfuerzo. YouTube es eso: constancia. Aunque tengas 30 mil seguidores. Porque dejas de subir videos un mes y ya después nadie se acuerda de ti. La constancia es la que te hace estar vivo para el público. Eso y crear contenido nuevo. De lo contrario caes en la rutina. Tienes que estar todo el tiempo así –chasquea los dedos tres veces con ritmo.

—¿Y crees que has tenido éxito?

—Yo creo que sí. Pero lo mejor es que me cambió por completo. Antes era muy materialista, y el hecho de visitar otros lugares de Cuba, también de México, hizo que cambiara mi forma de pensar. Ahora soy una persona más espiritual. Valoro lo que tengo, que antes no lo hacía. Gracias a mi trabajo en Youtube me levanto todas las mañanas agradecido. Por un lado porque he visto cosas tristes, pero también por la cantidad de personas que me escriben diciéndome cuánto les gusta lo que hago. 

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