Si hay algo que caracteriza a nuestro continente es el arte. ¿Cómo ha sido el proceso de transformación de las diferentes expresiones artísticas de nuestras ciudades en tiempos de pandemia? ¿Qué ocurrió para que el teatro, la danza, la fotografía, los conciertos y la música se mantuvieran activos mientras estuvimos encerrados? ¿Cómo vivieron esta pausa sus protagonistas? El arte está compuesto por el  mismo germen con el que la humanidad vive y crea, por eso queremos contar la historia de ellxs, en una época donde la incertidumbre ha sido nuestra única certeza. 


 

Las sociedades se encuentran en pleno proceso de adaptación de lo que implicó la cuarentena que inició en marzo de 2020 y que aún se mantiene vigente en varios países de Latinoamérica y el mundo. La realidad forzada que ha desatado la pandemia por covid-19 ha implicado que muchos de nuestros hábitos hayan tenido que adaptarse o modificarse por completo. El aislamiento ha acelerado el salto del entretenimiento hacia las plataformas digitales: la música, en sus diversas formas, como los conciertos han sido una de las principales expresiones artísticas en mutar y acelerar la llegada de las nuevas tecnologías y las plataformas a nuestra nueva cotidianidad. Pero no ha sido lo único, el teatro y la danza han encontrado en espacios digitales como Zoom un nuevo escenario para contar historias y mantener andando el germen creativo que moviliza el cuerpo y la mente.  

Fue justo cuando descubrimos la amenaza de contagio del nuevo coronavirus en el cuerpo del otro, que se despertó la necesidad de ocupar espacios que antes servían como puente para la convivencia. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, se han dictado charlas y talleres a lo largo de este 2020 que invitan a la reflexión sobre la “relevancia del convivio“ y es allí donde justamente el teatro se ve atravesado: la fuente fundamental de su expresión, que es la vida, ya no es la misma. Por lo tanto, aunque ha implicado un reto para quienes lo sostienen, su mutación ha hecho que nazcan obras presentadas a través de Zoom o nuevos temas de reflexión y creación para presentar sobre las tablas producto del encierro. 

En medio de la incertidumbre se han desarrollado diversas estrategias para que la actividad de directores, dramaturgues, actrices y actores permanezca. Al respecto, en una nota publicada en abril de 2020 del diario argentino Página 12 se dice que, a pocos días del confinamiento, se conformó la organización de Profesores Independientes de Teatro (PIT) en la ciudad de Buenos Aires. Entre muchas de las actividades y medidas que se tomaron, se confeccionó un protocolo para “poder dar clases cuando se abra el confinamiento”. La idea era que en el momento en el que se abrieran de vuelta los espacios, también regresaran las clases de formación actoral, eso sí,  “con menos gente, respetando distancia, que duren menos, con un protocolo de sanidad y cuidados.  Sin embargo, en ese “mientras tanto”, que se sostuvo durante casi nueve meses, alternativas como el teatro virtual surgieron para ofrecer una variedad de obras en la ciudad. 

Artistas de distintas disciplinas se aventuraron a construir obras a través de las pantallas, creando salas de ensayos virtuales, donde más de una vez se cuestionó la teatralidad de eso que ahora se está filmando. En muchas salas y compañías de teatro de Buenos Aires se hicieron reinterpretaciones de las obras que estaban en calendario para ser presentadas en el 2020 sobre las tablas. Otras compañías independientes optaron por mantener entrenamiento actoral a través de Zoom y aprovechar la ocasión para invitar a profesores de otras técnicas y países a sumarse a la reflexión sobre la teatralidad. Ese fue justamente el caso de Teatro Nueva Era, bajo la dirección de la venezolana Jennifer Gásperi en Buenos Aires, hicieron ciclos de charlas y talleres con actrices y actores de distintas partes del mundo para un grupo de formación  en su mayoría venezolanos basados en Argentina que iniciaron entrenamiento en marzo de 2020. 

La dinámica les permitió hacer obras creadas a distancia, pero manteniendo un canal de comunicación entre Caracas y Buenos Aires. Experiencias como las de Teatro Nueva Era son las que nos interesa explorar. El propósito es hurgar en ese proceso de transformación: ¿qué fue lo que implicó realmente para una directora de teatro continuar la formación de sus alumnxs a través de las pantallas de sus computadoras y celulares? ¿Cómo se trabaja el cuerpo a distancia? ¿Es posible montar una obra en dos ciudades distintas? ¿Mantendrían ese formato una vez que los espacios vuelvan a funcionar con normalidad?  

Desde el punto de vista dramatúrgico, el encierro ha mostrado caras distintas de la ansiedad, la soledad, el miedo, la vida en pareja y la cotidianidad. “Monólogos de la Peste” es un ejemplo de este proceso creativo. Inició como una convocatoria que la sala Caras y Caretas lanzó a comienzos de la cuarentena para escribir un monólogo que atravesara la cuestión de la pandemia y funcionara como un testimonio de este tiempo. Se presentaron 2.500 textos, de los cuales fueron seleccionados diez, que se representaron en el teatro, con actrices, actores y directores especialmente convocados para cada proyecto. 

La intención era, precisamente, reírse de los problemas cotidianos que se estaban creando en esta nueva dinámica y, en efecto, resultó ser una experiencia revitalizante que arrojó una nueva pregunta de reflexión: ¿los modos de creación híbrida para el teatro llegaron para quedarse? 

Otras expresiones como la fotografía han potenciado el valioso aporte de retratar la realidad. Es a partir de la observación de nuestro entorno que encontraremos las señales inequívocas para transformar este proceso en conocimiento creativo. En agosto de 2020, el Dr. Andrés Garay conversó con estudiantes de la Universidad de Piura en Perú sobre el rol de la fotografía en la pandemia: “el impacto de las imágenes será más notorio en la medida que pase el tiempo y tengamos que definir una memoria visual colectiva de la situación”. 

De esta premisa se han desprendido iniciativas como la muestra fotográfica internacional “En Pausa” que reúne el trabajo fotográfico de artistas en cinco continentes. Entre ellos se destaca el brasilero Lalo de Almeida. Sus trabajos reflejan los cambios visibles en las ciudades más importantes del mundo, pero también la movilización interior y el cambio en la mirada producto del encierro y la distancia social. En América Latina varias han sido las escuelas de que han abierto talleres y discusiones para repensar la fotografía  más íntima, que implica explorar la magia de los espacios cotidianos. ¿Qué encontraron lxs fotografxs de nuestras ciudades en sus casas? ¿Qué salió de su propia sombra? ¿Cómo mantuvieron los talleres de enseñanza? ¿Ha sido posible mantener esa memoria visual pero desde casa? 

Ahora, ¿qué ha pasado con la danza? Antes de la pandemia, las clases se hacían presenciales: había salones llenos de personas entusiasmadas por mejorar su técnica o moverse simplemente por diversión. El encuentro en la danza tiene un elemento social que quedó prácticamente suspendido durante el encierro. Después de que entraramos en cuarentena, instructores y alumnos empezaron a evaluar la posibilidad de moverse desde sus casas, usando Zoom como plataforma para reunirse nuevamente. 

Para la instructora y bailarina venezolana Yoxelin Rivas, el proceso fue a la inversa. Desde que llegó a Santiago de Chile en el año 2016 se dedicó a dictar clases presenciales de ritmos latinos, enfocados principalmente en el merengue, la salsa y la bachata. Pensar en hacer una clase por Zoom le resultaba extraño e impersonal, porque el eje de su método de enseñanza estaba  enfocado en trabajar la confianza de sus alumnos en el movimiento. ¿Cómo era posible sostener algo así por Zoom? 

En abril de 2020 decidió probar y elevar la apuesta: expandirse hacia otros países y ritmos del Caribe. Agregó clases de danza afro-venezolana y de a poco empezaron a sumarse personas de diferentes regiones de Chile y, luego, de diferentes partes del mundo como Perú, Colombia, Venezuela y España. 

En el proceso descubrió su propia capacidad para comunicar a pesar de la virtualidad y aunque varias han sido las dificultades que le ha tocado solventar, considera que el balance es positivo. Lo interesante de procesos como el de Yoxe es que hay muchos factores en juego: elementos vinculados a la estabilidad económica y emocional que nos interesa hurgar en este reportaje. ¿Cómo fue el recorrido de Yoxe en lo más íntimo de su propia búsqueda? ¿Cómo fue enseñar lejos de un estudio de danza?

Los conciertos virtuales, vía streaming, han tenido un importante crecimiento durante todo el año, además del incremento que ha habido desde marzo de 2020 en los lives de Instagram. Tan solo en Argentina el tráfico de internet registró un incremento entre 22% y 25% en promedio, en otros países de Latinoamérica las cifras son similares. 

Específicamente respecto a los conciertos virtuales, Spotify ha lanzado una nueva función que permitiría a sus suscriptores asistir a conciertos virtuales. En Argentina y en Colombia, así como en otros países de Latinoamérica, se ha desarrollado el protocolo para realizar auto-conciertos en venues que permiten albergar esa capacidad de personas, cumpliendo con el protocolo de distanciamiento establecido en cada ciudad. 

Este formato ha sido una de las alternativas que han encontrado artistas, músicos y productores en todas partes del mundo para mantener el contacto con el público, pero también para garantizar otra fuente de ingresos que no venga de las reproducciones o de los tours que, por ahora, siguen siendo inviables. En marzo de 2020 el 90% de los conciertos que se realizaban vía streaming con plataformas como YouTube o Twitch eran gratuitos; hoy en día son gestionados por corporaciones que a partir de la pandemia agregaron entradas virtuales para los conciertos, incluso para aquellos que sean presenciales. 

La pandemia también ha demostrado el poder y alcance de las redes sociales como una herramienta al servicio de los músicos. Los directos de Instagram se han convertido en una forma de acercarnos a ella de una forma más íntima y cercana. Aunque la plataforma que brinda Instagram ha sido un recurso poderoso, no ofrece una calidad de audio ni video elevada; sin embargo, la accesibilidad ha hecho que se creen puentes no solo entre músicos y su público, sino entre colegas, Djs y creadores de contenido. Aunque muchos consideran que ésta es una transición temporal, expertos en la materia no descartan que después de la pandemia, los conciertos virtuales no desaparezcan; sino que se ofrezcan dentro de la estructura y la oferta que se ha manejado tradicionalmente en los conciertos presenciales. Algunas empresas están considerando incluir entradas virtuales para público de distintas partes del mundo. 

Es un proceso que, sin duda, ocurriría, con la diferencia de que ha sido la pandemia la que ha acelerado su llegada y la necesidad de bajar a tierra algunas condiciones. Sin embargo, cabe preguntarnos ¿cómo se hizo posible? ¿Cómo lo viven algunos dj´s latinoamericanos que han sido responsables de las mejores fiestas virtuales que nos dio el 2020? ¿Mantendrán el formato cuando se acabe la pandemia? ¿Girarán por las ciudades en donde tuvieron más espectadores? 

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El teletrabajo ha reducido nuestra vida social y parece haberla simplificado a nuestras pantallas. Paradójicamente, esa misma pantalla se ha convertido en una ventana, un canal de comunicación para aprender, crear e impulsar el arte que mueve a América Latina. Aunque en algunas ciudades de nuestra región la apertura a espacios como bares y teatros se ha iniciado paulatinamente, la posibilidad de un nuevo lockdown se hace cada vez más real y patente. El consumo de contenido de entretenimiento y arte ha aumentado, acelerando la mutación hacia lo virtual que se esperaba ocurriera de manera progresiva con el paso del tiempo. 

Queremos ampliar nuestro radar con propuestas que se estén creando en cada una de sus ciudades y contar sus historias. Para el primer trimestre del 2021, profundizaremos en estas expresiones con microperfiles o reseñas de cada uno para conocer, más en detalle, lo que la pandemia ha significado en el proceso creativo de quienes lideran estos proyectos. 

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Este artículo forma parte de Arte en Pandemia, una serie de artículos que muestran cómo las expresiones culturales y artísticas de América Latina se reinventaron/adaptaron a las condiciones de aislamiento social provocadas por la pandemia de covid-19.

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Ilustraciones: Rocío Rojas
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Ana Cristina Frías

Venezuela (1993). En 2017 se mudó a Buenos Aires debido a la situación política y social que se vive en su país. se graduó como Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela en 2016. Trabajó como redactora creativa para diferentes agencias digitales, hasta que empezó como coordinadora de prensa para bandas alternativas y proyectos culturales. Colaboro periódicamente para distintos portales web como No Son Horas y Revista NERVIO en Argentina y en Venezuela para UB Magazine, Mente Kupa, Cúsica Plus y Caracas Contexturas.

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