Por Santi Carneri, desde Asunción, Paraguay

La mayoría de la gente que conozco de Europa y Latinoamérica no sabe ni el nombre de la capital de Paraguay -Asunción- ni de su presidente -ahora es Horacio Cartes, un turbio empresario y terrateniente-.

Mujeres y niñas con un vestido tradicional caminan por una calle del microcentro de Asunción, Paraguay. (Foto: Santi Carneri).
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Mujeres y niñas con un vestido tradicional caminan por una calle del microcentro de Asunción, Paraguay. (Foto: Santi Carneri).

Es un destino al que solo llegan cooperantes, diplomáticos, convictos, sospechosos empresarios y esos mochileros que ya lo han visto todo y van tachando nombres de países de una lista como si fuera una competición.

Y la verdad es que yo tampoco sabía nada de este lugar antes de venir a establecerme aquí como corresponsal hace casi cuatro años. Y eso que justo antes de venir vivía en Brasil, y que, aunque mi cultura y mi acento son de España, soy nacido en Argentina de donde también son mis padres.

¿Por qué Paraguay es un país tan desconocido?

”Isla rodeada de tierra”. Así lo definió su escritor más renombrado, Agusto Roa Bastos (Premio Cervantes en 1989).  Sufrir la dictadura más larga de Suramérica, la del militar Alfredo Stroessner, entre 1954 y 1989, y su consecuente conservadurismo y corrupción, aisló y aisla al país del resto del mundo. Geográfica y culturalmente.

Además, las carreteras son tan malas que entrar y salir suele ser difícil. Y ninguna aerolínea da prioridad a

Niños del pueblo indígena ayoreo totobiegosode juegan al fútbol cerca en su comunidad, llamada Chaidí, situada en el departamento de Alto Paraguay, fronterizo con Bolivia. (Foto: Santi Carneri).
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Niños del pueblo indígena ayoreo totobiegosode juegan al fútbol cerca en su comunidad, llamada Chaidí, situada en el departamento de Alto Paraguay, fronterizo con Bolivia. (Foto: Santi Carneri).

este territorio que es del tamaño de Francia pero que cuenta con solo 7 millones de habitantes. La oferta de vuelos es escasa y viajar a Buenos Aires, Sao Paolo o a cualquier otro punto de la región es siempre demasiado caro.

Casi no hay turismo. Algunos viajeros despistados caen por Asunción en su camino a las famosas Cataratas del Iguazú, ubicadas en la frontera entre Brasil y Argentina. Ese viajero express después extiende por América el estúpido rumor de que “en Paraguay no hay nada que ver” o la famosa frase: “lo mejor es su gente”. Estereotipo confirmado por la también estúpida encuesta de Gallup que por cuatro años consecutivos ha nombrando a Paraguay: “el país más feliz del mundo”.

Los que sí vienen mucho de visita son algunos de los aproximadamente 1,5 millones de paraguayos que viven entre Argentina, España, Brasil y Estados Unidos. Algunos exiliados desde la dictadura, pero la mayoría expulsados por las consecuencias del desastroso manejo económico del Estado, también en su actual y frágil democracia.

Pero estar rodeado de tierra no lo hace un país único y no justifica su casi nula presencia en el imaginario mundial. El vecino Bolivia tampoco tiene salida al mar, también tuvo largos gobiernos dictatoriales, también está en el corazón del continente y, sin embargo, es mucho más visitado, conocido, estudiado…

Será una isla rodeada de tierra, pero caribeña

Coincido en que Paraguay puede ser una isla, pero entonces es una isla caribeña, aunque no tenga mar y esté en Suramérica. Porque además del aislamiento, tiene el clima tropical, el calor, la humedad, los mosquitos, las frutas y la desigualdad.

Típico paisaje de palmeras en la región del Chaco, el segundo bosque continuo más grande de Sudamérica después del Amazonas, compartido entre Paraguay, Bolivia y Argentina.
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Típico paisaje de palmeras en la región del Chaco, el segundo bosque continuo más grande de Sudamérica después del Amazonas, compartido entre Paraguay, Bolivia y Argentina.

No hay mar pero sí unos ríos inmensos: el Paraguay y el Paraná, que marcan las fronteras y la vida cotidiana de sus habitantes.

Esas dos gigantescas masas de agua y los calurosos vientos del vecino del Norte, Brasil, son culpables de que vivamos una humedad y una temperatura que hace crecer a los árboles dentro de las paredes de las casas. Literal. Hay un mes de invierno y el resto de infierno. Caminar es nadar vestido.

Hay tanta marihuana o más que en Jamaica. Paraguay es el principal productor de esta droga en toda Suramérica, pero ese es otro tema. Es tan caribeño que compite con Venezuela por ver cual es el más corrupto. Como el Caribe, también es una zona de pirateo y contrabando a gran escala. Hasta su presidente, dueño de una tabacalera entre otras muchas empresas, es acusado constantemente de contrabando de tabaco hasta lugares tan lejanos como México.

Pero además de Caribe, Paraguay podría ser perfectamente un país centroamericano.

No hay más que ver su tasa de homicidios en las zonas fronterizas con Brasil: el narcotráfico en esa región deja tantos muertos como la guerra de pandillas de Honduras, país con el que también tiene en común haber sufrido un reciente golpe de Estado blando. Es un paraíso fiscal, como Panamá. Las empresas pagan tan pocos impuestos que hasta el FMI sugiere al Gobierno paraguayo que los suba.

Pese a la masiva tala de bosques de los últimos 50 años, como en Costa Rica, Paraguay aún tiene una

Una niña indígena participa de una protesta en Asunción, capital de Paraguay. (Foto: Santi Carneri).
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Una niña indígena participa de una protesta en Asunción, capital de Paraguay. (Foto: Santi Carneri).

vigorosa presencia de naturaleza, millones de hectáreas vírgenes donde hay especies únicas como el yaguareté. Aunque están en serio riesgo. 

Y como en muchas muchas zonas de Centroamérica, y a diferencia de Argentina, Chile y Uruguay, aquí se han mantenido una gran cantidad de culturas originarias. Unos 19 pueblos indígenas diferentes conviven en Paraguay. Y una lengua nativa, el guaraní, coexiste con el español en el día a día de los paraguayos. También hay un enorme mestizaje en la población, enriquecida entre esos pueblos originarios, los descendientes de africanos y los europeos.

Paraguay es también territorio de paradojas y contrastes. Es un lugar donde aún existe esa amabilidad y hospitalidad de las gentes de costa, ese salir a la puerta de la casa a charlar con los vecinos hasta el anochecer. Ese esfuerzo en indicar una dirección que en realidad no saben bien donde está.

Sin embargo, también es un país de un clasismo feroz. Aún hay ascensoristas en casi todas las instituciones públicas, entre otros muchos oficios anacrónicos, y el sistema educativo se encuentra entre los peores del mundo.

Es un país de narcotraficantes, sobre todo brasileños. De líderes indígenas y campesinos asesinados misteriosamente. De cárceles inhumanas saturadas de acusados sin juzgar.

Un lugar de tierras vírgenes por descubrir, pero en manos de gigantísimos terratenientes que las talarán antes de que llegue un biólogo o el Estado para intentar proteger su hiperdiversa fauna y flora.

Un país donde hay exactamente el doble de vacas que de personas -eso es tomarse en serio ser el sexto exportador de carne del mundo-. Una pena que la gran montaña de dinero que dejan esas vacas sea a costa de tener una de las concentraciones de tierra más altas del mundo.

Es un país que, entre soja y carne, produce y exporta alimentos para 60 millones de habitantes, pero que mantiene al 22 por ciento de su propia población luchando por llevar comida a casa cada día.

Es un país tan aislado en el tiempo, que ahora que ya ni las FARC operan, aún tiene en activo una guerrilla, supuestamente izquierdista. Se llama el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), pero esa ya es otra historia.

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Una mujer juega con una cometa frente a la barriada “Chacarita” y los altos edificios del microcentro de Asunción, la capital de Paraguay. (Foto: Santi Carneri).
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Una mujer juega con una cometa frente a la barriada “Chacarita” y los altos edificios del microcentro de Asunción, la capital de Paraguay. (Foto: Santi Carneri).