“O me voy a ver a mi familia o me muero aquí”. La declaración de Jihad Diyab en un video publicado en Youtube el pasado martes 6 de septiembre es contundente. El expreso de Guantánamo está acostado en la cama del apartamento donde reside en Montevideo, con dificultades para hablar y un estado físico deteriorado. A la fecha de su publicación, Diyab llevaba más de 20 días en huelga de hambre, y cinco sin ingerir líquidos, por lo que debió ser hospitalizado durante la madrugada del martes.

El sirio Jihad Diyab llegó a Uruguay en diciembre de 2014, junto con otros cinco expresos de la cárcel estadounidense Base Naval de Bahía de Guantánamo, Cuba. Un campo de detención de alta seguridad para acusados de terrorismo. Al momento de su llegada, tenían entre 32 y 49 años, y un pasado de tortura, violencia física y psicológica en Guantánamo. Todos fueron encarcelados por tiempo indefinido y sin haber sido juzgados, pasando por encima de cualquier tratado internacional de derechos humanos vigente. Se concretó su partida a Uruguay, a raíz de un acuerdo entre Estados Unidos y el gobierno de José Mujica.

Desde un comienzo, Diyab llamó la atención. De estatura alta, mirada oscura, abundante barba y pelo largo, su caso ya tenía repercusiones internacionales por la extensa huelga de hambre que habría realizado en la cárcel, donde estuvo 12 años recluido. Ha relatado a numerosos medios uruguayos y extranjeros la tortura que vivió en Guantánamo. Los maltratos físicos fueron tan brutales y prolongados en el tiempo que los médicos han constatado que ya no responde al dolor, y usa muletas porque perdió por completo la sensibilidad en la pierna derecha, de la rodilla hacia abajo, como se relata en el semanario uruguayo Brecha. Una de las torturas más crueles fue la alimentación forzada a la que se exponía a los presos como castigo por las huelgas de hambre. Una práctica que Diyab recreó en la vía pública en Uruguay.

Él sostiene que el gobierno uruguayo no cumplió con lo que le prometió desde un principio: reencontrarse con su familia, que actualmente se encuentra en Turquía. En más de una ocasión ha expresado que en Uruguay todavía se siente preso, no es libre. Un país en el que no podría sostener económicamente a su familia, ni tener una casa para acogerlos por los costos elevados. Diyab intentó radicarse en Argentina; viajó a Venezuela, donde esperaba que lo ayudaran a reencontrase con su familia; y hasta despertó rumores en Brasil de que estaba planeando un atentado en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Tanto en Argentina, como en Venezuela, lo deportaron.

Diyab está cansado y frustrado de que no le encuentren una solución a su situación. Se desespera por ver a su familia, con la que quiere vivir en un país afín a su contexto cultural. A su vez, continúa su reclamo para que Estados Unidos pague por lo que le hizo a él y tantos otros en Guantánamo. Autoridades uruguayas han declarado a los medios que se está haciendo lo posible para trasladar a Diyab a algún estado del mundo árabe que lo quiera recibir.