Skip to main content

La inestabilidad política, los desastres naturales y la pobreza que acechan a Haití obliga a sus habitantes a emprender una travesía hasta por once países con destino final a Estados Unidos. En el camino, las mujeres quedan embarazadas. Pero su condición no les impide resistir las extremas temperaturas y los tramos selváticos.


Texto: Perla Miranda y Astrid Rivera

Fotos: Perla Miranda

 

¿Qué será de nosotros después de esta larga travesía?

Poco importan si el mármol o la piedra eternizan

nuestro corazón de húmedo barro.

Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz

del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió

la mano cuando se aproximaba la caída.

Jacques Viau

 

Son casi las ocho de la mañana y el sopor provocado por el calor tropical de Tapachula, Chiapas, ya se siente. Al internarse en las calles de la Nueva Esperanza  de inmediato  sus habitantes lanzan miradas cargadas de desconfianza a los ajenos a ese barrio.

En los caminos terregosos sin pavimento, rodeados de árboles de plátano, niños de cabello ensortijado con piel oscura, juegan y se corretean entre sí; hombres atizan el fogón para calentar la comida, mujeres arrullan a sus bebés en las puertas de las viviendas que anuncian peinados con trenzas. 

Este paisaje parece más bien el de algún país caribeño, pero se trata de la colonia Nueva Esperanza, ubicada en las cercanías de la Estación Migratoria Siglo XXI, la cual es un centro de detención que aloja temporalmente a los extranjeros que no acrediten su situación migratoria. Las viviendas de ese barrio conocidas como “cuarterías” son espacios de no más de cinco metros cuadrados por los cuales se paga de renta un promedio de mil 300 pesos al mes equivalente a 64 dólares; ahí pueden convivir hasta diez personas.

“La gente de Haití vive en condiciones terribles, la gente está sufriendo mucho, están en colonias irregulares, hacinados, en cuartuchos de cuatro por cuatro metros donde llegan a meterse 20 personas, son las condiciones de la gente de Haití”, expresa Luis García Villagrán, coordinador del Centro de Dignificación Humana.

Antes de llegar a territorio mexicano, los haitianos realizan un titánico viaje  en el que pasan por once países; su periplo inicia en Brasil, pasando por Chile, para luego enfilar hacia Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y finalmente México. Las temperaturas extremas y las zonas selváticas son solo algunos de los obstáculos que han tenido que sortear.

Tras este viacrucis, es en la Nueva Esperanza donde la mayor parte de la población haitiana se ha asentado a la espera de obtener los documentos migratorios que les permita transitar por México y perseguir el anhelo de llegar a la Unión Americana.

La espera no es el único desafío al que deben hacer frente, el poco dominio del español y la falta de intérpretes del creole idioma producto de la mezcla entre francés y lenguas africanas, en los servicios públicos, complica su acceso a la salud y a los trámites migratorios, sumado a la discriminación que sufren por parte de los mexicanos.

El endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos y el atraso en los procedimientos migratorios en México, impide a la población migrante transitar por el país y conseguir un empleo formal, por lo que ha quedado varada en Tapachula, ciudad de la frontera sur de este país.

El arribo de haitianos a México se refleja en el número de personas que solicitan refugio, pues pasaron de 76 en 2018,  a 47 mil 494 en 2021. Las personas originarias de Haití se convirtieron en el grupo migrante que más solicitó la protección de refugio, seguido de Honduras, según datos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).

Aunque el número de solicitudes va en ascenso, no así los trámites aprobados. De 2013 a 2020 la COMAR concedió refugio a 342 personas y les otorgó protección complementaria a 453, esta última modalidad autoriza los permisos de trabajo, pero no ofrece un camino para la regularización o las peticiones de visados familiares. 

Martha Rojas, investigadora del Departamento Sociedad y Cultura de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), considera que la estadía cada vez más larga de los haitianos en Tapachula generó un ambiente de discriminación hacia este grupo. 

“Se generó una especie de tapón de esta población que, originalmente se asentó en distintos lugares de Tapachula, se quedaban más tiempo y entonces al quedarse más tiempo la gente comenzó a preguntarse por qué hay ciertas prácticas culturales; el hecho mismo de que su religión no es la católica eso  empezó a generar un ambiente de mayor discriminación y entonces, por ejemplo, las mujeres parturientas llegaban al hospital y no las recibían. Hubo casos de mujeres que perdieron a sus niños, que parieron en los carros o en el  piso del hospital sin atención”, expresa.

La especialista señala que aunque en Tapachula se discrimina a la población migrante en general, hay una diferenciación de acuerdo con sus lugares de origen. En el caso de los migrantes haitianos aunque tienen una percepción “positiva” entre la población, al verlos como “trabajadores”, la gente no quiere que permanezcan mucho tiempo.

“De las mujeres haitianas se tiene la percepción que es trabajadora, cuida a sus niños, los mantienen limpios, siempre están haciendo algo. Hacen trencitas en el parque, están vendiendo limones en el Mercado San Juan, están vendiendo agua, aunque no hablen bien español se  dan a entender. Pero hay una contradicción, por un lado son personas trabajadoras, pero que no las quieren tener ahí, porque hay esta idea extremadamente racista que tiene que ver con el  color de la piel”, explica.

Durante el largo viaje que recorren los haitianos, muchas mujeres quedan embarazadas y llegan a México con muchas dificultades de salud, lo cual se suma a que muchas de ellas no dominan el español y a la falta de intérpretes del créole en las unidades médicas con lo que se dificulta su acceso a la salud.

“Hay un número muy alto de mujeres haitianas embarazadas y que tienen una situación muy particular, estos embarazos se dan en el trayecto migratorio, cuando ellas salen de Panamá, Chile. Por las condiciones en las que viajan son embarazos de alto riesgo y no han recibido la atención médica adecuada. Tienen muchos problemas de salud física, porque vienen deshidratadas, mal alimentadas con infecciones urinarias, porque tuvieron que transitar mucho tiempo caminando, no se alimentaron, no durmieron lo suficiente, cuando llegan aquí y empezamos  a ver que hay muchísimas mujeres embarazadas y que además requieren de una atención mucho más especializada”, detalla Fermina Rodríguez, coordinadora del Centro de Derechos Humanos Fray Matías.

Pese a que las mujeres haitianas han vivido en países donde se habla español, difícilmente lo dominan. Para Fermina Rodríguez, coordinadora del Centro de Derechos Humanos Fray Matías, ello tiene que ver con violencia de género en la que son los hombres quienes hablan por las mujeres, al no permitirles expresarse.

“Quien da la información sobre la situación de salud de las mujeres son los hombres, nos encontramos con mucha violencia de género, por parte de los hombres, no estamos hablando de violencia física, estamos hablando de violencia emocional, ellos no les permiten hablar, la mayoría de la información que nosotros tenemos, la obtenemos de ellos, quienes hablan. Las mujeres difícilmente te van a decir si tienen algún problema de salud. Tenemos familias que han vivido en Chile o en Panamá cinco años y quienes hablan español son ellos, o los hijos, de los que ya nacieron ahí, pero ellas no”, detalla.

Más de una década de migración haitiana

El ajetreo de comerciantes cargando sus carretillas en las cercanías del mercado Hippolyte en el centro de Puerto Príncipe capital haitiana no cesaba pese a que la noche se avecinaba. La multitud que abarrotaba las calles se tambaleó cuando la tierra se cimbró, durante un minuto los edificios se convirtieron en escombros.

Después de ese 12 de enero de 2010 la vida no volvería a ser igual en Haití, los efectos del terremoto de 7.3 grados Richter no sólo se reflejaron en las ruinas que el meteoro dejó a su paso, o en los más de 300 mil muertos; sino que propició el éxodo de haitianos en busca de mejores condiciones.

Conocido como “el país más pobre del continente”, Haití registraba hasta 2015 a más de seis millones de personas que viven con dos dólares al día; en tanto que 2.5 millones no pueden cubrir sus necesidades básicas de alimentos, según la Organización Panamericana de la Salud. 

El terremoto fue apenas la punta del iceberg de todo lo que vendría después: el agudizamiento de la pobreza, combinada con la inseguridad, violencia, fenómenos naturales más intensos y la inestabilidad política, propician que cada vez más haitianos emprendan una travesía, por hasta once países, para llegar a Estados Unidos.

El primer destino es Brasil, por un tiempo las políticas migratorias permisivas llevaron a miles de haitianos a establecerse en el país carioca tras el terremoto. Entre 2010 y 2018, se informó que 128 mil 968 nacionales haitianos entraron a Brasil, pero en 2017 la tasa de desempleo en ese país alcanzó 13.1%, y casi 30 mil personas haitianas se habían marchado por falta de trabajo, según datos del gobierno brasileño. 

“El desempleo, las actitudes xenófobas y racistas, así como las nuevas y más estrictas vías legales para la residencia han obligado a muchas haitianas y haitianos a no pasar por Brasil en su totalidad o a seguir adelante y buscar oportunidades económicas en Chile. La afluencia de población haitiana a Chile desde 2014 se debió en parte a las políticas de migración de la ex presidenta Michelle Bachelet”, refiere el informe “Un viaje de esperanza: la migración de mujeres haitianas a Tapachula, México”, elaborado por el Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI).

Con el gobierno de Sebastián Piñera, quien asumió el poder de nueva cuenta en 2018, el panorama para los haitianos se complicó aún más. De por sí experimentaban discriminación en ese país, situación que se agudizó con las estrictas políticas migratorias, orillándolos a finales de 2015 a partir con rumbo para México, con el fin de cruzar la frontera y alcanzar el sueño americano.

mm

Somos el medio de información y análisis de América Latina, desde América Latina.

Deja un comentario