Imagen: Facebook “O Sul é o meu país

España vive una crisis política como nunca desde su regreso a la democracia, debido al movimiento independentista en Cataluña que podría estar declarando la independencia de la región de forma unilateral en los próximos días. Pese al caos, el ímpetu de los separatistas catalanes inspira a otros que quieren seguir sus pasos, al otro lado del Atlántico, en el gigante de América del Sur.

Al menos unos tres pequeños movimientos separatistas existen actualmente en Brasil. El más conocido se denomina “O Sul é o meu país” (El Sur es mi país), y propone desde 1992 la independencia de los tres estados que forman la región sur de Brasil: Paraná, Santa Catarina y Río Grande del Sur.

Sin embargo, también existe el Movimiento Nordeste Independente, que propone la independencia de la región Noreste de Brasil, y recientemente surgió el movimiento São Paulo Livre, que demanda la independencia del estado de São Paulo.

De acuerdo con los representantes de estos movimientos, estas regiones poseen una historia, una cultura y una forma de ser diferente a la del “resto de Brasil”, por lo cual deberían ser países independientes. ¿Cuál es el trasfondo de estos casos?, ¿y qué tan factible y realistas son estas peticiones de independencia?

El Sur y el eco de la revolución Farroupilha

El separatismo no es algo nuevo en Brasil, de acuerdo con el antropólogo y profesor de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, Ruben Oliven.

“Durante la primera mitad del siglo XIX, durante el Imperio Brasileño, hubo una serie de movimientos separatistas en Brasil. En el Norte, el Noreste y en Río Grande del Sur, en parte porque el Imperio era muy centralizado y Brasil no era muy integrado”, dijo Oliven a Distintas Latitudes.

Uno de esos movimientos fue la revolución Farroupilha, una guerra de 10 años entre la entonces provincia de Río Grande del Sur y también Santa Catarina, durante los cuales el actual de estado se declaró independiente y funcionó como una república que combatió al Imperio Brasileño entre 1835 y 1845, hasta que perdió y se integró nuevamente a la monarquía.

“El caso de Río Grande del Sur, es un caso límite, porque está en uno de los extremos de Brasil, siempre fue un territorio de frontera, siempre estuvo en un área de disputa entre España y Portugal, y tuvo la experiencia de haber sido una república durante 10 años”, dijo Oliven.

En el sitio web del movimiento “O Sul é o meu país” existe un extenso manifiesto en el cual se enumeran los motivos por los cuales consideran que Brasil no funcionó como país, y que actualmente priva a sus regiones de la autodeterminación y del reconocimiento de múltiples nacionalidades dentro del territorio. De acuerdo con ellos, una de estas nacionalidades es la sur-brasileña, caracterizada por una uniformidad cultural, étnica y lingüística.

Este movimiento organizó en 2016 una consulta informal llamada “Plebisul” (plebiscito del sur) en la que participaron alrededor de 600 mil personas que en su mayoría votaron a favor de la independencia del Sur. Para el pasado sábado 7 octubre de este año, hicieron una segunda votación, cuya meta era alcanzar el millón de votantes. Sin embargo, no llegaron 400 mil personas. Distintas Latitudes conversó con Celso Deucher, líder de este movimiento, de previo a la realización de la consulta del sábado, con respecto a sus planes para tratar de separar a esta región de Brasil.

“Las urnas ya están distribuidas en más de 900 municipios del Sur. Cerca de 30 mil personas participarán directamente de la consulta, y nuestra expectativa es lograr un millón de votos. El próximo paso es que le entregaremos al gobierno brasileño un dossier completo, de cómo fue el Plebisul, cuántas personas participaron, el porcentaje de personas que votó favorablemente a la propuesta de independencia, y el porcentaje que votó en contra”, dijo Deucher.

Entregaremos nuestras reivindicaciones al gobierno central, esperando que por lo menos tenga la disponibilidad de sentarse en una mesa a conversar con nosotros”, agregó el líder del movimiento.

Los números son bastante bajos, al considerar que la totalidad de electores de los tres estados es de más de 21 millones de personas, según datos del Tribunal Superior Electoral de Brasil.

A pesar de esto, en un mensaje en Facebook posterior a la consulta, Deucher se mostró optimista sobre el hecho de que los cientos de miles de personas que votaron el pasado sábado firmaron también una propuesta de Proyecto de Ley de Iniciativa Popular para la realización de un plebiscito formal consultivo sobre la separación del Sur. Si alcanzan el 1% de los votos en los tres estados, el proyecto de ley podría tramitarse en los parlamentos estatales.

Aunque la secesión es inconstitucional en Brasil, los organizadores consideran que este plebiscito formal consultivo no lo sería, pues apenas implicaría una consulta y no daría paso a la secesión de los estados.

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Resultados del plebiscito informal en el Sur de Brasil el pasado 7 de octubre de 2017.

São Paulo ¿independiente?

Río de Janeiro y São Paulo son por mucho las ciudades y estados de Brasil más conocidos en el exterior, y con los cuales se asocia directamente el país. Eso no evitó que en 2014 empezaran a formarse pequeños movimientos separatistas en el estado más rico de Brasil.

Uno de estos es el movimiento São Paulo Livre, que nació en octubre de 2014, y que es presidido por Flávio Rebelo.

“El Movimiento São Paulo Livre nace en octubre de 2014, o sea es un movimiento separatista reciente, con tres años de actuación. Pero el separatismo paulista viene de mucho antes. Ya en el período colonial, cuando la región brasileña pertenecía a la metrópoli portuguesa, ya en 1641 hubo un movimiento en São Paulo exigiendo ser libres de la corona portuguesa”, dijo Rebelo a Distintas Latitudes.

“Lo intentamos de nuevo en 1707, inclusive en una guerra, poca gente lo sabe en las Américas, pero fue la primera guerra de una población americana, compuesta por indígenas, mestizos y blancos contra una metrópoli. Lo intentamos nuevamente en 1888, en el final del Imperio Brasileño. A diferencia de otros países de América Latina, Brasil era un imperio esclavista, y São Paulo quería separarse del Imperio Brasileño, convertirse en una República, con la inmediata abolición de la esclavitud negra. Poco más de un año después, la esclavitud se terminó y un golpe de Estado derribó el Imperio y proclamó la República, lo cual calmó un poco los ánimos paulistas”, agregó.

De acuerdo con Rebelo estas son algunas de las bases históricas que justifican la existencia de un movimiento y un sentimiento separatistas en São Paulo. Sin embargo, asegura que también existen motivos culturales, étnicos, en la forma de ser, y desde luego económicos.

El problema no es el dinero que São Paulo da al gobierno brasileño, el problema es la proporción. Por cada 100 reales que damos se quedan con 92 y devuelve solo 8. Cataluña está indignada porque el gobierno español se queda con 25% del valor de los impuestos recaudados en Cataluña”, dijo Rebelo.

Para el independentista de São Paulo, esto se ve empeorado al considerar la representación política del estado en Parlamento federal.

“São Paulo no tiene una representación decente. São Paulo tendría un peso muy fuerte en el Parlamento brasileño si fuera por cuanto paga, compondría la mitad del Parlamento. La población paulista es 22% de la población brasileña y solo 13% de los puestos en el Parlamento”, dijo Rebelo.

Este movimiento realizó en 2016 un pequeño referéndum informal, con casi 50 mil electores, de los cuales el 56% votaron a favor de la independencia. Un porcentaje que, aunque mayoritario, es mucho menor al que se observa en las consultas informales del Sur.

“En 2018 haremos un segundo plebiscito, más grande, la propuesta es llegar a 500 mil electores, en por lo menos 100 ciudades del estado de São Paulo”, dijo Rebelo.

Además de esto, planean la formación de un partido a nivel nacional con otros movimientos separatistas, para hacer los cambios constitucionales requeridos para que la secesión sea legal.

Estamos como Cataluña en el 2000. De aquí a 10 o 15 años moveremos a millones de personas en las calles“, afirmó el separatista.

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Campaña en inglés del movimiento São Paulo Livre.

¿Son similares estos casos al catalán?

Tanto el movimiento del Sur como el paulista se ven inspirados y reflejados en el momento histórico que vive Cataluña en su relación con España. Sin embargo, ¿existe realmente una similitud entre ambos casos? Para el profesor Ruben Oliven, de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, los casos son muy distintos.

“Creo que el caso de los separatismos brasileños es diferente al de Cataluña, como es diferente del caso de Escocia. Cataluña, desde el punto de vista histórico, es un territorio que siempre tuvo un sentimiento de nacionalidad, que tiene lengua propia, y que siempre se sintió fuertemente oprimido por Madrid. Oprimido históricamente, y en el período franquista de manera más fuerte todavía”, dijo Oliven.

“Creo que el caso brasileño es diferente. Portugal primero creó una colonia que se pasó a llamar Brasil, y después esa colonia fue habitada por un mayor número de personas que vinieron de afuera, y que pasaron a ser regiones. Lo que sucede hoy es diferente. Brasil es un país que desde 1930 comenzó a integrarse fuertemente. En los 30 hubo una serie de acciones que crearon una mayor centralización y una mayor idea de pertenencia al Brasil”, agregó el antropólogo.

De acuerdo con Oliven, antes de los años 30 del siglo XX, cada estado de Brasil tenía inclusive sus propios ejércitos, y los partidos políticos, con excepción del Partido Comunista, eran todos partidos estatales.

“A partir de 1930 eso cambia, hay una centralización económica mayor, hay una política deliberada de crear lo que Getúlio Vargas llamaba de “brasilidad”, eso fue hecho principalmente durante el “Estado nuevo” con una prohibición de hablar lenguas que no fueran portugués en el espacio público, y también hubo una integración mayor con la construcción de carreteras y otras obras de infraestructura”, dijo Oliven.

“Eso se acentuó de nuevo durante la dictadura militar, en parte porque el régimen promovió una modernización conservadora, invirtió en carreteras, empezó a surgir la televisión nacional, el “Jornal Nacional” de la red Globo surgió en esa época, las propias telenovelas, etc. Y la economía brasileña está hoy fuertemente entrelazada. Las empresas de un estado venden productos para todos los demás estados”, agregó.

Para Oliven, esto no impide que, en Río Grande del Sur, por ejemplo, exista un sentimiento histórico de que los habitantes del Estado son brasileños diferentes, son brasileños, pero lo son “por elección”.

“Sin embargo, hoy en día no veo ningún movimiento que sea suficientemente fuerte al punto de conseguir movilizar a la población para separarse de Brasil. Creo que eso no existe por dos razones al menos. Una, porque los ‘gaúchos’ no dejan de sentirse brasileños, y la mayor parte creo que no les gustaría dejar de ser brasileños. El segundo es parecido a lo que sucedió en el plebiscito en Canadá, en Quebec”, dijo el profesor.

“Quebec es también una región con una historia diferente, que habla una lengua diferente, los francófonos se sienten oprimidos por los anglófonos, pero cuando hay un plebiscito, y un plebiscito legalizado, las personas piensan con el corazón, pero también con el bolsillo. Si Quebec fuera un país independiente, ¿cómo quedaría la salud pública?, ¿cómo quedaría mi pensión? Y en ese punto Río Grande del Sur estaría muy mal. El gobierno del Estado no consigue ni siquiera pagar el salario de sus profesores”, agregó.

“Brasil no funcionó”: un posible germen para el separatismo

A pesar de que estos movimientos son pequeños y con poco músculo, de momento, Oliven reconoce que el contexto político interno de Brasil y también el mundial propician el terreno para que este tipo de propuestas pueda florecer.

Por un lado, está el hecho de que tanto en “O Sul é o meu país”, como el movimiento São Paulo Libre y Nordeste Independente utilizan con frecuencia una misma frase: “O Brasil não deu certo” (Brasil no funcionó).

“Brasil está pasando por un momento de mucho pesimismo, de mucha depresión. La gente se pregunta, ¿por qué el país no funciona? Lo estaba haciendo durante los dos gobiernos de Lula, el PIB estaba creciendo, la pobreza estaba disminuyendo, parecía que finalmente el país iba a funcionar, y ya en el segundo gobierno de Dilma empezó a funcionar menos, las commodities cayeron, luego vino el impeachment, el actual gobierno tiene menos de 7% de aceptación, todos los días hay un caso de corrupción, es un clima muy malo”, dijo Oliven.

Eso fácilmente propicia que se busquen respuestas fáciles, soluciones fáciles. Hay que poner a todo el mundo en la cárcel, tenemos que encontrar a alguien para gobernar que no sea político, porque los políticos son corruptos, y eso crea un discurso moralista que ayuda al separatismo, en el sentido de decir que “en el Sur somos mejores porque el Noreste son menos trabajadores”, es un discurso que antepone el Sur al resto, el Sur sería más europeo, más blanco, eso nunca se dice así, pero está implícito, más educado, “¿y por qué vamos a seguir cargando con el peso del resto de Brasil?”. Ese es un discurso que tiene un clima más favorable cuando hay crisis, porque presenta una solución fácil”, agregó el profesor.

Por otro lado, en el contexto mundial, el triunfo del Brexit y de Donald Trump, por ejemplo, muestran cómo existe un grupo de votantes que está escuchando esas soluciones fáciles.

“¿Qué sucede con el hecho de que un estado reciba más o menos del gobierno central? Creo que en verdad la gran discusión en Brasil no es esa. La gran discusión en Brasil es que este es uno de los países más desiguales del mundo, y los ricos consiguen apropiarse de la riqueza y dejar a los pobres más pobres, en todo Brasil. Esa es la gran injusticia en Brasil”, concluyó el profesor.