Crédito de la imágen: Página de Facebook Sombrilla Arte y Circo Social

Una mochila y un paquete con juguetes son el único patrimonio con el cual llegó el ecuatoriano José Luis Castillo a El Salvador, país donde comenzó a construir su propio sueño: Sombrilla Arte y Circo Social, ubicado en San Salvador. Un espacio de formación circense que propone a la comunidad aprender dicha disciplina a través de un proceso integral e inclusivo, por medio de diversas expresiones artísticas como lo son la acrobacia, el malabarismo y el parkour.

Una iniciativa sin precedentes en el país, que surgió luego de que su fundador, José Luis Castillo abandonara Ecuador para trabajar de lleno en una propuesta que entiende al arte como una herramienta de transformación social. “Renuncié a mi trabajo, renuncié a mi familia, renuncié a un montón de cosas para acelerar el nacimiento de la primera escuela de circo del país,  que después de dos años consiguió un lugar físico que sirve de punto de encuentro”, cuenta Castillo.

Dos semanas pasaron de la inauguración de la Casa Escuela Sombrilla, donde se llevan a cabo diversas actividades, talleres y espectáculos para toda la comunidad salvadoreña, que aún ve este proyecto con cierto miedo e incertidumbre. Sin embargo la curiosidad que genera lo desconocido hace que de lunes a sábados el espacio aloje a niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos que se dan la oportunidad de aprender de las lecciones y los valores que enseña el circo.

Comunicación, empatía, respeto, voluntad, disciplina y resiliencia son las palabras claves del objetivo de un emprendimiento que recién comienza, pero que ya ha dejado grandes aprendizajes: sobre todo a su equipo fundador y talleristas. “Siempre leemos, investigamos y buscamos nuevas cosas para ofrecer a la sociedad, por ejemplo sobre el circo contemporáneo y sus formas… también nos toca aprender desde fotografía hasta electricidad”, explica con orgullo su fundador.

 

 

EL ARTE COMO HERRAMIENTA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL

El sueño de José Luis Castillo ahora es el sueño de Karina Castillo, Romel Flores y todo el equipo detrás de Casa Escuela Sombrilla, a quien su líder describe como “un grupo de nueve locos que quieren cambiar el mundo a través del circo”. La historia de este proyecto al igual que la historia de El Salvador, está marcada por las situaciones de violencia que se viven a diario en diversas comunidades del país, que deja cicatrices que no sanan, que no cierran, que no se borran del inconsciente.

En medio de ese contexto socio-cultural se abre paso esta propuesta en la que no todo ha sido música, malabares, brillos y colores según relata Karina Castillo, una de las pioneras desde el primer minuto de vida de esta gran iniciativa. “En un primer momento la casa estuvo en el centro de la ciudad, pero a la semana de instalarnos mataron a cinco personas, lo que nos demostró que no era el espacio indicado para llevar adelante este emprendimiento al que le tenemos tanto amor”.

La realidad de El Salvador es lo que incentiva a quienes le ponen el cuerpo a Sombrilla Arte y Circo Social, uno de ellos es Romel Flores un joven que nunca había participado de un proyecto de tal magnitud, con tanta proyección a futuro. “Nosotros le damos a la comunidad otra opción diferente a la que ofrecen las pandillas, y es la del circo social y sus valores… el sueño de José Luis ahora es también el mío y el de todos mis compañeros”, explica con fascinación el artista.

Sombrilla cambió por completo las vidas de cada uno de sus hacedores, quienes trabajan duro todos los días para que la violencia no sea más una elección de vida viable para las generaciones futuras, que hoy tienen un espacio diferente. Nosotros les ofrecemos todo eso que creen que les dan el alcohol, las drogas y las pandillas, a través del circo les damos empoderamiento, adrenalina y un equipo del cual sentirse parte, por eso creemos en el arte como una herramienta de transformación social.

| MÁS INFORMACIÓN SOBRE LA INICIATIVA EN EL FACEBOOK DE CASA ESCUELA SOMBRILLA.