Fotografía: Lucas Illanes

Es un heladerito. Con el consentimiento de su mamá, los domingos vende helados de canela.

Lleva puesta una gorra para protegerse del sol y una caja térmica blanca con helados colgada sobre su torso. “Mayormente vendo en las chicherías”, cuenta.  Ahí venden chicha, una bebida alcohólica hecha de maíz. Las personas suelen comprarle helados para mezclarlos con la chicha y enfriarla.

Tímido y contento, comenta que hoy vendió 160 helados de agua. Ganó poco más de 80 bolivianos, unos 11 dólares. Es un buen día de verano. Sonríe al recordar que una vez le regalaron 50 bolivianos, le dijeron que trabaje y se cuide mucho.

Él está ahorrando dinero para comprar los materiales que le piden en la escuela. Las clases inician en tres semanas.

Le pregunté qué pediría al Genio de la lámpara si le concediera tres deseos, como en la película Aladdín. Su primer deseo fue tener dinero para seguir estudiando, el segundo, un auto y, finalmente, comer en un restaurante de Norteamérica.

Su amigo, Jhojan, de 10 años, otro heladerito que pediría al Genio ser cantante o futbolista, le pasó una pelota haciéndolo caer. Después de un silencio, sonaron sus carcajadas. Luego, se fueron a casa.