Fotografía: Asunción Collante

Son las 8 de la noche del sábado y Fátima Vera observa detenidamente el chipá guazú- una comida típica paraguaya- que está en el horno. “Me gusta cocinar”, dice mientras se voltea para seguir lavando los platos. De tez blanca, cabello largo y con ojeras profundas, ella es una auténtica “Kuña Guapa” (Mujer guapa), un cumplido atribuido a las mujeres sacrificadas y trabajadoras en Paraguay.

A sus 35 años es hija, esposa, madre y maestra de tres varones a la vez. Desde el inicio de la pandemia todos estos roles han recaído el doble sobre ella. Su rutina inicia a las 7am, preparando el desayuno para todos y revisando el celular para que sus hijos copien las tareas escolares. En medio del ajetreo también debe cocinar, lavar y planchar. 

Desde hace un mes se siente realmente agotada y angustiada. Su madre estuvo hospitalizada y ella tuvo que ir a cuidarla un tiempo. Fue la primera vez que tuvo que ausentarse del hogar y dejar a sus hijos sin sus cuidados. Admite resignada no poder hacer todos los roles a la vez. “No es sólo el cansancio, sino la preocupación de no poder estar acá y no poder estar allá 100%”.