Fotografía: Giulyanna Cipriano

Dicen que todo artista es un soñador. Querer vivir del impacto de la música, por ejemplo. Pero, ¿quién no imagina un mundo mejor cuando el arte eriza la piel y toca el corazón, un mundo en el que otras personas también sientan la belleza en esa referencia? Estos son sólo algunos de los sueños del percusionista Luccas Martins.

Hombre negro, con largas rastas en la espalda y la barba poblada, lleva los ritmos afrobrasileños por todo el mundo. Luccas fue inmigrante cuando vivía en España. En la vida cotidiana, además del trabajo y los choques culturales, hubo experiencias de racismo que él define como “menos explícitas en el discurso, pero más eficaces en su bello envoltorio sistémico”.

El percusionista es consciente de que el arte no eliminará todas las barreras, pero lo ve como un boleto ganador que permite acceder a nuevos lugares.

“Estoy grabando un disco con una orquesta y financiando el proyecto con dinero de mi trabajo y eso ya es un sueño para mí. Más que el rendimiento económico, se trata de cómo se realiza”, afirma.

Luccas sostiene que la música es la barrera más fácil de superar cuando se trata de fronteras culturales. “A través de este intercambio, podemos movernos. Y, sueño, generar un impacto”, concluye.