Fotografía: Francisco Velázquez

Plomo, cadmio, arsénico y cobre es lo que quedó pegado en los huesos, dice Luis Pino (75). Los costos de trabajar en la Empresa Nacional de Minería de Chile (ENAMI). Recuerda las alucinaciones y la desorientación producto del saturnismo: el envenenamiento por plomo. 

Las zonas de sacrificio en Chile sacrifican eso: cuerpos de trabajadores. 

A los 38 su cuerpo lo jubiló. A los 40, ya se le habían caído los dientes por la enfermedad. El 2007 fundó la Asociación Gremial Regional de Ex Funcionarios ENAMI, buscando justicia para los trabajadores afectados y muertos por cáncer de la Fundición Ventanas, donde trabajó. Luego se sumaron las viudas de los “Hombres verdes”. Ese era el color que delataba a la contaminación y que se manifestaba en los cuerpos.

Hoy dedica su vida a visibilizar a los muertos. Sigue esperando justicia. Pero también sueña más allá: “Un país que valore los derechos laborales, que prevenga la contaminación, que proteja a niños, mujeres y embarazadas y al planeta”. 

Actúa con sigilo por las amenazas recibidas. Alega aprovechamientos políticos. Las rabias se mezclan y se acumulan. Hay puertas que se golpean por años y que nadie parece querer abrir. “Chile es una mafia”, asegura.