Fotografía: Jacqueline Miranda

Los clientes de Marla creen que la pupusa nació con ella.

Esta tarde, una sombrilla la cubre del sol de las 4, mientras le acompaña una hielera con jugos que ella preparó. Los de hoy: maracuyá y piña. Su jornada terminará en una hora.

A sus 38 años, 14 los ha vivido en el oriente del país. Con una amplia sonrisa y una voz ronca, a pesar de expresarse naturalmente como una migueleña, fue la ciudad quien la adoptó a ella, pues sus raíces provienen del famoso municipio o capital de la pupusa: Olocuilta.

Para ella, alimentar a otros alimenta el sueño de proporcionar a sus hijos una mejor calidad de vida. Así, el arte de la masa de maíz y arroz, el quesillo, los frijoles, el chicharrón y el curtido, se despiertan con ella cada mañana a las 3 a.m.

A pesar de los desafíos para establecer su negocio, en la ‘Pupusería Alison’, de la cual es propietaria con su esposo, sería impensable de no ser por aquel día en que, siendo muy joven, su tía le enseñó a prepararlas.

— Y de ahí no he parado de echar pupusas.