Fotografía: Cortesía del entrevistado

Los delineados de colores neón y los brillos que adornan la mirada de Pepe Villalobos resaltan su piel morena de la costa de Mapastepec, Chiapas, México. Lo que más le gusta de su pueblo es el río La Laja y comer pollo en chirmol. 

La rapidez con la que habla te envuelve y te lleva al 2005, cuando vio a su pueblo bajo el agua por el huracán Stan, que tan solo en Tapachula arrasó con 2500 viviendas. Siete años después, las sequías acabaron con el maíz y el dinero, provocando la separación de su familia. Sus padres emigraron, como los más de 10 millones de mexicanos que se desplazan a Estados Unidos cada año.

“Ver como el cambio climático separa familias y afecta las dinámicas familiares, es lo que me ha llevado a ser activista”. 

Comenzó su activismo con un cartel frente al palacio municipal de Tuxtla Gutiérrez. Su perseverancia, liderazgo, inteligencia y el anhelo de que su localidad no vuelva a pasar dificultades por el cambio climático y de que no se olvide que existe un pueblo llamado Mapastepec, lo llevaron a ser el primer activista climático y de la comunidad LGBTQ+ de su pueblo.