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Sebastián Marín Castaño es maestro en artes visuales y persigue una idea: encontrar su voz para resistir desde la performance. “Todo se relaciona con mi sexualidad, no aceptaba que era marica. Ahora he descubierto lo potente de decir con arte que soy homosexual”.

A los 14 años intentó suicidarse porque no entendía su amor por los hombres. Entonces, para sobrevivir a sí mismo, tomó clases de pintura. Algo cambió: el grafito y la acuarela le posibilitaron un medio. Algo entendió: su proceso vital sería materia para crear, revisar y transformar.

Cuando crea, contempla la acción, captura el gesto, interpreta el significado, lo encapsula y cuestiona al ser humano. El arte de la acción es su herramienta para pensar la violencia, la memoria, el género, la sexualidad. Entiende la performance como lugar de encuentro que posibilita la catarsis y la conexión con otros.

Tiene 25 años, una voz suave y en el rostro las huellas del acné. Cuenta que han juzgado su homosexualidad porque es blanco, de ojos claros y viste como heterosexual. “El arte no es una píldora que se toma y cambia el sistema. Intento encontrar mi voz para gritar fuerte. Hago preguntas para alertar, mostrar que algo pasa”.