Fotografía: Martín Prato

Dice que se llama José Pedro. También dice que tiene 53 años. Dice que es hincha de Malvín, el club de basquetbol homónimo del barrio. Y de Peñarol, porque es pueblo. 

Pero en realidad nadie lo conoce por su nombre. Es Ticao, el negro. O “El negro Ticao”, conocido cuidacoche del centro del barrio.

Dicen que las personas como él no tienen sueños porque han vivido mucho o porque el sistema, con privilegios para unos pocos, no se lo permite. Pero él los encuentra. En el día a día con los vecinos, cuidándoles la espalda. 

Leyendas sobre él no faltan. Que estuvo años preso por rapiñas. Que cometió algún asesinato. Que ningún ladrón u oportunista osa meterse por esas cuadras porque, como se dice en la jerga uruguaya, “el negro no anda con vueltas y te saca a la mierda”.

Él, solo mira, saluda, conversa. Llega a la mañana, se va a la noche. Todo el barrio lo conoce. Dejarle el auto es una garantía. No cuenta mucho de su vida. Prefiere que las leyendas corran y se transmitan. Mejor para él, dice, porque los autos duermen en paz. Los vecinos sueñan tranquilos. Y él sueña con el día siguiente.