Texto: Georgina González
Ilustración: Alma Ríos

Bajo un gris firmamento, marañas de cables, montes de basura y toneladas de concreto se encuentra la Ciudad de México, una urbe que aloja, según la ONU, 21 millones 581 mil habitantes que poco o nada se dan cuenta que conviven con otras 2 mil 254 especies animales, de las cuales 32 son endémicas de la ciudad, conforme a datos de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema).

La Ciudad de México está viva. Hay aves, mamíferos, marsupiales, reptiles, anfibios e insectos repartidos en espacios naturales como la zona lacustre de Xochimilco y Tláhuac, los bosques del Ajusco en Tlalpan, los pastizales y praderas de Milpa Alta, las barrancas de Tarango en la alcaldía Álvaro Obregón, el Cerro de la Estrella en Iztapalapa, el bosque de Chapultepec e incluso en la plaza o parque urbano cercano a tu casa, escuela o trabajo.

Tamara Blazquez (Ciudad de México, 1990) es fotógrafa conservacionista, educadora ambiental e investigadora que retrata a “los otros chilangos”, es decir, la fauna de la Ciudad de México.

Por medio de su trabajo visual, Tamara intenta educar, sacudir conciencias y romper con la apatía de las personas para que se involucren en proteger a los animales que habitan la ciudad, la mayoría de ellos en la lista de especies amenazadas o en peligro crítico de extinción.

Con una exposición individual en puerta sobre la primera parte de su proyecto Fauna de la Ciudad de México, Tamara platicó con Distintas Latitudes sobre conservación, águilas y la importancia de permitirse levantar la mirada y observar.

¿Cuál es la importancia de la fotografía de conservación?

La importancia de la fotografía de conservación es que sacude conciencias y rompe con la apatía. Parece muy tonto pero estamos tan ensimismados en nuestra vida, en los teléfonos celulares, que ya no volteamos a ver al mundo pero a las fotos del mundo sí las volteamos a ver y justamente las fotos pueden hacer que volvamos a levantar la mirada a nuestro planeta lleno de vidas irrepetibles.

La fotografía de conservación y lo que buscamos los fotógrafos conservacionistas es romper con la apatía, que haya un impacto, algo que genere una acción posterior al ver una imagen.

A lo mejor hacemos la foto de la crónica de un incendio y eso puede generar las ganas de reforestar, podemos ver la foto de un tlacuache atropellado y alguien puede crear una campaña de protección al tlacuache. Generar acciones, inspirar, romper con la apatía, sacudir esa conciencia para que la gente tome acción y forme parte en la lucha de la conservación y es por eso que es tan importante, porque ayuda a educar, a divulgar, inspirar y a invitar a participar.

¿Desde tu trabajo fotográfico logras mirar señales de cambio climático en la Ciudad de México?

Por supuesto que sí. Xochimilco (ubicado al sur de la ciudad, esta zona formó parte del sistema lacustre de la ciudad pero hoy se reduce a canales que son alimentados con aguas tratadas donde aún se mantiene un sistema mesoamericano de cultivo llamado chinampa) por ejemplo, cada vez está más contaminado, más seco. Hace unos meses sufrió un incendio bastante fuerte, yo voy mucho allá a fotografiar porque hay mucha fauna y aunque se está recuperando de ese incendio hay muchas historias alrededor […]. Las cosas están cambiando.

En donde también se nota es con las aves migratorias. Ellas migran cuando sienten que hay cambios bruscos de temperatura, ya sea de mucho frío o mucho calor. Entonces, cuando ellas migran en invierno es porque buscan zonas más templadas o cálidas, pero el problema es que se están quedando más tiempo porque de donde vienen los fríos están durando más y otras se van porque sienten mucho calor o mueren por deshidratación. Los patrones migratorios están cambiando. Me ha tocado ver animales muertos deshidratados por el calor o animales que viven en madrigueras ahogados por las lluvias torrenciales en lugares en donde antes no había ese tipo de lluvia. En otras zonas hay incendios, también se han secado lagos, charcas, aguadas, todo eso aunado a la deforestación, la contaminación. Entonces claro que se ve, sobre todo lo noto más en los lugares a los que voy desde hace cinco años. Todo se siente diferente, la vegetación, la sensación del clima es un cambio fuerte.

Creo que las personas en su cotidiano no lo notan tanto porque están en un ambiente artificial creado por el humano, pero quienes estamos en los ambientes naturales lo notamos y vemos las señales de alarma, en las que ya tenemos que hacer algo en serio.

¿Qué propones para que las y los humanos que habitan y circulan por la ciudad se enteren que diariamente se cruzan con otras especies y las protejan?

Pueden ir a mi exposición. También en redes sociales pueden seguir cuentas que divulgan este tipo de información: Conabio, Semarnat, la REPSA, grupos de sociedad civil que hasta tiene campañas de reforestación o recolección de basura. Y sobre todo que salgan a las zonas naturales de la ciudad de manera responsable en donde no dejen basura, no fumen, pero que sobre todo salgan y conozcan esta otra faceta de la ciudad de México que no sólo es antros o museos, que son bonitos pero que conozcan Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac, Tlalpan, las barrancas de Tarango, el Desierto de los Leones, que hagan caminatas pues lo importante es que conozcan. Que se tomen cinco minutos, en los parques o camellones cerca de sus casas ahí pueden voltear a ver a los árboles y se darán cuenta de la cantidad de animales desde insectos, lagartijas, aves. Las aves son una manera increíble de adentrarse en el mundo de lo natural y reconectarnos porque es fácil verlas, ahí están, nos están remando, nos están hablando.  

Cuéntame, ¿cuál ha sido la fotografía más complicada que te ha tocado capturar?

Son dos. Una que tomé en 2016 en Xochimilco es de un águila pescadora que también se le conoce como osprey, esta especie es migratoria en la Ciudad de México, en otras partes de la república sí la podemos ver, sobre todo en las costas durante todo el año. Esta águila es cosmopolita pero en la ciudad es migratoria y se queda sobre todo en la zona lacustre de Xochimilco, porque como su nombre lo indica ella se alimenta de peces.

A mí me encantan las aves rapaces y el águila pescadora se me hace muy preciosa entonces era como uno de mis santos unicornios que ansiaba ver en vida libre. En 2014 todavía no estaba tan empapada de la vida silvestre de la Ciudad y ese año vi la foto de una águila que había sido captada aquí en Xochimilco, entonces empecé a ir. Durante dos años durante en invierno iba casi diario al Parque Ecológico de Xochimilco buscando ver y fotografiar al águila pescadora pero no pasaba y yo siempre he dicho de que el hecho de tú regreses a casa con o sin una buena fotografía no depende de ti sino de si los animales te honran y te dan el honor de apreciarlos y poderlos fotografiar.

Llegué a pensar que quizá ese fotógrafo fue en una época donde Xochimilco no estaba tan contaminado o que había más alimento o que era un ecosistema más propicio para que esta ave estuviera ahí. Aún así seguía con la esperanza y pude fotografiarla en otro lado pero yo quería que fuera aquí en la Ciudad de México por el valor ecológico que iba a tener la fotografía.

Un día que estaba poco decaída, mi mamá, que es mi apoyo más grande, me invitó a Xochimilco a pasear en la trajinera, eran como las 3 o 4 de la tarde, me llevé mi cámara pero iba con cero expectativas de ver a la osprey y que la encuentro.

En uno de los lagos más grandes, cerca del embarcadero Cuemanco la veo perchada, o sea posada en un árbol. Nos  acercamos con mucho cuidado, sin molestarla y fue cuando por fin pude lograr esa foto que tanto anhelaba y compartir ese momento con mi mamá fue maravilloso.

La otra la logré hace poco, en mayo. Es la foto de una cascabel transvolcánica, fue en el sur de la Ciudad de México y aunque fue difícil porque involucró mucho tiempo fue muy grato tener una representación de este animal para mi exposición. La foto fue bastante lejos por seguridad tanto mía como de la serpiente. En la Ciudad de México hay varias especies de serpientes, de cascabel me parece que son cinco, pero también hay culebras. No recomiendo a nadie que se acerque a una serpiente silvestre, es importante que la respete y no se les lastime.

¿Qué aves rapaces sobrevuelan la Ciudad de México y qué tipo de servicios prestan?

Un montón. Tenemos desde aguilillas como la aguililla cola roja, aguililla de Harris, también hay gavilanes pero estos son migratorios como el gavilán de Coopper, el gavilán estriado.. Hay halcones peregrino y el cernícalo americano, tecolotes, buhos y lechuzas, representando a las rapaces nocturnas. Son muchísimas especies y son cien por ciento inofensivas para el humano, ellas siempre van a preferir volar antes que confrontar.

Los servicios que prestan es que nos ayudan a controlar plagas, bueno, es una palabra fea, pero las poblaciones de ratones, serpientes sobre todo y hasta de otras aves: palomas, zanates porque demasiados individuos de una sola especie ocasionan desastres ecológicos. Ayudan a mantener un balance en las poblaciones de otras especies silvestres que habitan en la ciudad. Además las rapaces son maravillosas, están aquí y son importantes.

¿Durante tus expediciones tienes algún proceso ético o de cuidado con la naturaleza?

Claro. Lo básico: no tirar basura, no dañar el ambiente como machetazos, abrir los senderos y lo más importante, seguir el código ético del fotógrafo conservacionista que la regla número uno es no intervenir, básicamente es volverse una mosca en la pared en donde no estás haciendo otra cosa mas que observar, no querer tocar, no ayudar aunque a veces duela pero hay que dejar que la naturaleza siga su curso.

No alimentar a los animales es muy importante porque no sabemos qué comen, les puede hacer daño y porque no queremos que asocie al humano con alimento y esto puede generar que se acerquen demasiado y aún no estamos preparados para tener una convivencia con animales; además no es bueno cebarlos, es decir, no dejar carnada para que se acerquen a ti para lograr una foto impresionante, eso es trampa.

Tampoco atraparlos y si veo un nido me mantengo lejos. Respetar siempre el espacio personal ni presionar a los animales o hacerlos sentir nervioso, estresado o amenazado porque pueden pasar cosas. Básicamente es no intervenir, sin hacer ruido, sin alimentarlos y sin amenazarlos. Solo esperar a ver qué pasa.

Cuando vas de expedición, ¿qué suena en tu playlist?

Traigo la playlist solo cuando voy en carretera o en avión o lo que sea, y suena rock y metal. Soy rockera de corazón, en mis playlists suena Epica, Nightwish, Delain, Iron Maiden, así como bien rudo para tener la adrenalina al máximo cuando llegue al lugar. Y ya que llego al lugar donde voy a fotografiar, estoy sin audífonos solo escuchando los hermosos sonidos de la naturaleza que no hay melodía que se les iguale.

¿Cuál es la fauna que más te impresiona de la ciudad y qué procesos biológicos tienen?

Esa es una pregunta muy difícil. Las aves y los insectos. Simplemente que todavía tienen dónde anidar, que puedan anidar en los lugares menos inesperados como antenas, espectaculares, azoteas, pretiles de ventanas, vaya, algunas hasta en carros, postes de luz y que todavía puedan alimentar a sus polluelos y ayudarlos a que éstos puedan aprender a volar  a pesar de que están en lugares con tantos obstáculos y peligros que pese a eso repitan todo el proceso de llegar a la edad adulta y reproducirse. Y los insectos también, por ejemplo las mariposas que puedan tener lugares seguros de donde se alimenta la oruga, hacer la crisálida y pasar por ese proceso de metamorfosis para todavía adornarnos con sus colores y que las podamos admirar, ¡es impresionante!. Y de cada especie podría decirte algo, de los anfibios por ejemplo el ajolote que pueden sobrevivir en agua tan sucia y les está costando cada vez más trabajo. A las aves también les cuesta por el aire tan contaminado pero todavía están ahí. Todavía le están dando duro, resistiendo. Es impresionante el nivel de adaptación y de resiliencia que tienen estos animales.

¿Cuál ha sido la escena más extraordinaria —hasta ahora— que te ha tocado capturar?

La del águila pescadora que te conté porque poderla ver cuando estaba posada y de repente despegó y sobrevoló por encima de nosotros. Todavía me acuerdo y se me pone la piel chinita, son esos espectáculos naturales, de un animal en libertad, un libertad autónomo, fuerte, vaya, simplemente te sientes chiquito. Es un honor poder ver a un animal de ese talle viviendo, dándote la oportunidad de tomarle una foto, de admirarla, es maravilloso. Y no pensamos que podemos ver algo así en la ciudad y justamente los zoológicos, los programas educativos, los documentales nos han hecho creer que la naturaleza está lejos, que tenemos que ir hasta África o selvas remotas hasta el Amazonas y pues no, simplemente aquí en la ciudad lo podemos ver. Entonces quiero que la gente se contagie de la emoción que yo he sentido. Me encanta contar esta historia porque pensar: un águila en Xochimilco. ¡Sí! Y ya no tardan en regresar, estarán en otoño-invierno y si van con cuidado y con respeto pueden admirarlas volando. Este invierno me tocó ver a una pareja de esta especie y verlas ayudándose, dándose el alimento en el aire, cazando, pescando es… no tiene precio.

¿Qué fotógrafas de conservación de América Latina hay que tener en la mira?

A Diana Caballero Alvarado, ella se dedica a la fotografía de conservación de abejas meliponas, sin aguijón, las abejas nativas de México. Tiene un trabajo bellísimo.

Cristina Mittermeier, es fotógrafa de National Geographic y fundadora de la International League of Conservation Photographers (ILCP) y se ha dedicado a la conservación de los océanos del ártico y del antártico y también sobre comunidades originarias, hace un trabajo maravilloso que vale la pena seguir.