Por: Juanita Vélez, periodista de La Silla Vacía (Colombia) e integrante de la 2da generación de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas

En la mesa sobre ‘Tecnología y comunidad vs Espionaje y censura’ se sentaron Ana Cristina Ruelas, directora de Article 19 de México; Elías López, director editorial del New York Times en Español; Carlos Rodríguez,  periodista cubano freelance; Juan Manuel Casanueva, director de SocialTic y Daniel Lizárraga de Mexicanos contra la corrupción.

Para arrancar, una verdad: los gobiernos siempre nos han espiado. Pero ¿por qué es importante entender cómo ese espionaje es más grave ahora?

Ruelas dice que por primera vez tenemos evidencia científica sobre el espionaje, sobre quiénes fueron los blancos de ataque por años. Tenemos además acceso a los contratos y sabemos que es el Estado el que tiene la capacidad de controlar  y financiar ese tipo de software. ¿Qué pasó con esa información?

El hecho de que sepamos que el Gobierno nos espía implica cambiar la forma de vida y esto implica dejar de decir lo que queremos decir en nuestros celulares. Eso genera intimidación y autocensura por parte de los periodistas, opina Ruelas.

El debate gira ahora a otro punto y es que la sociedad civil cada vez está más empoderada y con más herramientas para detectar el espionaje. Además es fácil y barato espiar hoy más que nunca, dice Casanueva.

Lo que se ve ahora también es un software de altísima tecnología, que tienen capacidad de autodestruirse y de identificar vulnerabilidades de los sistemas operativos. Los gobiernos compran un paquete de infecciones y las utilizan contra todos, incluidos periodistas y sociedad civil.

Desde 2011 y 2012 se sabe que software como Pegasus se ha venido utilizando en México y lo que se identificaron fueron dos cosas: un patrón de ataque y del lado más tecnológico y forense para identificar de qué servidores venían esos ataques.

Ante ese avance en el espionaje ¿qué tan preparados estamos los periodistas y los medios en los que trabajamos? ¿qué tanto asumimos la seguridad digital como una prioridad?

“La verdad es que nuestra protección era cavernícola”, acepta Lizárraga, que lleva años haciendo periodismo de investigación. “Lo primero que hicimos fue desarrollar una serie de claves con todo el equipo. Le cambiábamos el nombre  a las historias y a los personajes y eso hasta cierto punto ayudó porque los que nos espiaban podían saber el tema pero no el foco ni el fondo de la investigación”, agregó.

López, director editorial de New York Times en español, contó que en su redacción sí tienen un equipo dedicado a la seguridad cibernética para proteger a los periodistas.

“Si es muy sensible hazlo en persona y con papel y lápiz”, aconsejó él.

“La amenaza evoluciona todos los días. Nunca vamos a estar completamente protegidos” dijo.

Además, agregó que en el NYT español tienen a una persona que se encarga de verificar la procedencia de los correos, si deben o no abrir un mensaje y que de esta manera se cuidan.

Para terminar Carlos Rodríguez, un periodista freelance cubano, terminó el debate con una anécdota que ilustra el difícil panorama que enfrenta el periodismo en Cuba. Hace unos años, cuando quiso venir a México a un foro de periodismo le prohibieron la salida sin darle ninguna explicación.

En periodismo nos parecemos más a Corea del Norte o a China que al periodismo latinoamericano. Allá no se habla ni de posverdad ni de factchecking aún. No hay posverdad. Hay una verdad que es la del Gobierno, que ha sido el mismo por cincuenta años y los periodistas que se atreven a contradecir esa verdad son permanentemente censurados y difamados”, opinó.

“He sido detenido, maltratado, desnudado y humillado y el Gobierno no da explicaciones. Lo hace y punto”, dijo. “Los periodistas que optamos por el camino independiente sabemos a qué nos enfrentamos”, agregó.

En Cuba los periodistas independientes saben que el Gobierno hackea sus cuentas de correo y de Facebook. “En Cuba no tenemos un Pegasus, pero sí un G2 y un control de Etecsa, que es la única empresa que controla el servicio de internet en Cuba. El Gobierno tiene acceso ilimitado a esos datos y ahí pueden revisarnos absolutamente todo”

Ante ese panorama, ¿deben los que quieren ser periodistas formarse no solo en saber escribir, sino en protegerse para el espionaje?

Todo cambia tan rápido, dice Lizárraga, que no se imagina cómo la academia podría ir al ritmo del internet. “Pero definitivamente hay que comenzar a pensarlo”, dijo.

Lo mismo opina Casanueva. “Hacerle la guerra al espionaje es difícil porque esto cambia todo el tiempo. Eso no va a cambiar, hay que adaptarnos y para hacerles más difícil la vida a los agresores y hackers hay que tener protocolos y hábitos como cambiar contraseñas cada tres meses. Si tenemos hábitos como el de hacer respaldos de nuestros proyectos periodísticos o de evitar el correo para temas sensibles, esos hábitos se van volviendo normales.”

Así que no solo es algo que debe tenerse en cuenta en las aulas, sino también en las redacciones. Y por eso, la necesidad de capacitar a los periodistas en identificar los riesgos es cada vez más apremiante.

Y para terminar ¿cuál debe ser el papel de las audiencias?

Para los panelistas la audiencia también debe sumarse a la presión para hacerle la vida cada vez más difícil a los hackers.

El problema es la distancia y desconfianza que hay entre la sociedad civil y los periodistas.

Hay un distanciamiento enorme entre la sociedad y el periodismo. La sociedad ve al periodismo muy cercano al gobierno y esto hace que al momento en que se agrede un periodista no hay empatía”, dice Ana Cristina Ruelas, directora de Article 19. “Necesitamos exigir dentro de las redacciones la independencia periodística. Eso es lo que nos permite tener una empatía con los lectores”.

Para Rodríguez, en Cuba más que hablar de una sociedad civil, hay dos sociedades civiles: la adscrita al Gobierno que se muestra como sociedad civil y una organización incipiente de personas que hacen presión por fuera de esa lógica.

Para Lizárraga, la pregunta de la sociedad civil debe pasar primero por una autocrítica. “¿Qué hemos hecho mal los medios para que la gente no confíe en nosotros? La gente ya no piensa que porque leyó en el periódico algo es verdad. ¿Qué hicimos? ¿Qué pasó? Hay que recuperar la confianza en la sociedad civil y no esperar a que sea esa sociedad la que se mueva y confíe en nosotros por sí sola” dijo.

“¿Qué tenemos que hacer? Hacer bien las cosas, marcar la diferencia produciendo información distinta, fuerte, sólida y verificable”, agregó.