Los sábados Gerónimo* cruza tempranito pa’l otro lado con la troca vacía. Se va de Tijuana a San Diego con los primeros rayos del sol para que le rinda el día, porque luego en la aduana no dejan pasar tanta mercancía gringa después de las 2 de la tarde. Ya que atraviesa las inspecciones fronterizas para entrar al otro país, cada vez más rigurosas (mucho más desde lo de las torres gemelas), Gerónimo se dirige a las yardas, no a los swapmeet como otros comerciantes. Lo que pasa es que los muebles y demás artículos de su interés son más accesibles en las yardas (un barbarismo que viene de yard = jardín, y que alude a los lotes donde particulares venden un sinnúmero de productos).

Él invierte cantidades moderadas de dinero con el cuidado de adquirir mercancía a la que le pueda sacar ganancia; que le costee, pues. Carga su troca y se apura a regresar. Si los aduaneros andan de buenas el cruce de vuelta no le costará demasiado tiempo ni dinero, pero a veces les da por la prepotencia (como puede pasar con cualquiera que ostente cierto poder) y hasta para una bolsita con chácharas le ponen ‘peros’. Después de la odisea sabatina, lo que sigue para Gerónimo es descansar: el domingo es el día bueno y le espera una jornada de 12 horas.

A las 4 de la mañana, aún sin que amanezca, Gerónimo está de pie, preparándose para instalar su puesto en el tradicional mercado sobre-ruedas de la colonia Francisco Villa (o simplemente La Villa). Ubica su negocio a la intemperie bajo una manta amarilla que sólo en tiempos de sol resguarda un poco sus productos, porque cuando llueve nomás no sirve, ni cuando arrecian los vientos de Santa Ana (que hacen tremenda polvareda).

La gente que va al sobre-ruedas ya sabe que lo que trae Gerónimo es “nuevo”, al menos para los de este lado, es decir, viene directo de las yardas californianas al tianguis de La Villa, así que hay oportunidad de encontrar los artículos deseados sin tanto manoseo, bienes que ‘los americanos’ desechan en perfecto estado (el consumismo estadunidense evidentemente beneficia este sector). Camas infantiles, burós, juegos de sala, aparatos de sonido, instrumentos musicales, juguetes, bicicletas, espejos de alcoba, adornos… Es el giro del puesto de Gerónimo y su familia, quienes se niegan a vender ropa o calzado como hace la mayoría. “¿Cuánto cuesta la camita?” pregunta una madre de familia. “Seiscientos pesos” responde el vendedor. Se marchan. A los 10 minutos otra pareja se muestra interesada. El precio es el mismo. Nadie regatea. Tampoco compran. Transcurren las horas con la esperanza de hacer una buena venta. Si no, a cargar todo para ofrecerlo en otro sobre-ruedas otro día de la semana, ya sea en la Salvatierra o la Herrera o el Soler. Así hasta que sea sábado nuevamente y repita la fórmula transfronteriza que ha realizado por 20 años.

 

Gerónimo se acuerda de los buenos tiempos, esos ayeres en que vendía mucho. Pero con dos décadas en el negocio sus “buenos tiempos” se remontan hasta antes de la devaluación de 1994, porque al adquirir todo en dólar sencillamente el dinero le dejó de alcanzar. Y como él, miles de vendedores y millones de consumidores. Todo se vino abajo: muchos comerciantes quebraron, pocos sobrevivieron (entre ellos Gerónimo, que ya no se espanta de las crisis).

A pesar de tener un ingreso fluctuante, tener que lidiar con aduaneros que parecen estar en contra del pueblo, tener que pensar-invertir-gastar en dólar; los vendedores dominicales de La Villa desde octubre del año pasado se sienten más tranquilos: tenían un líder, empoderado desde hace 30 años, que por fin lograron tumbar. En Tijuana los mercados sobre-ruedas son representados por líderes ante el gobierno municipal, que es la entidad que expide los permisos a los comerciantes.

Y siguiendo el esquema del sindicalismo mexicano, estos líderes por lo general son inamovibles, casi vitalicios, y tienden a lucrar con la necesidad de sus representados. La asociación a la que pertenece el tianguis de La Villa se llama ‘13 de Octubre’ en conmemoración a la fecha en que nombraron a un nuevo líder: Lalo, quien a diferencia de Pepe (el anterior) entiende las problemáticas de los comerciantes (él mismo tiene un puesto de pañales). Muchas fueron las quejas expuestas a una Dirección de Inspección y Verificación Municipal sorda, hasta que el año pasado la presión ejercida mediante una manifestación dio sus frutos: la asociación tiene un representante en quien confían y además hay importantes beneficios, como hacer de ese pedazo de calle (en día de sobre-ruedas) un patrimonio que podrán heredar a los suyos.

Son logros pequeños pero significativos que no comparte la totalidad de los tianguis; en este sistema parece que sólo los más aguerridos subsisten porque los pisotones se dejan venir por diferentes lados. El ayuntamiento actual tiene un censo de 339 mercados sobre-ruedas con más de 500 puestos cada uno (los permisos anuales por local rondan los 2 mil 500 pesos = 217 dólares). La repartición por delegación es ésta: 22 sobre-ruedas en la Centenario, 26 en Cerro Colorado, 20 en La Mesa, 25 en Mesa de Otay, 69 en San Antonio de los Buenos, 32 en la Sánchez Taboada, 32 en Playas de Tijuana, 17 en Centro y 96 en La Presa, que es la zona hacia donde crece Tijuana, llena de nuevos pobladores, nuevas colonias, nuevas industrias.

La cercanía con los Estados Unidos, particularmente con California (el estado más rico de ese país), favorece este modelo mercantil debido a las facilidades que ofrece al consumidor mexicano, el cual accede a mercancía extranjera -a la misma que accede el ciudadano estadunidense- sin necesidad de contar con visa. Llegan, pues, a los mercados bajacalifornianos productos escogidos por los vendedores -a veces de segunda mano y a veces directamente de los almacenes-, quienes adquieren aquello que se ajuste al perfil de su clientela sin la tentación de la fayuca (que sí hay pero en pocas cantidades). Con estas transacciones es fácil adquirir toda clase de productos ‘de marca’ (como se dice para implicar ‘calidad’), traer -por ejemplo- tenis Nike nuevos a un costo 70% menor al de la tienda sólo por venir sin la caja original. Compradores y comerciantes son beneficiarios de la frontera y no únicamente en el esquema sobre-ruedas, también los negocios establecidos importan su mercancía mediante el simple cruce de garitas, aunque en sus precios hay notorias diferencias (los establecidos parecen querer sacar de una venta el pago de todos sus servicios) y por eso raramente se verán tan atiborrados como los tianguis, que -cabe decir- al igual que los tianguis de cualquier ciudad derrochan folklor.

 

*Gerónimo es un comerciante anónimo que prefirió no dar su nombre por el asunto de los líderes de la asociación de mercados sobre-ruedas.