Lo Anterior. Cristina Rivera Garza. México: Tusquets. 2012.

 

El amor siempre ocurre después, en retrospectiva. El amor es siempre una reflexión. En el proceso amoroso inventamos personas, paisajes, hechos; el amor es una alucinación proveniente del calor del desierto, de la incertidumbre del inicio o fin del mar y el cielo. El amor son palabras.

Lo Anterior, publicada en 2004 y reimpresa actualmente, es una novela sin historia, sin fin, sin conflicto; es contar lo que se resiste a ser contado. El título de la novela se carga de sentido cuando se afirma que el amor sólo puede verse en retrospectiva, pues precisamente lo que se plasma es lo anterior al amor, lo que hace que aquel suceda y que sólo recordándolo se puede estar seguro que es o fue realmente amor.

Un hombre en el desierto, otro en un restaurante, uno más en la terraza y el último frente a una mujer que ha venido del espacio. Todo inicia con una fotografía, evento recurrente que sólo irá cambiando de focalización, como si se tratara de varias tomas instantáneas desde ángulos diferentes, desde un ella, un yo, un tú.

El hombre del desierto fue rescatado de la muerte por una mujer que lo hospeda en su casa mientras se recupera; su pareja, un médico, la cuestiona siempre. El hombre en el restaurante habla con una mujer que escribe todo lo que dice. El de la terraza es mudo, escucha a una mujer hablando siempre a la vez que son observados por otro hombre, o mujer. Y el otro ayudó a una mujer también en el desierto, él cree que ella es de otro planeta.

La tipografía marca la pauta. Sin nombres, tendremos que poner atención en la ubicación del personaje y los símbolos para dilucidar quién narra, quién escribe y quién escucha.  El espacio cobra mayor importancia sobre el tiempo, pues la historia marca un eterno retorno al instante; el tiempo viaja en círculos concéntricos que generan densidad, se detiene una y otra vez en la misma imagen, el hombre en el desierto. Esta circularidad se hace sumamente visible en las últimas páginas, donde se vuelve a contar el inicio desde distintas perspectivas.

Los hombres carecen de particularidad (salvo uno que podemos inferir es aquel del desierto), lo que en conjunción con el espacio tan difuminado, deja libre al lector para especular y formular hipótesis. Se trata de un texto que busca la reflexión, es un hombre que puede ser todos los hombres y una historia que cada cual decide cómo contar, o cómo leer.

Es una novela metaficcional en el sentido de la lectura, y metadiegética en el sentido de la construcción, donde se ponen en juego la tematización y la caracterización de los personajes; no son cuatro historias sueltas, unas contienen a las otras y todas forman una homogeneidad.

La intertextualidad nos remite a textos filosóficos sobre el amor y el ventrilocuismo, ya que en un capítulo la autora entreteje este tema para aclarar un poco la polifonía. Incluso dicha intertextualidad se volverá lúdica al sugerir que se cambien las acciones y los personajes del poema “Sleep is the Only Durable Narrative” de Elizabeth Robinson, por los del libro.

Siguiendo por este camino, también encontramos presencias de las artes plásticas: un cuadro de Degas “L´homme et le Pantin o Henri Michel-Levy” y otro de Juan Muñoz, “Ventriloquist looping at a double interior”. Ambos dan prioridad a la figura humana, ya sea aislada o en grupo, lo cual invita al espectador a mirarla desde varios ángulos y crear historias entre los personajes.

Estudios de género y problemas de identidad también se reflejan en la obra, el eterno postulado de que en cada ser existe una parte femenina y otra masculina. Al inicio el lector encontrará frases femeninas que serán repetidas por voces masculinas en un juego de ecos. Es evidente la reflexión sobre las posibilidades creativas del lenguaje, donde encontramos disertaciones en torno a palabras como: resolana, sargazo, nada, boca y hoyar. No se apuesta por la verosimilitud, sino por la complacencia del lenguaje creador.

Por su construcción, con tantos cortes y cambios de focalización, recuerda a la técnica cinematográfica, donde la voz narrativa vendría a ser la cámara fotográfica con que se suscitó el primer encuentro. Así como las imágenes que parecieran estar en zoom y las tomas detalladas de los movimientos de los personajes. Lo visual se refuerza con las detalladas descripciones, sobre todo tomando en cuenta la ventriloquia y el hombre mudo; la descripción se convierte en un recurso narrativo que afirma la materialidad del mundo representado y el arduo trabajo de producción textual.

Lo Anterior tiene marcados rasgos de la nueva novela latinoamericana, como la narración fragmentaria y la simultaneidad, las múltiples perspectivas, la diferenciación tipográfica, trama anacrónica y la activación del lector. Todo esto nos lleva a valorar a Lo Anterior como una de las grandes novelas contemporáneas, dónde la temática se sacrifica por la perfección estética. Es una nueva mirada a las historias de amor, es una nueva mirada al mundo, en el que todo depende del ángulo desde donde se mire.

Cabe mencionar que cualquier lector que goce de este tipo de literatura, reflexiva, profunda, juguetona, que pone en juego las competencias lectoras e intelectuales de cada cual, y donde la tipografía es tan importante como la historia, puede recurrir a los textos no sólo de Cristina Rivera Garza, sino de Salvador Elizondo (Farabeuf o El Hipogeo Secreto), José Emilio Pacheco (Morirás lejos), Max Aub, (Juego de Cartas), incluso Julio Cortazar (Rayuela).

Por último resta decir que Cristina Rivera Garza está llamada a ser una de las mejores representantes de las letras mexicanas y nos recuerda que a pesar de la situación tan conocida en el norte de este país, la producción cultural lucha por mantenerse.