Por: Diego Pérez Damasco (Costa Rica), Florencia Pagola (Uruguay) y Florencia Luján (Argentina)

Según los datos más recientes (2016) de ONUSIDA, 2,1 millones de personas viven con VIH en América Latina y el Caribe. Y a pesar de que en general la prevalencia del VIH es relativamente baja en la región al considerar la población “en general”, es particularmente alta en grupos de riesgo y excluidos socialmente, en particular hombres gay, otros hombres que tienen sexo con hombres y mujeres trans.

De acuerdo con datos de ONUSIDA para 2016, mientras que a nivel mundial las infecciones de VIH en hombres gay y otros hombres que tienen sexo con hombres corresponden al 8% del total, en América Latina y el Caribe ese porcentaje es del 30%. Por otra parte, a nivel mundial, las infecciones de personas trans son el 0,4% y en la región corresponden al 3%.

“Los grupos más afectados por la epidemia son los que se indican con la expresión de poblaciones clave: hombres que tienen sexo con hombres, las mujeres y hombres trabajadores sexuales, las personas trans y los usuarios de drogas. Estos grupos de población suelen ser víctimas de leyes, políticas y prácticas estigmatizadoras, por las cuales tienen una mayor probabilidad de estar expuestos a la infección por el VIH. Contar con su participación en los lugares de toma de decisión es fundamental para conseguir una respuesta al VIH eficaz: son claves para la epidemia y para la respuesta”, respondió a Distintas Latitudes de forma institucional la oficina de América Latina y el Caribe de ONUSIDA, mediante correo electrónico.

De acuerdo con datos de la fundación Avert, que trabaja el tema de VIH-Sida a nivel global, la prevalencia de VIH en el grupo de los hombres que tienen sexo con hombres varía mucho en la región. Es tan alta como 25,4% en Bolivia, y tan baja como el 1,8% en Cuba.

Según Avert, hay muchas razones para los altos niveles de transmisión de VIH en este grupo en la región. Por ejemplo, en 2014 solo 51% de los hombres que tienen sexo con hombres reportó acceso a servicio relacionados con el VIH. Además, la realización de pruebas de VIH en los últimos 12 meses varía enormemente en este grupo entre países, desde un 5% hasta un 70%.

Por otro lado, la homofobia y la cultura machista generan una serie de estigmas que hacen que mucho de estos hombres no se asuman abiertamente como homosexuales o bisexuales, por lo cual mantienen relaciones sexuales de manera oculta y funcionan como una población “puente” al luego mantener relaciones sexuales con mujeres.

“La situación de la discriminación y el estigma puede influir en que las personas no se hagan la prueba por evitar esta discriminación. Ya sabemos que las poblaciones sexualmente diversas y las poblaciones de hombres que tienen sexo con hombres ya son estigmatizadas y discriminadas por diferentes razones, y agregándole una situación de salud se vuelve una doble discriminación”, dijo a Distintas Latitudes Víctor Jiménez, activista en materia de VIH en la organización costarricense Esperanza Viva.

“Entonces, muchas personas, sabiendo que han tenido prácticas sexuales de riesgo no se acercan a realizarse los exámenes. Muchos de los chicos nos dicen que sienten que les van a preguntar por qué van a hacerse la prueba, y les da vergüenza o miedo que los vean mal. A pesar de que tal vez no vaya a ser así en el centro de salud, ellos ya van predispuestos”, agregó Jiménez.

De acuerdo con el activista, hay una vertiente de homofobia que está latente en la sociedad, pero también una vertiente de homofobia interiorizada, que hace que muchas de las poblaciones de hombres que tienen sexo con hombres se mantengan en la clandestinidad.

También considera que un factor importante es el cómo se ha educado en la sociedad patriarcal a los hombres, pues no se les enseña el autocuidado, a estar pendientes de su salud, que no solo podrían ser señales de VIH sino de otras situaciones.

Panorama de la epidemia

Sin duda, la homofobia y los estigmas en general han tenido un efecto negativo en las políticas sobre VIH en América Latina. Sin embargo, de acuerdo con ONUSIDA, la región está dando pasos importantes para revertir esta situación.

Latinoamérica y el Caribe tuvo un promedio de unas 100 mil infecciones nuevas de VIH anuales, entre 2010 y 2015. Además, se registraron unas 45 mil 400 muertes asociadas al VIH.  Cuatro de cada cinco personas (81%) conoce su estado serológico, y se estima que el 58% de todas las personas que viven con el VIH en la región accedieron al tratamiento en 2016. Según ONUSIDA, el acceso a la terapia antirretroviral se ha casi duplicado en seis años.

“Las prevalencias (proporción) del VIH en la población general son similares en todos los países de la región que presentan epidemias concentradas en las poblaciones clave: hombres que tienen sexo con hombres (HSH), personas trans y mujeres trabajadoras sexuales. Todos los países han dado pasos importantes en la cascada del continuo de atención y la región de América Latina está encaminada a cumplir las metas de diagnóstico y tratamiento del VIH 90-90-90 para 2020”, respondió ONUSIDA a Distintas Latitudes.

La meta de 90-90-90 significa que 90% de las personas con VIH tengan su diagnóstico, 90% tengan tratamiento antirretroviral, y 90% tengan la carga viral suprimida. Según esta entidad de Naciones Unidas, la región está cerca de lograr la meta del primer 90%, con los niveles más altos del mundo de personas que viven con VIH y que conocen su diagnóstico.  

“Para poner fin a la epidemia del sida es necesario reforzar la prevención de nuevas infecciones por VIH. El número anual de nuevas infecciones por VIH entre adultos en América Latina se ha mantenido estable desde 2010: se calcula que en 2016 se registraban 96 000 nuevas infecciones, frente a las 94.000 en 2010. Las tendencias varían considerablemente entre los países de la región. Mientras que en algunos países las nuevas infecciones se han reducido en más de un 20%, en otros se observan importantes aumentos”, puntualizó ONUSIDA.

Desde ONUSIDA, se entiende que hay ciertos retos comunes para la región en cuanto a prevención y tratamiento: aumentar los recursos nacionales enfocados en las estrategias centradas en las comunidades más afectadas por la epidemia, asegurar la sostenibilidad de la respuesta al VIH y la asequibilidad del tratamiento antirretroviral, y fortalecer las estrategias de prevención combinada del VIH y la prevención de la transmisión materno infantil.

También es necesario acelerar los esfuerzos para poner fin al estigma y la discriminación, las principales barreras para el acceso a los servicios de salud. Se entiende que para cumplir con las metas se necesitan esfuerzos de los gobiernos, la sociedad civil y la cooperación internacional.

El estigma persiste

Más allá de los números, las personas con VIH se exponen aún a una gran cantidad de estigmas en América Latina. De acuerdo con Víctor Jiménez, mucho de esto responde a la falta de información acerca del VIH, así como propiamente a la homofobia y la “demonización” de la sexualidad en general.

El VIH para muchas personas y para muchas instituciones todavía es un sinónimo de muerte. Y cómo se ha relacionado siempre con que es virus que se transmite por vía sexual se cae también al censurar. Se piensa, ‘esa persona tiene VIH, quién sabe qué andaba haciendo, o dónde andaba metido, o con quién se metió’, ‘ah seguramente ese muchacho es homosexual’, ‘ah seguramente esa muchacha es prostituta’, o ‘eso le pasa por zorra, por perro’. Entonces, se crea el estigma de tachar la sexualidad como algo malo, como algo dañino”, dijo Jiménez.

Mariana Iacono, es otra persona con VIH, activista y fundadora de la Red Jóvenes Positivxs LAC. Desde Argentina ella lucha por cambiar estos estigmas, que siguen siendo fuertes, y que a la vez que lastiman potencian la necesidad de lograr un cambio.

Los mitos no cambian. Que las personas con VIH se morirán en un tiempo cercano al diagnóstico. Que las personas con VIH solo tenemos parejas con VIH. Que las parejas de las personas con VIH siempre terminan adquiriendo el VIH. Que lxs bebxs de las mujeres con VIH siempre tienen VIH. O que no pueden tener hijos. Que el VIH se nota de alguna forma”, dijo Iacono a Distintas Latitudes.

“Los esfuerzos para generar conciencia de prevención y no estigmatización tienen a modo de fuerza de choque a las personas con VIH; en nuestras manos queda ese trabajo porque solo teniendo contacto con una persona con VIH puede reducir el miedo, el estigma y la discriminación”, agregó la activista.

Para ONUSIDA, las campañas de forma aislada no son suficientes. Consideran fundamental combinar varias intervenciones para la prevención del VIH. Se requiere del compromiso integral con una estrategia nacional de prevención que incluya una prestación de servicios sólida y la oferta de un paquete de prevención combinada, según las necesidades de cada persona y con enfoque de derechos humanos. También es fundamental que las respuestas de prevención nacionales del VIH se centren en combinaciones de herramientas de alto impacto demostrado.

“Para incrementar los progresos y alcanzar las metas mundiales adoptadas en la Declaración Política de las Naciones Unidas de 2016 sobre la erradicación del sida, es necesario implementar plenamente la estrategia de la Acción Acelerada en los países, a través de un esfuerzo conjunto y multisectorial, con la participación de los gobiernos, la sociedad civil, la cooperación internacional. Acabar con el sida requiere un liderazgo político firme, una responsabilidad compartida y reafirmar la solidaridad global”, señaló la oficina regional de la entidad.

Aunque hay avances, quedan muchos pendientes en la región para lograr una adecuada prevención del VIH, así como un adecuado tratamiento y diagnóstico para las personas que viven con el virus. Sin embargo, uno de los cambios más importante debe ser cultural, y pasa no solo por más información acerca del VIH, sino también por la lucha contra la homofobia, el machismo y la discriminación en general.